Había una vez… sangre en las venas

- Abuelo, ¿escribiste algo sobre Manuel Belgrano? –me preguntó uno de los chicos que está por actuar como uno de sus soldados en un acto.

- ¡No! ¡Él es “sanmartiniano”! –saltó otro, que el año pasado supo ser “granadero del Libertador”. Y ya se estaban por agarrar cuando tercié:

- Todo verdadero “sanmartiniano” es también “belgraniano”… -por ahí andaba un ahijadito que siempre anda buscándome y dijo:

- Eso es como querer ser de Boca y de River al mismo tiempo…

- Por suerte estos son de Racing… a mí no me gustan los que eligen la vida fácil como ustedes los gallinas… -me saltó decirle, aunque a mí el fútbol y especialmente esa cara del fútbol, me irrita. Pero volvamos a los más chicos:

- San Martín y Belgrano se hicieron amigos a primera vista y concordaban en todo lo importante.

- ¿Con… qué? –dijo el menor con razón.

- Concordaban. Es una palabra lindísima que podría explicarse por su origen: “cum cordis”, con unión de corazones… Sus corazones vibraban, latían de igual forma al amar a la Patria. Dos próceres verdaderos.

- ¡Todos los próceres son buenos! –comentó uno… Yo me quedé pensando a toda velocidad: “y… no… no es así… tenemos mucho “prócer trucho” dando vueltas… pero no puedo andar “desmitificando la Historia” a estos niños llenos de ilusiones… aunque la verdad es lo que importa”.

- Bueno, no tanto… Los argentinos nombramos próceres con demasiada facilidad y les ponemos nombres de calles a gente que nunca lo mereció…

- ¡Haga nombres padrino!

- No es el momento m’hijito. Ya los aprenderán. Ahora hablábamos de dos que sí alcanzaron con méritos el lugar tan importante que tienen en nuestra historia y en los corazones de los buenos argentinos. Un prócer verdadero es para una nación como un buen cimiento para una casa. Y a mí me impresiona ver que la Providencia nos regaló a los argentinos dos gigantes como ellos. No son los únicos buenos, pero sí son nuestros PRÓCERES, así con mayúsculas. Y no sé si los merecemos…

- ¿Qué es un prócer?

- ¡Upa! Yo le daría la voz a otro gran argentino para que te lo explique –fui a la Biblioteca y saqué un libro. En verdad, solamente para mostrarles la tapa, en la que figuraba el maestro al que quería citar.

- Aquí lo tienen al Profesor Jordán Bruno Genta, un admirador San Martín y Belgrano. Creo que nadie enseñó con tanta claridad lo que me preguntaste. Él escribió que un prócer es un hombre que entrega su vida entera como servicio a Dios y a la Patria, convirtiéndose en un arquetipo viviente que ilumina y forma la conciencia nacional. ¡Atenti que parece difícil pero no lo es! Un “arquetipo” es un hombre de carne y hueso que, por su entrega total a Dios y a la Patria, se convierte en modelo eterno para su pueblo. Él realiza en su vida lo que la nación lleva en su alma como posibilidad más alta. Es como un faro encendido por la Providencia en la historia de un pueblo. No brilla para sí mismo, sino para iluminarnos el camino. Este profesor, Genta, pagó con su sangre el haber enseñado algo tan importante. Lo mataron terroristas de izquierda cuando yo era chico. Salía de su casa junto a su familia para asistir a misa. En ese momento, su asesino lo esperó y le disparó once balazos a quemarropa. Genta cayó herido de muerte mientras se hacía la señal de la cruz con su mano derecha. Murió frente a su esposa e hijos. Estoy seguro de que, llegando al cielo, San Martín y Belgrano se adelantaron a todos los ángeles para abrazarlo. Y también estoy seguro de que él les agradeció, porque fue gracias al ejemplo que recibió de ellos que murió con el honor de un verdadero mártir. Era el día de Cristo Rey… Miren lo que tengo marcado en el libro: “La suprema hidalguía de los héroes consiste en no reivindicar jamás derechos para sí y en no reconocer nada más que deberes para con Dios y la Patria, cuyo cumplimiento lo exige hasta el límite de sus fuerzas, hasta no poder más, hasta el sacrificio de la propia vida si es preciso.” Les tiene que quedar claro que, si Belgrano fue grande, fue porque sacrificó todo lo que tenía, no buscó gloria personal, poder, ni riquezas. Murió coherente, pobre, rechazando recompensas materiales (por ejemplo, donó el premio por sus victorias en Tucumán y Salta para fundar escuelas). Vivió su existencia como un servicio permanente y eso, fíjense que es clave para entenderlo. Siempre me acuerdo su queja contra los comerciantes porteños: “Los comerciantes solo saben comprar por cuatro para vender por ocho con toda seguridad". Y esto, que parece un detalle, en el fondo es un garrotazo para una Argentina y un mundo que tienen como único objetivo la economía, y que entiende por economía solamente la parte de las ganancias personales. La verdadera riqueza de las naciones y de las personas pasa por otro lado… Así que recuérdenlo bien cuando vean nuestra bandera en lo alto. Y vos, sentite orgulloso de “ser” soldado de Belgrano y, en el acto, gritá con todas tus fuerzas: “¡Sí juro!” Tenés que acordarte de eso hasta que seas viejito como yo… Un soldado de Belgrano, otro de San Martín, ¡más no puedo pedir!

- Yo tengo que escribir una composición sobre la bandera… - agregó una de las chicas para no quedarse afuera.

- ¡Qué bueno! ¡También así se combate por la Patria! No te olvides: Belgrano creó la Bandera como símbolo de unidad. Y sin unidad no hay nación que dure… ¡Cómo me gustaría que los tantos gritos que se vienen por Argentina en este Mundial tuviesen ecos más profundos! ¡Raíces! Y entre esas raíces están en primera fila San Martín y Belgrano, símbolos de una Argentina que no se rinde y que sabrá luchar, como ustedes, hasta el sacrificio de la propia vida, si es preciso, ¿lo prometen?

- ¡Sí! –gritaron… y yo les creí. Y supe que era cierto.

A lo lejos, por el cielo, me pareció oír el paso de los Halcones de Malvinas...