Había una vez… un apologista

O apologeta, es lo mismo. Se llamó Vittorio Messori y murió este último Viernes Santo. Una fecha apropiada. Un lindo gesto de Nuestro Señor Jesucristo hacia alguien que lo defendió con su pluma durante décadas. Que es esa la función de los apologistas, ¿no? Bueno puede ser que los jóvenes ni hayan oído esas palabras, porque defender la Fe cristiana parece algo fuera de moda aún dentro de su Iglesia.

Es cierto que el Maestro no necesitaría que nadie salga en su defensa, pero es todavía más cierto que nunca ha recibido más ataques que en nuestros días. Ataques de todo tipo: a sangre y fuego, por millones… Por todos lados, hasta en su propia tierra natal. África, Asia entera, gran parte del mundo está llena de nuevos mártires. Por todo el Occidente “ex cristiano” se queman y vandalizan sus templos, se lo desprecia e ignora. Y faltan defensores…

 

CONVERSION REPENTINA

Las obras de Messori nacieron con su Fe. Había crecido en una familia muy “mangiapreti”, anticlericales. De casualidad se encontró a los veintitantos años, con un ejemplar de los Evangelios. Fue una conversión repentina. Inesperada. Tanto que su madre lo obligó a consultar a un psiquiatra. Él ambicionaba ser un periodista “libertino” (que no es lo mismo que libertario, pero sí algo parecido), Cristo le cambió los planes.

 

Desde entonces, puede decirse que fue un escritor “agradecido” y por eso, “apologético”. ¿Se puede ser agradecido de otra forma? En general la mayoría de los conversos brillan por su gratitud y saben que tienen que defender ese regalo que recibieron.

Messori escribió así cerca de 30 libros. Saltó a la fama mundial con uno que muchísimos católicos recibimos como aire fresco. Uno se alegra al respirar aire fresco cuando está acostumbrado al aire viciado. Y eso era a lo que estábamos respirábamos en la década del 70, cuando de la mano de ideologías infiltradas, la teología se había transformado en política y la liturgia en circo. La mirada marxistoide de la Teología de la Liberación, por dar un ejemplo, hizo estragos. Todos terminaron muy mal.

 

“AIRE FRESCO”

Fue entonces cuando Messori publicó ese “aire fresco”: un reportaje al joven Cardenal Joseph Ratzinger, recientemente convocado por el Papa Juan Pablo II y en el que no se calló. Se titulaba: Informe sobre la Fe. Se vendieron millones. Hizo mucho bien. Y pasó lo de siempre: el Bien molesta. Lo amenazaron hasta de muerte, lo destrozaron. ¿Quiénes? Les podríamos poner la etiqueta del “progresismo” en general. Va desde la izquierda rabiosa hasta la derecha liberal y la masonería como siempre. El pontificado del papa polaco y el suyo propio los trataron de frenar, pero siguieron vivos y coleando hasta resucitar.

Lo cierto es que el entonces Cardenal Ratzinger fue muy crítico con muchos fenómenos postonciliares que mostraban resultados “cruelmente opuestos” a las optimistas expectativas: crisis vocacional, abandono de la Fe, liturgia deformada, relativismo moral… En fin, una gran pérdida del sentido trascendente de la vida cristiana. La solución es la de siempre. La Iglesia no es una organización que podemos remodelar a gusto. Hay que redescubrirla como acto de fe en Cristo, vivida “en comunión con toda la Iglesia a lo largo de los siglos”. Cristocentrismo, en fin, en un mundo que se había olvidado del Salvador.

Con el Papa Francisco Messori tuvo pronto un gran “desconcierto” y allí optó por el silencio. Todo el mundo sabía que el Papa alemán era su amigo y no quería comprometerlo. Sobre todo, a él le incomodaba la confusión que volvía, las declaraciones ambiguas. Lo dijo en voz baja vez y después y calló.

 

UN FRAGMENTO

Para recordarlo les propongo un fragmento de su libro “Dicen que ha resucitado” (2000). Aquí nos habla de la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, la misma que apareciera en estos días en los noticieros, cuando el gobierno israelí prohibió las celebraciones de Semana Santa por primera vez en siglos. Al final tuvieron que aceptar que el Cardenal Pizzaballa celebrara casi en forma privada porque protestaron gobiernos de todo el mundo.

El nuestro obviamente no. Pero mejor, leerlo a Messori:

“Precisamente por conmemorar una muerte y resurrección negadas por el Corán, la basílica del Santo Sepulcro ha sido, entre todos los santos lugares de Palestina, la peor tolerada y la más despreciada. Si en otros lugares no es extraño encontrar a musulmanes en oración junto a santuarios cristianos, en especial los dedicados a la venerada Madre de Jesús, esto no sucede, ni puede suceder, en el lugar en que se conmemoran una muerte escandalosa y un imposible triunfo sobre la muerte.

Por lo demás, ningún «privilegio» celestial, al menos visible para ojos que no sean los de la fe, parece haber sido concedido a este edificio. Sus muros han contemplado tanto incendios intencionados como accidentales, rayos, terremotos o los impactos de la artillería israelí en la guerra de 1948. (…) Nada le ha sido ahorrado a este edificio, del mismo modo que a cualquier otra construcción humana. Antes bien, su situación se ha agravado por la imposibilidad de las adecuadas restauraciones, unas veces a causa de los no cristianos, otras, en cambio, por la hostilidad de los cristianos entre sí. Ya lo hemos visto antes.

Desde hace algunas décadas el control de Jerusalén está en manos de los judíos, enfrentados a los musulmanes, pero, de hecho, coincidentes ambos en tratar de disminuir lo más posible la pequeña comunidad arabo-cristiana, al inducirla a tomar el camino del exilio. Una política que ha tenido éxito y que ha provocado la drástica reducción de quienes creen que este Sepulcro es verdaderamente ´santo´. Los occidentales que hoy afluyen a él, están bautizados en su gran mayoría, pero con bastante frecuencia, lo que les empuja a venir aquí no es ciertamente la devoción, sino el turismo de las agencias del «todo incluido». Tanto es así que estos curiosos y distraídos "cristianos” -según los ven, de un modo crítico, los musulmanes y judíos practicantes, aunque estén satisfechos porque les supone una afluencia de dinero- rara vez son motivo de ejemplo sino más bien de escándalo por su vestimenta informal, su comportamiento grosero o su constante algarabía”.

 

CONCLUSION DE NUESTRO ´APOLOGISTA´

La aparente “derrota” y humillación del Santo Sepulcro (dividido, maltratado, rodeado de indiferencia y hostilidad) no desmiente la fe cristiana, sino que la confirma: el Dios de los cristianos se revela en la Cruz y en un sepulcro vacío, no en el poder mundano ni en la victoria visible.

Y está bien, porque Su Reino no es de este mundo: es mucho, muchísimo mejor.