Gaviotas y surfistas, un dúo dinámico

Nadie más lejos de un deporte acuático que quien escribe; la última vez que recuerdo haber experimentado con una tabla de telgopor y unas tremendas patas de rana debe haber sido allá por 1980 cuando creo que menos mi dignidad perdí todo: la tabla, las patas, el gorro y la vergüenza.
Deslizarse sobre la superficie del agua es un arte… cuentan que la tripulación del británico Capitán Cook, durante sus incursiones por el inexplorado Pacífico, observó esta práctica en Hawaii donde la mayor parte de sus habitantes habían llegado desde otras islas, sobre todo de la Polinesia, donde se cree que nació el Surf.
Un deporte de reputación destinado a la clase alta: la mejor tabla hecha con la madera del mejor árbol para el líder; las mejores playas reservadas para la nobleza.
La diversión del surf acabó con la llegada de los misioneros a la isla; fue prohibido, tachado de inmoral hasta que en los años 60 un movimiento musical y cinematográfico, con películas y grupos como los Beach Boys, expandió la “cultura del surf" por California y el resto del mundo.
En lo personal, y esperando que los surfistas no se molesten, suelo asociarlos con las gaviotas… quizá porque los observo a ambos compartiendo un mismo hábitat costero.
Las gaviotas son aves inteligentes con un método complejo de comunicación y una estructura social desarrollada. A pesar de saber nadar no se aventuran muy lejos en el mar y son el presagio de esperanza para un náufrago y el anuncio de “tierra a la vista” para los marineros.
A las ruidosas, de comportamiento astuto y alborotador, las excluiré del conjunto y me quedaré sólo con aquellas: las atrevidas hasta la audacia. Realizan fácilmente maniobras difíciles y la celeridad con la que consiguen recuperarse de las perturbaciones del viento es una “dinámica" que está bajo la lupa científica para implementarla en la construcción de unidades aéreas. 
Mark Richards, surfista australiano, cuatro veces campeón mundial, fue apodado "La Gaviota Herida” por su estilo inconfundible: movimientos radicales en olas apocalípticas, brazos como alas a punto de volar.
Gaviotas y surfistas se agrupan en colonias y comunidades. “Es un deporte individual pero donde la gente o ‘el crowd’ siempre importa!”, expresa Ivan Boueke, instructor de surf y kitesurf.
"Orígenes, idioma, edad… nada de eso es relevante en este deporte; sólo el respeto y la humildad son fundamentales para sentirse bienvenido”, añade Ignacio Tórtora: surfista, cocinero, creador de Sin Azúcar, primera confitería, en Uruguay, orientada al cuidado de la diabetes.
“Desearía que este artículo sirviera para ayudar a evitar trastornos auditivos en los surfistas y en todos los que realizan actividades con exposición prolongada al agua y al viento”, manifiesta el Dr. Aldo Yanco, otorrinolaringólogo.
“El oído externo es un conducto, recubierto por piel, a través del cual el sonido viaja para estimular la membrana timpánica. Allí se ubican las glándulas ceruminosas que producen cera con olor intenso para disuadir a los insectos de que entren por ese túnel. Algunos eliminan esa cera espontáneamente y en otros se acumula; este grupo debería recurrir a un especialista para una limpieza. ¡El uso de hisopos estará siempre contraindicado! Con la presencia de agua ese cerumen se hidrata como una esponja y puede llegar a tapar el oído dificultando la audición; esa humedad retenida favorece la aparición de infecciones como la otitis externa”, precisa el especialista.
Observarlos sentados en sus tablas esperando olas, como descifrando un complejo enigma , puede parecer una fotografía sin reglas; sin embargo, rigen normas que definen un código de ética y etiqueta. Una de ellas es que el que está ubicado más cerca de la cresta o el que se pone de pie primero tiene el derecho de paso; y una vez que ese surfista se para, todos los demás son responsables de mantenerse fuera de su camino.
El surf es para muchos una experiencia casi religiosa y que va más allá de simplemente tomar olas: implica un profundo sentido de respeto al agua y hacia el otro. "No dejes más que tus huellas en la arena”, dicen, y muy en serio, a favor de la no contaminación y el cuidado de las playas; un aprecio compartido por el océano que une a los surfistas de todos los continentes.
“Me ha acompañado a lo largo de mi vida... más allá del nivel técnico, el surf me ofrece un refugio natural donde respirar, visualizar, enfocarme; la inquietud diluyéndose en las olas”, describe Ignacio.
“Es un deporte sanamente adictivo donde poner a prueba el equilibrio mental y sensitivo; la oportunidad para que la naturaleza, mi cuerpo y mi interior se acoplen entre sí y cada día surfeado se sienta como un día ganado. Un deporte de ‘contrastes’ donde disfruto de la calma esperando una ola y aprendo de su intensidad en un revolcón; un vaivén entre esos días en que todo resulta fácil y en otros, imposible”, reflexiona Iván.
Surfistas y gaviotas no pelean con las olas: observan, se preparan… ambos esperan el momento perfecto para actuar, evidenciando una "actitud oportunista”. Como reza el dicho: “aprovecha gaviota, que no te verás en otra”.
Hay parejas de gaviotas muy comunicativas y que mantienen largas conversaciones entre sí y otras mucho menos habladoras; son monógamas y algunas ajustan constantemente sus recursos, coordinando mejor las labores parentales, para que sus crías reciban un mejor cuidado. Dicen que los embriones, durante la incubación, escuchan las conversaciones de sus padres...
Sus oídos se sitúan al lado de sus ojos, sin pabellón exterior, con un conducto auditivo que no se aprecia a simple vista, oculto por plumas que no obstaculizan su audición, y adaptado naturalmente para no dañarse por el agua o el viento. ¡No así el de los surfistas! 
Poseen, además, un sistema glandular que filtra continuamente el exceso de sal de su organismo eliminándolo en forma de lágrimas o estornudos… 2 a 0, ventaja para las gaviotas.

“En el surf la incidencia de otitis externas y la retención de tapones de cera aumenta y puede producir un crecimiento óseo, llamado Exostosis, que reduce el canal auditivo dificultando la autolimpieza de la cera y la salida del agua”, explica el Profesor Yanco. "Existen casos leves y otros severos que requieren de una intervención quirúrgica para eliminar ese sobrehueso”, añade.
“¡Mantener el oído seco es vital! protegiéndolo con tapones de buena calidad, capuchas de neopreno o gorras de baño; al salir del agua es conveniente colocarse unas cuantas gotitas de alcohol puro o alcohol medicinal (siempre que no exista antecedentes de perforaciones timpánicas) y que al evaporarse generará que la piel se seque”, indica el Jefe del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Rivadavia.
"Uno puede prever todo o casi todo antes de entrar al mar pero el inmenso poder de la naturaleza y la caprichosa imprevisibilidad del océano convierte al surf en una metáfora perfecta de la vida”, reconoce Ignacio. 
Un surfista profesional analiza meticulosamente las condiciones del mar antes de entrar: dirección, intensidad del viento, estado de la marea y la forma en que rompen alas olas; identifica las corrientes de resaca, los peligros en el fondo y el posicionamiento de los demás surfistas.
 “El surf se nutre también fuera del agua, alimentándose de lo que se hace en tierra para volver a él con más ganas. Viajar con amigos, buscar juntos la mejor ola, compartir sensaciones, anécdotas y experiencias después de cada sesión construye vínculos que van más allá de simplemente estar juntos en el agua”, afirma Iván, con satisfacción.
Muchos surfistas al igual que Juan Salvador Gaviota, en la novela de Richard Bach, buscan la excelencia, la plenitud personal, entrenando hasta alcanzar un alto nivel de pericia técnica y conectando con otros que comulgan con la misma pasión. 
Recuerdo que Juan Salvador no era un pájaro cualquiera; intentó comportarse como las demás gaviotas y lo intentó de verdad pero no le dio resultado. Por su conducta y su negativa a conformarse, el Consejo de la Bandada lo condenó a la soledad en los lejanos acantilados… Juan terminó encontrándose con otras gaviotas “exiliadas” que, al igual que él, ¡sólo deseaban volar!, volar hasta convertir esa experiencia en "única e irremplazable”.
Surfistas y gaviotas componen un dúo icónico del imaginario costero; ambos pasan largos períodos de tiempo flotando serenos, meciéndose en calma, esperando con paciencia a que aparezca la oportunidad perfecta.
"Unos cabalgan olas y otras cabalgan el viento”.

Arqta. Graciela Colodner
Proyecto Oír