Hay que salvar al fútbol (juego)
Claves del deporte. El fútbol que nos fascinó a quienes tenemos más de cinco décadas sobre el lomo, camina hacia la extinción.
En general, el periodismo deportivo ha perdido rigor, calidad y capacidad de análisis. La enorme cantidad de horas a cubrir mediáticamente dio paso a una legión de pseudos colegas. El pseudos no busca descalificarlos sino ubicarlos en el auténtico rol que cumplen en sus programas: grotescos charlatanes de feria capaces de protagonizar, a partir de un resultado, increíbles panquequeadas en menos de 24 horas o de ofenderse a los gritos sin que se les caiga una idea que enriquezca el debate.
Y mientras ese negocio crece, el fútbol que nos fascinó a quienes tenemos más de cinco décadas sobre el lomo, camina hacia la extinción. El miedo y la presión que puede sentir un jugador ante la disputa de partidos cruciales en un Mundial (o campeonato local) es natural y entendible. Pero se transforma en incomprensible cuando paraliza a una estrella o le anestesia a otros de menor nivel el gigantesco deseo que tan bien graficó Mascherano en aquel lejano 2014 brasileño: "Convertirse en héroe".
Me ocurrió con Pavón, para quien pedí insistentemente titularidad en Rusia y acabó decepcionándome en el partido con Francia. Y ojo que la decepción no pasó porque le exigía 2 goles y no los anotó. Solo pretendí que alguna de esas 4 primeras pelotas que tocó en pase corto, de distancia y audacia, a Mercado, la hubiera usado para girar y encarar a su marcador en busca del arco rival y, quizás, de la anhelada gloria. Con apenas eso, me hubiera demostrado que no estaba equivocado en mi reclamo de que integrara los 11 iniciales.
Para corroborar que no es un problema autóctono, días después, el belga Chadli, en la semifinal perdida con el seleccionado galo, hizo lo mismo que el joven delantero de Boca, pero repetido hasta la exasperación, especialmente con su equipo en desventaja.
Por eso, el gran debate que abre esta Copa va mucho más allá de posesión sí, posesión no. O proyectos a largo plazo matan improvisación. O aprovechamiento de la pelota parada vs. no entrenamos los corners.
Esta competencia desnudó la evidente y preocupante merma de jerarquía individual en las potencias, al extremo de que "las favoritas" fallaron y fue complicado hallar a la figura del torneo. Tal déficit provocó que conjuntos con esmerada planificación, esforzado trabajo colectivo y, detalle no menor, creciente aporte de inmigrantes, les ganaran e instauraran esta etapa de "equiparación hacia abajo" que, lamentablemente, llegó para quedarse.
Sin dudas, nadie puede objetar como fórmula adecuada en pos del éxito tener una óptima infraestructura, desarrollar a los juveniles e implementar planes perdurables. Sin embargo, si la FIFA y sus países miembro, incluida la AFA, realmente quieren devolver/se brillo al fútbol, deberán recurrir a otra batería de medidas que, basado en el inmenso amor que tengo por este deporte, me permito sugerirles humildemente (y sin gritos):
* El irrefutable agobio mediático, fogoneado por colegas que dudo que puedan sostener como hombres lo que dicen frente al micrófono, genera una inmundicia que luego es multiplicada por la imbecilidad y cobardía imperantes en las redes sociales, conformando un coctel explosivo para cualquier ego. ¿Conclusión? Se torna indispensable e imperioso trabajar psicológicamente con los futbolistas de elite.
*Debe privilegiarse la técnica y, fundamentalmente, la enseñanza desde el semillero a "entender el juego". Porque planteo estas dos simples preguntas: ¿Cómo puede ser que con cuerpos técnicos plagados de ayudantes, quien saca el lateral con las manos no le acierte al compañero? O cómo explicar que ese número 4 que debuta a los 18 años exhibiendo buena proyección y flojos cierres, 5 campeonatos más tarde siga con idéntica falencia. ¿Qué ""trabajó"" él y sus sucesivos DT en cada uno de los miles de entrenamientos que acumuló? Menos sanata, por favor.
*Finalmente, la tarea más compleja será inyectarles a estas jóvenes generaciones -me atrevo a hacerlo extensivo a otros ámbitos porque desde hace un cuarto de siglo dicto clases de periodismo en la Universidad Nacional de La Matanza y se observa igual diagnóstico- la vacuna de "la pasión" por lo que eligieron hacer.
No es reprochable asegurarse el futuro con contratos millonarios, aunque sean en ligas remotas, tanto en kilómetros como en prestigio. Pero comprendan que son muy afortunados en ocupar un lugar que millones de personas les envidian. Y por eso tienen que disfrutarlo con responsabilidad, duro entrenamiento, ansias de aprender y mejorar, dolor ante la derrota e, insisto, el sueño de, algún día, convertirse en héroes deportivos de una nación.
A los formadores: está bien que a los chicos les trasmitan los diferentes dibujos tácticos y los distintos efectos a la hora de pegarle al balón. Pero tomen como prioridad trasmitirles el respeto y amor por este juego (nunca olviden, ustedes y ellos, que no deja de ser eso) que cautiva al mundo y necesitamos que recupere su esplendor.
