El acelerado desarrollo tecnológico, el avance científico, las tensiones del transhumanismo y del posthumanismo sobre la naturaleza humana han puesto en valor las clásicas lecturas distópicas, como las de Aldous Huxley, Isaac Asimov, Ray Bradbury y, sobre todo, la de George Orwell, autor británico que nos dejó muy joven, pero con una obra que será leída por distintas generaciones a lo largo de la historia, sin lugar a dudas.
Desde muy joven, sabía que sería escritor, como lo manifiesta en uno de sus ensayos, escribiendo con sólo 4 años un poema a su madre, además de colaborar en las revistas escolares durante toda su infancia. Sus novelas paradigmáticas son “1984” y “Rebelión en la granja”, cuya obra también incluye ensayos que permiten apreciar el alcance de toda su producción intelectual.
Es común considerarlo como un escritor político, que a través de la literatura y la palabra pudo poner al descubierto las grandes injusticias de los regímenes totalitarios, denunciando las atrocidades llevadas a cabo por los gobiernos del siglo XX, entre otros, el comunismo.
Ahora bien, como trataremos de reflexionar en la presente nota, el autor tuvo también otros objetivos a la hora de escribir que nos parecen decisivos para comprender en toda su dimensión su figura y relevancia, que no quedó solo en un mero autor panfletario de denuncia política, sino que también destacó en su obra aspectos como la experiencia estética y su preocupación por la belleza de las cosas y el mundo.
De este modo, no se reduce su obra a una mirada pesimista de la sociedad y la política en la que escribió, sino que a partir de estas otras razones podremos observar a un escritor que puso en valor la belleza de las palabras y de la literatura, más allá del propósito político y de denuncia social.
RAZONES PARA ESCRIBIR
En un ensayo titulado “Por qué escribo”, Orwell explica las razones que lo llevaron a ser escritor desde muy niño, a los cuatro o cinco años, hasta los motivos que explican su escritura en su corta existencia. Cuenta que: “Cuando cumplí los dieciséis se me reveló súbitamente el placer de las palabras en sí mismas; es decir, de los sonidos de las palabras, y de las asociaciones que se tejen entre ellas”.
Dejando de lado las necesidades alimenticias, el autor afirma que hay cuatro razones que conducen a la escritura y que se encuentran presentes en distintos grados según cada uno de los escritores y los contextos que les tocó escribir. Estas son: el puro y simple egoísmo; el impulso histórico; el propósito político y el entusiasmo estético.
Respecto al egoísmo, será una de las razones que motivan a los escritores a llevar a cabo su tarea; es deshonesto fingir que no es una motivación para el autor. Todos desean ser recordados después de su muerte y que hablen de ellos, como les pasa a los demás artistas, políticos, militares, abogados o científicos.
En relación a la segunda razón, el impulso histórico, también será resaltado por el autor porque aparece esa necesidad al escribir de poder ver las cosas que describe tal como son y expresar la verdad de los hechos, cuya exposición quedará disponible para la posteridad y cuya motivación es muy importante para el escritor al atesorarla y ponerla a disposición de la humanidad. Ahora bien, pasemos a ver las otras dos razones y el papel relevante del propósito político y estético del escritor.
PROPOSITO POLITICO
Lo primero que habría que decir es que Orwell utiliza la palabra ‘político’ en un sentido bien amplio, no reducido a una cuestión de partido o de ideología en primer momento. Es decir, entiende lo político como: “El deseo de empujar el mundo en una determinada dirección, de cambiar las ideas que otras personas tienen sobre el tipo de sociedad por la que valdría la pena luchar”. Por esto, concluye que no existe libro que no tenga un sesgo político, por la sencilla y compleja razón de que el arte tiene una relación inescindible con la política.
Él recuerda que los acontecimientos ocurridos fundamentalmente entre los años 1936 y 1937 modificaron su escala de valores, motivando a partir de allí, cada línea de sus escritos. Afirma: “Desde entonces, cada línea que he escrito en cero fue redactada, directa o indirectamente, como una forma de oposición al totalitarismo y en favor del socialismo democrático tal como yo lo entiendo. Me parece una estupidez pensar que, en tiempos como los que vivimos, se puede evitar escribir sobre este tipo de asuntos”.
Ahora bien, su objetivo no se quedó solamente en escribir con un propósito político, como generalmente se lo ha interpretado, sino que también buscó no dejar de lado la dimensión estética de la escritura, tan cara y necesaria para todo buen escritor. Por eso, su mayor ambición también fue transformar la escritura política en un arte, una especie de estética política, donde el punto de partida podría ser la injusticia o calamidad, sin olvidar la belleza y la proporción de la palabra.
ENTUSIASMO ESTETICO
Efectivamente, además del afán egoísta, el impulso histórico y el propósito político, entramos en Orwell el entusiasmo estético como la otra decisiva razón para escribir. Que nos resume como: “…la percepción de la belleza que hay en el mundo, o -por otra parte- de la belleza que existe en las palabras y en el modo en que pueden disponerse. El placer ante el impacto de un sonido sobre otro, frente a la solidez de una buena prosa o frente al ritmo de una buena historia”.
Si bien se ponía a escribir a partir de una mentira que quería denunciar o un hecho que le llamaba la atención y quería hacerse escuchar, él mismo aclara que: “…lo cierto es que no podría acometer la tarea de escribir un libro, o incluso un artículo extenso para una revista, si no fuese, además, para mí, una experiencia estética. Cualquiera que se tome el trabajo de leer mis escritos detectará que todos ellos, incluso los que son obvia propaganda, contienen muchos elementos que alguien abocado exclusivamente a la política consideraría irrelevantes”.
Un ejemplo notable de esta apreciación es “Rebelión en la granja”, donde el autor permite la lectura política y el goce estético de una manera simultánea, fusionando el propósito político y la experiencia estética en la misma obra. Se puede citar el siguiente pasaje para corroborar tal acierto: “El hombre no sirve a los intereses de ninguna criatura, salvo a los suyos. Que, entre nosotros, los animales, haya una perfecta unidad, una perfecta camaradería en la lucha. Todos los hombres son enemigos. Todos los animales son camaradas”.
Como podemos observar, estamos frente a un autor que hizo de la literatura no solo su vocación más íntima, sino un poder para canalizar su compromiso político frente a las grandes injusticias y arbitrariedades de los regímenes totalitarios del siglo XX. De esta manera, conjuga las dos grandes motivaciones de su vida: la palabra escrita y su compromiso con los grandes principios políticos de la humanidad, sintetizadas en su estética política. Su obra nos interpela en nuestro compromiso social, en la belleza del mundo, de las cosas, de los seres humanos y en recuperarla permanentemente a través de las palabras y la literatura.
* Docente Universitario UM – UNCuyo.
