Había una vez… un héroe estafado

- Abuelo, ¿viste al chico australiano que salvó a su familia nadando? –me preguntó mi nieto mayor.
Hace unos días había leído la noticia por primera vez en un diario español, “El Debate”. Después apareció por todos lados, pero distinta. El hecho fue que una madre con tres hijos chicos había salido a pasar un día a la playa con kayak y paddle boards. El mayor, nuestro héroe, de solo 13 años. El viento se levantó de pronto y los arrastró mar adentro. ¡Cosa que hay que prever! Después de esperar largas horas la madre tomó una decisión dificilísima: le pidió a Austin, el mayor de los hermanos, que fuera nadando a buscar ayuda. En medio de las olas nadó durante cuatro horas, llegó destruido a la costa y allí tuvo que correr dos kilómetros para ir a buscar el celular de su madre y pedir ayuda. Salvó a su madre y a sus dos hermanos menores. Una historia de coraje puro. Un héroe. - Sí, ¡qué historia impresionante! ¿Sabés que, aunque es un poco mayor, se te parece mucho? De cara, y espero que de coraje también…

- La mamá fue medio…
- Absolutamente imprudente. Meterse así en el mar con sus hijos chicos, en un lugar sin ningún tipo de vigilancia, sin avisar… Un desastre. La decisión que toma de mandar al mayor a buscar ayuda, en cambio no se la podría objetar… Ella no podría ir porque los demás hijos eran muy chicos y, además, Austin seguro que estaba más preparado… Era dificilísima de tomar y al fin, resultó acertada. Linda historia cuando se lee completa.
Me contó mi nieto algunos de los detalles que había visto en el noticiero: el esfuerzo físico de Austin, el miedo de la familia aferrada al kayak y las tablitas, el rescate dramático por helicóptero. "Es como una película, abuelo. El chico nadó contra el viento, pero nunca se rindió".

- ¿Y mencionaron algo sobre lo que dijo Austin después? ¿Sobre por qué cree que lo logró? –le pregunté. Hizo una pausa pensando antes de contestar.
- Dijo que pensó en cosas positivas, que cantó canciones para motivarse… ¿Por qué?
- Ahí estaba lo clave del asunto -le respondí-: lo que callaron los grandes medios. Austin, en entrevistas con canales, no atribuyó el mérito de su hazaña a su fuerza física o a un "pensamiento positivo" genérico. Dijo, con la sencillez de un niño y con claridad: "No creo que fuera yo quien lo hizo. Fue Dios todo el tiempo". Rezó sin parar, cantó himnos cristianos y otras cosas para mantener su ánimo, y hasta "negoció" con Dios, prometiendo bautizarse si salía con vida. Su fe no fue un detalle accesorio; fue el eje de su logro. "Seguía rezando y rezando", repitió en varias declaraciones.

- ¿Por qué decís que lo callan?
- Es un hecho. Me puse a analizar la noticia en los distintos medios. Como te decía, me enteré por un diario español que lo aclaraba desde el título. Pero después empecé a notar que nadie mencionaba ese agradecimiento religioso. La amplia mayoría callaba ese “detalle.” Y no era casualidad.
Puse a la Inteligencia Artificial Grok a investigar el tema con detenimiento y el resultado fue terrible: El 90% omitió cualquier referencia a Dios, oración, religión o atribución divina, enfocándose solo en los aspectos físicos, emocionales o heroicos de la historia, sin aludir a la frase específica ni a elementos espirituales. O sea, una mirada, absolutamente horizontalista. Del 10 % que lo mencionó, cerca de la mitad lo diluyó hablando de “energías positivas”, pero no de Dios. Y solamente quedó una minoría de medios “cristianos” que fueron fieles a lo que Austin dijo en verdad.
Y más, le pregunté como andábamos en Argentina, y acá, fue peor. Prácticamente el 100 % de los grandes medios argentinos deformó el hecho. Algo de disculpas tendrán los medios chicos, que se copian mutuamente, pero los grandes tienen mucha gente trabajando y, por tanto, ninguna. Sí culpas y las culpas de siempre. Dios molesta y si es el Dios de los cristianos, molesta más. Hay que borrarlo.

- Mirá -le dije abriendo la computadora-. Los más famosos: Infobae, La Nación y Clarín, por ejemplo, solo hablan del heroísmo, del esfuerzo de este chico.
Le expliqué que eso es precisamente la característica del periodismo moderno, un tinte groseramente anticristiano. La historia se presenta siempre de forma pretendidamente neutra, pero claramente ideologizada. Como si la fe fuera un adorno innecesario o incómodo. Le mostré los casos concretos: Clarín, habla de "milagro de la supervivencia" sin mencionar a Dios. La Nación, resalta la determinación del chico, pero omite lo clave; Infobae habla de "pensamientos positivos" y canciones, diluyendo la verdad. Ninguno menciona lo importante para Austin…

-Eso es mentir…
- Desde ya, y gravemente. Mentir en lo fundamental. Pero están tan acostumbrados, que tenemos que andar siempre con mucho cuidado, sabiendo que van a deformar todo según sus ideologías. Y la que hoy los manda, es borrar a Dios. Aunque la mayoría de sus lectores crean todavía. Es una idea a la que apuestan para ir cambiando nuestra mentalidad.
Austin no habló de “fuerza interior" o "del poder de la mente", atribuyó su salvación a Dios. Omitir eso es reescribir su historia, es ideologizar. No mirar la realidad como es, sino con los anteojos deformantes de la ideología de turno.
Le conté sobre otros ejemplos históricos de este tipo que recordaba: el caso de los mineros chilenos en 2010: 33 hombres atrapados bajo tierra, que rezaron y leyeron la Biblia durante 69 días. Los medios globales destacaron la tecnología del rescate, el ingenio humano, pero minimizaron las camisetas con versos bíblicos que usaron al salir, o las declaraciones de fe como "Dios nos sacó de ahí". O el vuelo 1549 del capitán Sully Sullenberger en 2009 con su amerizaje milagroso en el Hudson. Sully mencionó en memorias que rezaba sin parar, pero las noticias se centraron en su pericia como piloto, no en su creencia en Dios.
En Argentina, este patrón se repite hasta el hartazgo. Es dictatorial, totalitario. Nuestra prensa, heredera de una tradición positivista, quiere borrar a Dios y si lo nombra, lo deforma. Y en esto son cómplices los liberaloides con los zurdosos. En un país donde el 70% se declara católico, uno esperaría al menos algo de respeto, pero no: Dios queda siempre afuera.
Te repito, discúlpame, el problema es ideológico porque altera el mensaje central. Si Austin ve su acto como un testimonio de fe, omitirlo lo reduce a un "niño héroe" genérico, privando al lector de profundidad y esperanzas ciertas.
En un mundo donde abundan las noticias falsas, el periodismo debería buscar la verdad íntegra, pero no lo hace salvo raras excepciones.
Y al final, ¿qué mensaje recibe la sociedad? Que los héroes son “autosuficientes” y que la fe es algo irrelevante. Pero en las crisis reales la gente siempre recurre a lo espiritual.
Austin Appelbee no solo salvó a su familia -terminé diciéndole-. Nos recuerda que la Fe es fundamento. Y callar eso es mentir. Punto. Así de claro. ¡Y también se llama estafar!

- Ja, te enoja…
- Por supuesto. Pero solamente un ratito, la mentira tiene patas cortas.