Habla el director de ‘Billy Elliot’: “Es un acto verdaderamente agresivo”
Por primera vez, Rubén Szuchmacher se mete en la polémica generada a partir de una crítica periodística que, en su opinión, cuestiona la masculinidad de niños-actores. Considera que es producto de la coyuntura de país que se vive, y pone el foco en la responsabilidad de los medios.
El reciente estreno oficial del musical ‘Billy Elliot’ en el teatro Opera quedó opacado por la polémica desatada en torno a una crítica periodística que se publicó apenas unas horas más tarde en un medio nacional, a la que se la cuestiona por señalar la presunta falta de masculinidad del personaje protagónico. Es decir, de un niño de once años de edad (o en verdad tres, porque el rol se alterna entre tres jóvenes talentos), al que además se tacha de “frío” y falto de la motivación necesaria para encarar tan exigente reto.
Lo que más ruido hizo, y que provocó una catarata de comentarios encendidos en las redes sociales, fue la observación de que “Billy al menos debe verse mucho más masculino que Michael, el amigo que está descubriendo, al vestirse de mujer, su propia orientación sexual”. A dos días de la publicación del artículo, la producción del espectáculo estaría preparando por estas horas una respuesta para sentar posición ante el episodio.
Pero antes, La Prensa pudo conversar un largo rato con Rubén Szuchmacher, director de la puesta, quien en un tono medido y siempre afable planteó sus diferencias con el crítico de Clarín, contó qué acciones se están tomando para atenuar el impacto del comentario en el elenco infantil y vinculó la situación a “un momento del país en el que cualquiera puede decir cualquier cosa”.
-¿Qué sensaciones lo embargan en este momento?
-No me gustaría ahondar demasiado en este episodio porque creo que el espectáculo es más importante que lo que alguien dijo de él. De todos modos, considero que no está bien que una persona que se dice crítico le haga bullying a un niño utilizando un medio de comunicación. Es un acto verdaderamente agresivo, que no corresponde; creo que ese es el punto. Tranquilamente, alguien podría decir que no le gustó el espectáculo y señalar todos los defectos que cree que tiene, pero sin ser agresivo con un menor. Por eso lo repudio, porque ‘Billy Elliot’ es más que eso, es una obra muy afectiva y comprometida, no sólo por la historia de los chicos sino por la de los mineros en huelga. Ejercer tanta violencia habla de algo que no está bien.
-Hay quienes dicen que el comentario no apunta al niño-actor sino al personaje que encarna. ¿Usted cómo lo entiende?
-Yo creo que él critica al actor, claramente. Para nada critica al personaje.
NO SE JUSTIFICA
-¿Cómo impactó esta situación en el equipo creativo de la obra?
-Nosotros seguimos adelante porque creemos que tenemos un espectáculo muy poderoso entre manos. Por supuesto que conteniendo y tratando de que la violencia no se instale en los pequeños actores. Porque, insisto, es un acto de violencia el que se ejerció sobre ellos. Estamos charlando mucho y haciendo una tarea que es la misma que se ha venido haciendo hasta acá para prepararlos para este trabajo donde se muestran de una manera muy satisfactoria. No se justifica semejante violencia hacia ellos, como tampoco se explica la violencia malsana y ofensiva contra Osvaldo Laport. Todos los que nos dedicamos a esto hemos recibido críticas en las que no han hablado bien de nuestro trabajo, pero yo nunca recibí una crítica en la que el periodista pregunte: “¿Por qué lo convocan?” Es como un llamado a la desocupación, una provocación para que el actor sea despedido. Estas cosas no está bien que sucedan. Y si suceden es porque la sociedad de hoy habilita que se diga cualquier cosa.

“No quiero que este tema se transforme en lo más importante del mundo, para mí ya está”, afirma el director. (Foto Carlos Furman)
-¿Pudo hablarlo con Laport?
-Tuvimos un intercambio de mensajes. Los dos -yo más que Osvaldo- cargamos muchos años encima y tenemos la piel más dura para poder resistir este tipo de agresiones. Porque esto no es una crítica, es una agresión. Pero atacar a un niño es otra cosa. Ayer recordaba que, precisamente en La Prensa, en 1975, el crítico Jaime Potenze comentó un espectáculo llamado ‘Porca miseria’, que hice con Tina Serrano y Lorenzo Quinteros, y que luego fue antológico. Potenze tituló su crítica ‘Ausencia de valores en el CAYC’, que era el nombre de la sala donde se presentaba. No fue lo mejor que nos pasó en la vida, pero después la propuesta fue muy saludada por el público por su carácter innovador. Uno tenía menos años y se tomaba las cosas de otra manera. Con Laport hablábamos ahora de cuando la palabra de los críticos en los medios se pasa de rosca. También uno trata de entender cuáles son los motivos por los cuales una persona llega a hablar así, si son personales o de qué índole. Porque en ningún momento esta crítica tiene un rigor académico, es pura opinión personal. En ese sentido, lo que a mí más me preocupa cuando suceden estas cosas es el poder de lo impreso.
-¿A qué se refiere?
-Al peso de lo impreso frente a lo incapturable del teatro. Dentro de un tiempo esta obra no va a estar en ninguna parte y, sin embargo, eso que fue escrito va a quedar. Y mucho más ahora que pasará a ser un archivo digital. Eso es una irresponsabilidad de parte de quien opina de ese modo, que no son todos, claro, no quiero generalizar. Creo que este es un caso particular que, afortunadamente, la comunidad teatral y de espectadores están repudiando. De nuestra parte puedo decir que ‘Billy Elliot’ es un espectáculo gozoso, que hace que la gente ría y también llore. Se generan estados de ánimo muy diversos. Y de eso se trata hacer teatro, ¿no? Eso es lo más importante, todo lo demás pasa. Quizás en tres días nadie se acuerde de este incidente, como espero que nadie se acuerde de esa crítica.
-¿Conoce a Pablo Scholz, el autor del artículo?
-Jamás lo vi en mi vida. Sólo sabía que su origen periodístico está en el cine, por eso me sorprendió que fuera él quien hizo esta crítica. De todos modos, si el medio para el que trabaja le da esa legalidad, allá él. Reitero: no lo conozco personalmente, no sé quién es y espero no encontrármelo.
-¿Cómo reaccionaría?
-A esta altura del partido creo que lo mejor es la indiferencia. Acá lo grave son los efectos que puedan generarse en los niños. Todos los demás somos tigres curtidos. No me voy a pelear con un crítico por las cosas que diga. Lo que sí me preocupa son los chicos, y la producción de la obra se está ocupando para que esto no genere una situación irreversible en los pibes.

Dice Szuchmacher: "Laport y yo tenemos tenemos la piel más dura para poder resistir este tipo de agresiones. Pero atacar a un niño es otra cosa". (Foto: Mel Ercoli)
-Transcurridas las primeras dos semanas en cartel, con la obra ya en marcha, la ve y, ¿qué siente?
-A mí me gusta, me emociona. Todavía no entré en la etapa de ‘la haría toda diferente’. Me faltan un par de semana para entrar en eso, me suele pasar al mes de funciones; empiezo a encontrarle a una obra todos los defectos. Pero por el momento no. Vengo de hacer en menos de un año tres obras muy grandes, en el Colón (‘Werther’), en el San Martín (‘La gaviota’) y acá. Casi un récord. Y por lo general no me pasa de arrepentirme de algo. Sí pienso qué fallas pude haber cometido, cuál fue el error de cálculo, si lo hubo. Y trato de guardar ese saber para reciclarlo más adelante.
-Esta es su primera comedia musical como director. ¿Puede ser un pase de factura por venir del teatro de prosa y de la ópera?
-Si fuera eso, y por eso se ataca a los niños, sería una gran estupidez. Alguien podría pensar que este lugar no me corresponde, pero si nos atenemos a mi formación, estoy más que calificado para ocuparlo. Sólo que hasta ahora no se me había presentado la oportunidad. Tengo un trabajo en mi haber que es ‘Candide’, de (Leonard) Bernstein, que hice para el Teatro Argentino de La Plata y que se estrenó en el Coliseo, que tiene las características de un musical, y que -de hecho- se ha dado en Broadway. Pero es cierto que lo hice con gente de la ópera. Este es mi primer trabajo con los códigos de la comedia musical. Ahora bien: yo he estudiado coreografía, música, soy réggiseur de ópera, director de teatro de prosa, he bailado y he cantado. Tengo todo lo que se necesita para poder meterme con un material de estas características. Si después mi trabajo no gusta es otro tema. Yo creo que el trabajo que hice está bien, y sobre todo, enfocado en mi idea de hacer una obra y no un show.
-¿Cómo es eso?
-Es que ese es un problema que yo identifico en algunos de los musicales que he visto. Observo a menudo desconexiones de las partes habladas con las musicales. ‘Billy Elliot’, en cambio, es una obra que sucede a través del canto, el baile, la imagen y la palabra. Le hemos dado una entidad de obra verdaderamente completa. Otros dirán, quizás, exactamente lo contrario, que yo estoy delirando, que no sirvo para nada. Pero a esta altura del camino sé que lo que hago lo hago con responsabilidad y el resultado es un producto de calidad, no es cualquier cosa. He dado muchas muestras de mi trabajo como para que ahora nadie pueda decir “uy, mirá, llegó un advenedizo”. Si esto fuese un pase de factura, me pregunto: ¿quién es el dueño del musical que está autorizado a abrir o cerrar la barrera para que alguien entre?

'Billy Elliot', de jueves a domingos en el teatro Opera. (Foto: Mel Ercoli)
-¿Qué espera que pase de ahora en más?
-Siento que un pedido de disculpas correspondería. Sería lo atinado y esperable. Eso. Punto. Aunque en el país que estamos viviendo cualquiera puede decir cualquier cosa y no hay punición, entonces es difícil esperar ese gesto. Esto debemos enmarcarlo dentro de este espíritu de época. Seguramente, no podrá ser tomado como una calumnia o una injuria; es una opinión. Pero una opinión con mucha mala leche. No había necesidad de tanto, con decir que la actuación no alcanza a definir exactamente las características del personaje, dejando la cosa en una especie de ambigüedad, listo. En cambio, venir a dictar cátedra sobre las masculinidades en un momento en el que las masculinidades están totalmente en discusión, es de un anacronismo espantoso, es hacer bullying como un patotero de barrio de los años ’50. De todos modos, no quiero que este tema se transforme en lo más importante del mundo, para mí ya está.
