POR PEDRO LUIS BARCIA
La lectura del título puede generar dos reacciones: la primera: “Es posible, pues los gitanos son ubicuos”. La segunda: “Es un macanazo argentino, disimulado con grecismos”. Aclaremos, dijo Lemos, y se le volcó el tintero sobre lo escrito.
En los Evangelios se nos habla solo de tres presencias -más allá de José, María y el Niño-, en el portal de Belén: los Ángeles, los pastores y los Reyes Magos, en este orden de aparición.
Lucas y Mateo apuntan qué aportó cada uno en la adoración del Niño. Los Ángeles proclamaron sus cánticos jubilosos (Lucas 2, 13 y l4) y los Magos: oro incienso y mirra (Mateo 2, 11). Nada dicen de la ofrenda pastoral concreta, pero la devoción popular irá aportando presentes varios que los villancicos comentan en abundancia, sumándole a los pastores otros personajes:
“Ahí viene la vaca/ por el callejón/ trayendo la leche/ para el niño Dios.” // “Ahí viene la negra/ por el callejón/ trayendo huevitos/ para el niño Dios”. // “Ahí viene la vieja/ por el callejón, / juntando florcitas para el niño Dios…”.
En mi casa, cuando niños, mi madre nos enseñó a cantar este villancico con variantes e inclusión de todos los miembros de la familia (padres, hermanos, tíos, primos…). El homenaje de ofrendas era con algún rasgo propio del oferente. A mí, ya como lector precoz, me correspondía: “Ahí viene Pedrito/ por el callejón/ trayendo un librito/ para el Niño Dios”.
FOLKLORE
En los villancicos del folklore argentino los pastores aportan lo suyo: “Traen los pastores/ torta de maíz, / leche de sus cabras/ y pan con anís.” El lector habrá advertido que las tortas de maíz suponen un alimento americano, desconocido por entonces en tierras betlemitas; y el pan con anís es un alimento peruano que tampoco se conocía por aquellos años en lontanas tierras. Así lo que se logra es incorporar lo americano en el portal. Todo el mundo quiere estar presente con su regalo.
Aún más, cada región adapta a lo suyo los valiosos presentes de oro, incienso y mirra: “Llegaron ya los reyes que eran tres:/ Melchor, Gaspar y el negro Baltasar. / Arrope y miel, le llevarán, / y un poncho blanco de alpaca real”. “Le traigo leche de cabra/ y al burrito alfalfa azul. / También un pan de algarroba/ para el Niñito Jesús”.
Y cada cual aporta desde su oficio: “Yo soy challuero, señora/ busco en el río mi pan. / Le traje un bagre de plata y una flor de espuma y sal”. “Yo soy melero, señora, / traigo un payaso de miel/ y un ramillete de trigo/ que en los montes me encontré.”
Los apropiamientos avanzan con firmeza: “En un marchador salteño/ vino el ángel san Gabriel, / a donde estaba la Virgen/ mateando con san José”. Un “marchador” es un caballo que, al andar, mueve, al mismo tiempo, el pie y la mano de un mismo lado. Es un americanismo. En varios villancicos no se habla de “portal” sino de “tapera”.
Todas estas son formas de aproximación de algo esencial y universal a lo propio y cotidiano. Es un procedimiento profundamente creativo por parte de la sapiencia popular. Es lo que podemos llamar “anacronismo esencial”.
ASIMILACIONES
El pueblo, libre de bachillerías, se apropia de lo valioso y lo aproxima a su realidad inmediata. Lo asimila, es decir lo hace similar a sí, en sus detalles, en su contexto. Trae lo remoto a lo inmediato para comprenderlo y atenderlo mejor. Lo adapta, lo acomoda, lo amolda.
Los dos sonantes grecismos del título suponen: anacronismo: “contra el tiempo”, y anatopismo, “contra el espacio”. Aluden a la falta de correspondencia respecto de la época o el sitio en que se ubican las realidades. Suponen un desajuste. Los villancicos suelen ejercitarse, de preferencia, en el procronismo (perdón por los terminachos) al situar elementos o hechos del presente en el pasado. A veces son detalles, como la mención del mate o las comidas (arrope, torta de maíz), o los atuendos, los reyes vestidos de gauchos lujosos.
Estos recursos o procedimientos pueden generarse en la ignorancia, en la intención humorística o en la voluntad de asociarse a situaciones o personas dignificadas y prestigiosas, con una voluntad participativa en realidades que se estiman valiosas. Esta última es la intención popular de nuestros villancicos. La cultura ancestral popular no es erudita. Es instintivamente esencialista. Su recurso poético le permite acercarse y asociarse a hechos fundamentales para sus creencias, saltando por sobre espacios y tiempos, yendo a lo raigal.
Se trata de un apropiamiento cultural que el pueblo hace acercándose al portal y poniendo allí su huella, una forma de estar presente en una realidad, distante en el tiempo en el espacio, pero que le es esencial a su fe. Por eso hablo de anacronismo esencialista.
Cuando en mi infancia cantaba: “Ahí viene Pedrito/ por el callejón/ trayendo un librito/ para el Niños Dios,” yo ignoraba el anacronismo esencial que manejaba, pues el objeto que yo portaba lo inventó Gutenberg en el siglo XV.
Pero mi ofrenda al portal era hondamente auténtica y, sin duda, me fue premiada con una sostenida asistencia del Niño en mis trajines con los libros a lo largo de mi vida.
UNA ANECDOTA
A propósito de libros y anacronismos, recuerdo una anécdota. En ocasión de inaugurar una de las ediciones de la Exposición del Libro Católico, el incansable y meritorio encargado de ella, Manuel Outeda Blanco, me confía que ha hecho imprimir un conjunto de estampitas que reproducían el cuadro de Boticelli La Virgen del Libro, conservado en el Museo Poldi Pezzoli, de Milán, que muestra a Nuestra Señora, con un libro en la mano, enseñando a leer al Niño.
En tanto estamos contemplando la imagen entró el entonces arzobispo de Buenos Aires monseñor Jorge Mario Bergoglio, y Manuel, entusiasmado le mostró lo que había logrado. La reacción de Bergoglio le decapitó brutalmente el ánimo feliz a Manuel. Nos dijo, en forma tajante: “Esta imagen contradice la realidad del nacimiento porque entonces no había libros sino rollos”. Y luego, la frase contundente: “Prohíbo que la distribuyan”.
La prohibición apagó el entusiasmo de Manuel y lo dejó como bandera abatida sin viento. Entonces, le dije: “Manuel, todo tiene salida, hasta el laberinto de Minos”, y le sugerí colocar montoncitos de estampitas en las mesas de la exposición. Lo hicimos. Efecto logrado: los visitantes fueron tomando las estampitas y llevándoselas sin dejar ninguna en las mesas. Nosotros no distribuimos estampas.
El alto prelado, que estaba cerca observando atentamente lo que ocurría, se me acercó y me dijo: “Es astuto usted.” Y le respondí: “No todos somos jesuitas, pero mirando, aprendemos”.
Me desconcertó la negativa del Arzobispo, que planteaba la negación del anacronismo cultural esencial, que se ha ejecutado en las artes, sobre todo plásticas, plenamente hasta el siglo XVIII, y si se repasa la pintura europea entre los siglos XV y XVII se advertirá que en los motivos bíblicos todos los personajes visten a la moda del momento del pintor, y no de la distante Judea.
Fue extraño, porque la prédica de Bergoglio fue siempre en favor de la cultura popular, que tiene al anacronismo esencial como una de sus manifestaciones.
Finalmente, dimos un paso más con Manuel al encargarle a Alba Blotta -la mayor imaginera religiosa argentina, la misma que hizo la estatuilla para el premio “Leonardo Castellani”- una imagen de bulto de la Virgen con libro, enseñándole al Niño a leer. La imagen la pagó monseñor Héctor Aguer, entonces Arzobispo de La Plata, quien mostró otra visión de esa misma realidad. Hasta en esto se advertía tempranamente la diferencia de criterios entre ambos prelados.
Golpeado por aquella reacción me dediqué en mis viajes europeos a fotografiar en los museos imágenes de “Virgen con libro” y el resultado fue una cosecha altísima de piezas. Mi amiga María Elena Vigliani hizo algo vecino y lo publicó. Mi colecta, lamentablemente, no pude editarla por el costo del grueso libro ilustrado.
CUARTA PRESENCIA
¿Y las gitanas?
Retornemos a nuestros corderos. Hay una antigua tradición popular que comenta una cuarta presencia -ángeles, pastores y Reyes Magos- en el portal: la de gitanos. Comencemos por lo propio: villancicos que la comentan. Los casos que he encontrado en nuestro país se refieren a una conducta “natural” de gitanos: roban los pañales al Niño. Mostraron la hilacha, diría mi tía. Acusan un rasgo negativo, no una ofrenda.
“En el portal de Belén/ gitanillos han entrado/ y al niñito de María/ los pañales le han robado”.
Según un cantar popular argentino, los pañales del Niño fueron improvisados por su Madre que los cortó de su velo.
Otro villancico le advierte a María el hurto gitano: “María, María, ven acá corriendo, / que a los pañalillos los están robando.”
Pero en el portal, todo se equilibra, pues otro villancico dice:
“Bajó un ángel del cielo, / unos pañales traía./ Los unos eran de lino, / los otros, de holanda fina”. (Carrizo p. 36). Con lo cual se soluciona la situación y mejora la calidad de lo robado.
LOPE DE VEGA
Esta tradición popular de la presencia gitana en el portal betlemita, tiene raíces peninsulares. Y fue asumida por Lope de Vega, de fino oído para la voz del pueblo. Lope elabora, con su natural creatividad, la materia heredada.
Descubro en Lope (s. XVI-XVII) dos poemitas navideños donde se asoman gitanas. El primero se titula “A la dina, dana” (que es un juego verbal sin sentido). Lo grabó Alberto Cortés, pero sin mencionar el origen lopesco. Los gitanos llegan, por aviso de los pastores: “Juntáronse los gitanos/ que en Jerusalén vivían/ para dar las buenas pascuas/ a la dichosa parida;/ de la torre de Belén/ los pastores les avisan/ que está Dios-hombre en la tierra/ en los brazos de María.”
Llegan al portal y comienza su peculiar ofrenda: danzas y músicas con vestidos festivos e instrumentos propios: “Una rica danza ordenan /de ricas ropas vestida, / matizando aljófar y oro/ y cuentas de aguas marinas. / Con laúdes salterios/ y con sonajas repican/ adufes y cascabeles/ a cuyos sones relinchan. / Entran al portal a donde/ la Palabra en carne habita/ y haciendo lazos comienzan/ a decir a la parida:/ a la dana dina/ a la dina dana, / reina soberana/ a la dina dana, señora divina.” Y le anuncian la más peculiar de las ofrendas: “Oiréis la ventura/ que el cielo atesora/ para vuestro Hijo”.
Pero donde cumplen con su ofrenda especial es en el segundo texto: “La buenaventura”, en que las gitanas practican su quiromancia ancestral, al leerle las rayas de la mano del Niño: “Parad el niño bendito, / Señora llena de gracia, / porque la buena ventura/ le diga aquesta gitana. / Dejad, Virgen, que le tome/ la mano divina y santa/ que si vos me dais licencia/ yo le quitaré la faja. / ¡Oh, que rayas tan hermosas, / oh qué peregrinas rayas! / Corta vida tiene de hombre, / de Dios la tiene muy larga. / Cuanto hombre, reina mía, / su vida inmortal se alarga/ treinta y tres años solos/ por una violenta causa” (…) “Notables persecuciones/ esta raya nos declara/ muchos peligros le esperan, / muchos trabajos le aguardan. / Aquí le persigue un rey/ de pura sangre de infamia” (…) Aquí estaréis siete años/ primero que a vuestra patria/ volváis, palestina Virgen” (…) “Viviréis sin él tres días/ tantos de la vida en falta/ que para vos serán noches/ sin el sol de vuestra cara”.
“Por esta raya de cruz / hallo que en otra pesada/ morirá con cinco heridas/ para que vivan las almas. / Pero ya veréis, señora, / que con la bandera humana, / a tres días con mil triunfos/ de la tierra se levanta. / Prestado será el sepulcro, / el bálsamo y la mortaja/ que, por volverla a su dueño/lo dejará cuando salga.”
TRADICION ORAL
La tradición de gitanas en el portal data al menos del tiempo de Lope. Permanece en el villancicario de nuestra tierra, por ese milagro de la intangible tradición oral, con aporte negativo, por el hurto.
Si no es cierta históricamente, resulta harto simpática, y robustece aquello de que cada cual ofrece lo que estima es su mejor aporte. Los gitanos: música y danzas que los identifican, vestidos e instrumentos propios y un milenario saber: la quiromancia.
De manera semejante, en uno de los milagros de Berceo se lo ve al juglar, en la soledad de la capilla, ofreciendo a nuestra Señora sus volteretas, como lo propio que puede brindar. Y en nuestro folklore, en uno de los villancicos, el de “El tamborilero”, cantamos: “Yo quisiera poner a tus pies/ un presente que te agrade, señor, / más tú sabes que soy pobre también/y no poseo más que un viejo tambor: / ropopopom, ropopompom. / En tu honor frente al portal / tocaré mi tambor / y el camino que lleva a Belén/ lo voy marcando con mi viejo tambor. / Nada mejor hay que te pueda ofrecer / que el ronco acento en un canto de amor”.
Cada uno ofrece -en este caso al Niño- aquello para lo que tiene pico u hocico, dice el refrán, y, en mi caso, un tejido de letras y citas, mal atadas. Que ello me valga.
Fuentes: Villancicarios: Carrizo, Juan Alfonso: Villancicos de Navidad. Buenos Aires, Academia Argentina de Letras, 2009; Familia Nóbbile Gelonch: Cancionero de villancicos. Buenos Aires, s.e., s.a; Lope de Vega: Lírica religiosa. Selección y prólogo de Félix García, agustino. Madrid, Aguilar, s.a. pp. 64-67 y pp. 73-76.
