Había una vez… profecías cumplidas (I)
El Padre Carlos Biestro cumple desde hace décadas una tarea necesaria: mantener vivo el pensamiento de Leonardo Castellani. Hoy lo hace desde un blog llamado Perogrullo y compañía. Imperdible. De allí tomamos (y recortamos con escrúpulos) un artículo profético de nuestro “profeta”; es de 1961. Les agradecemos a ambos.
Encrucijada
La Argentina vive la desintegración de su liberalismo (o sea, del sistema constitucional de 1853), y no sabe lo que va a salir de allí.
Esto es todo lo que sé decir de su complicado y angustioso estado político. Poco es, pero es precioso; porque es cierto. Acerca de lo que va a salir, uno podría aventurar tres o cuatro hipótesis, de las cuales, la deseable sería: una reforma política que asentase al país en un sistema más congruo a su idiosincrasia hispánica que el actual sistema de partidos. (…)
Se puede decir que está muerto ya a golpes de fraudes y “golpes”, o sea, pronunciamientos. Jamás recogerá de nuevo la fe pública. El agua no corre cuesta arriba.
En la revista Destino leo tres cartas de su corresponsal en Buenos Aires, Don José Plá, sobre el estado actual de la Argentina, que le ensanchan a uno el corazón, pues predicen venturanzas; y se lo encogen después desconfiando.
La tesis es que Frondizi y su ex-ladero Alsogaray van a sacar venturosamente adelante la empresa económica, e incluso que la han sacado ya en parte, pues “la parte más cruenta ya ha pasado”. El presupuesto de su exposición, es que la economía es el problema principal, el problema total, o el único problema de la Argentina –y demás naciones. Presupuesto falso, según nuestra filosofía.
El principal problema en la Argentina es el político. El cual rige al económico. Ciertamente que, si el actual gobierno consiguiese sanar y florecer la economía y traer la abundancia material, habría hecho una gran cosa en pro del país, y habríamos de serle gratos; pero no puede sanar la economía sin la aquiescencia y apoyo del pueblo. Y no tiene el apoyo del pueblo, es decir, no ha resuelto el problema político, antes bien lo ha agravado. No se puede hacer feliz a un hombre por la fuerza; a un pueblo menos. (…)
¿En qué consiste actualmente el problema político? Falta la estabilidad política, y así no se puede trabajar, ni progresar, ni ir a ninguna parte. Y falta la estabilidad, porque falta la legitimidad; es decir, no hay un gobierno lícito, ni democracia, ni aristocracia, ni monarquía. Y no hay ningún gobierno lícito, porque…
Prefiero hacer responder a esta batallona pregunta a un enemigo de España y despreciador de Sudamérica, “de todos los ingleses actuales el más inteligente”, según opinión del crítico Beverly Nichols; el cual inteligentón ha sido traducido aquí, y es incluso citado como autoridad en nuestras Universidades: el novelista Aldous Huxley. Publicó en 1934 el diario de un viaje por Centroamérica titulado “Más allá del Golfo de México” que nos parece el más flojo de sus libros, lo cual no es poca flojera.
Mi amigo Longilati, que también es crítico, dice que Huxley es un pánfilo. La verdad es que tiene un ingenio vivaz, gran información y erudición, refinada y “sofisticada” cultura, y estilo lúcido y rico; pero con todo eso “le falta fundamento”, como dicen nuestros criollos del campo; expresión española que aplican a veces con cruel precisión. Huxley, que no carece de reflexiones buenas, sobre todo en su sátira al desorden moderno, dice también no pocas gansadas (…).
Pero por ahí, bajo el rubro de “Guatemala City” hace un notable resumen de la independencia centroamericana, siguiendo el libro del yanqui Stephens. Se ve obligado a confesar que esos paisillos bajo la tutela de España vivieron tres o cuatro siglos de completa paz, progreso civil y contento popular. Ese hecho él no lo entiende, dada la idea grosera y aún grotesca que tiene de España, el Rey, los Virreyes, la Iglesia, la Inquisición y los “conquistadores; y la explicación que aventura es mejor saltarla; pero reconoce el hecho. Y el otro gran hecho yuxtapuesto es que apenas conseguida (o proclamada) la deseada Independencia, ellos se ven envueltos en torbellinos de guerras civiles. La “Capitanía” de Guatemala, por ejemplo, se divide en cinco repúblicas que guerrean entre sí (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) en una verdadera “guerra civil”, puesto que como él anota, no hay en el mundo países que con más propiedad sean uno que estos trozos de la católica Capitanía. Y en todas acontece tres cuartos de lo mismo; a saber, asonadas, “revoluciones”, pronunciamientos, dictaduras militares y guerras civiles; y por consiguiente, atraso.
¿Por qué? La razón que da es la buena, y a ella íbamos: porque –escribe Huxley– “la historia subsiguiente a la mentada Independencia es la historia de hombres con una tradicional cultura de las emociones acomodada a un tal sistema político, empeñados ellos en implantar otro sistema de régimen político, prestado de afuera; y fracasando siempre en su empeño, porque el nuevo sistema prestado del extranjero no puede ser puesto en obra sino por gentes educadas en una del todo diversa ‘cultura emocional…’” (…)
Esto es lo que están diciendo desde hace cincuenta años los (pocos) pensadores que en la Argentina han sido; y actualmente profesan los llamados “nacionalistas”. Si lo decimos nosotros, no vale; pero lo dice Huxley, que es el antinacionalista e hispanófobo por excelencia (…), nacionalista inglés hasta los huesos.
Entonces pues ¿por qué no acomodar la “cultura de las emociones” nuestra a la yanqui, a fin de que funcione bien el sufragio universal indiscriminado, la democracia de partidos, y la Constitución del 1853? Eso es lo que postulan nuestros actuales “liberales”, y entendía Sarmiento en su estribillo: “educar al soberano”.
Pues porque es imposible. Para eso sería necesario deseducarnos de lo hispánico hasta dejarnos tabula rasa peor que los guaraníes y charrúas; y después comenzar a educarnos de nuevo bajo un Virrey de Mister Kennedy con poderes absolutos.
El porqué es imposible (…); como lo dijo brutal y netamente el primero de los Roosevelt hace ya cincuenta años al Perito Moreno: “Para que Sudamérica sea nuestra, primero tiene que volverse protestante”.
Lord Canning escribió a un amigo en 1816: “Sudamérica ha dejado de ser española; muy tontos seremos si no es dentro de poco inglesa”. En efecto, lo fue en parte, en lo económico, asimilada a un Dominio inglés. Mister Kennedy podría decir parejamente hoy día: “La Argentina es católico-mistonga, es decir, casi protestante; bien tontos seríamos si no la unciéramos al duro atalaje de nuestra futura Guerra Grande, superdesarrollándola en provecho nuestro”.
El restablecimiento político de la Argentina, o sea, la conquista de la legitimidad, es una empresa nada fácil; por tanto, poco probable; será una verdadera creación política, si llega a ser. Las otras alternativas son tristes.
In saecula saeculorum?
La caquexia en un organismo robusto a veces se ha visto prolongarse casi indefinidamente: el enfermo yace en un estado que no es ni vivo ni muerto, y así sigue y así sigue. Presumo que eso es posible también en una nación; y no lo deseo para la mía (…).
Leonardo Castellani
Sin comentarios… más aún cuando lo acabamos de recortar para que entre en esta columna. Pero anotemos que la destrucción de la familia, la legalización de leyes contrarias al orden natural y el relativismo obligante son la fase superior de ese plan de dominación. Peor que la venta de tierras es la venta de la propia alma, y aquí, “¡hay lugar para todos!”.
