Ganó Alemania, pero nadie olvidó a La Naranja Mecánica
El baúl de los recuerdos. El triunfo del local en el Mundial ´74 demostró que es mentira que el segundo puesto no tiene valor. Las lecciones que dejó Holanda se mantienen vivas en la memoria.
La historia fue injusta con la selección holandesa en el Mundial ´74. Revolucionó el fútbol con un funcionamiento inédito que parecía lo más cercano a la perfección que se haya visto en una cancha. Jugaba tan bien que su estilo tuvo nombre propio: Fútbol Total. Sin embargo, el destino le deparó una increíble derrota 2-1 a manos de Alemania Federal en la final. El título fue para el equipo en el que sobresalían la clase de Franz Beckenbauer, la seguridad de Sepp Maier y los goles de Gerd Müller, pero la maravillosa Naranja Mecánica liderada por Johan Cruyff se ganó nada más y nada menos que el recuerdo permanente de quienes la vieron en acción.
Holanda -no se hablaba de Países Bajos en ese tiempo- brindó un impresionante ejemplo de su excelso fútbol no bien se puso en marcha el duelo por el título. Fueron 90 segundos de un recital de posesión que hoy, 48 años después de ese partido, cualquier espectador aplaudiría si viera al Manchester City de Pep Guardiola haciendo exactamente lo mismo.
Ocho jugadores se pasaron la pelota una y otra vez en el minuto y medio posterior al pitazo inicial del árbitro inglés John Taylor. Rob Rensenbrink la tocó para Johnny Rep. Rep para Cruyff. Cruyff para Wim van Hanegem. Van Hanegem para Wim Rijsbergen. Rijsbergen para Ruud Krol. Krol para Wim Suurbier. Suurbier para Krol. Krol para Rijsbergen. Rijsbergen para Krol. Krol para Cruyff. Cruyff para Rijsbergen. Rijsbergen para Van Hanegem. Van Hanegem para Rep, Rep para Johan Neeskens. Neeskens para Rijsbergen. Y Rijsbergen para Cruyff. El capitán, que recibió por última vez en la mitad de la cancha, aceleró en dirección al arco alemán. Dejó en el camino a Berti Vogts y cuando pisó el área fue derribado por Uli Hoeness. ¡Penal para Holanda!
Neeskens se paró delante de la pelota y le puso el moño al monólogo con un fortísimo remate al medio del arco. Maier se había jugado a su derecha. En dos minutos de acción, los naranjas ganaban 1-0 y los alemanes ni siquiera habían tocado la pelota.
Esa jugada resume el fabuloso concepto que el equipo dirigido por Rinus Michels tenía del juego de ataque. Todos participaban en la elaboración del mismo modo que todos intervenían en la marca. Eso era el Fútbol Total. A partir de un teórico 4-3-3 en el que nadie ocupaba posiciones fijas, se armaban los circuitos creativos. Y cuando Holanda no tenía la pelota, sus diez hombres de campo presionaban a los adversarios hasta recuperarlo y lanzarse inmediatamente en busca del gol. Tan simple de contar como difícil de ejecutar. Y su arquero, Jan Jongbloed, se transformaba en un líbero.
CAMBIO DE ROLES
Pese a que tenía a Alemania a su merced, La Naranja Mecánica pareció conformarse con la prematura ventaja. Le cedió el protagonismo a Alemania, que, aunque no poseía el virtuosismo ni el estilo innovador que distinguían a Holanda, contaba con excelentes jugadores. La decisión de las huestes de Michels se antojaba difícil de entender, pues si algo los había caracterizado hasta entonces era su voracidad ofensiva y su permanente asedio sobre las retaguardias de los rivales.
Así y todo, Rep dispuso de una buena oportunidad para aumentar, pero su disparo se fue muy cerca de uno de los postes de la valla de Maier. Los dueños de casa replicaron con un peligroso remate de Paul Breitner, un impetuoso joven que no tenía empacho en alzar la voz para discutir el liderazgo nada más y nada menos que del Káiser Beckenbauer, el indiscutido capitán del equipo. Solo porque era lo suficientemente versátil para atacar y defender y porque tenía una personalidad indestructible, Breitner logró conservar su lugar en el equipo.
La reacción alemana se vio favorecida por el insólito conformismo holandés. Bernd Hölzenbein se escapó por el costado derecho y al ingresar en el área fue derribado por Wim Jansen. A los 25 minutos del período inicial, el equipo dirigido por Helmut Schön tenía la oportunidad de empatar. Los penales los pateaba habitualmente Hoeness. En ocasiones, le tocaba a Gerd Müller, el gran goleador. De pronto apareció el confiado Breitner. Les dijo a sus compañeros que se tenía confianza y buscó la derecha del arco, dejando sin reacción a Jongbloed, un guardavalla que parecía muy normal para una selección excepcional.
Promediaba el primer tiempo y la finalísima empezaba a cambiar de manos. Cruyff jugaba muy lejos del área alemana. Buscaba evitar la celosa marca de Vogts, el custodio que solo había fallado en la jugada que derivó en el prematuro penal. Todavía más curioso resultó que el defensor del Borussia Mönchengladbach haya cruzado la cancha de derecha a izquierda y quedara cara a cara con Jongbloed, a quien obligó a una magistral salvada.
Beckenbauer tomó el protagonismo al que había renunciado Cruyff. El Káiser sacó a relucir el repertorio único del líbero ofensivo, una vuelta de tuerca que él mismo le había dado a una función surgida solo para defender. Dueño de una técnica magnífica y de una inteligencia suprema, había extendido el campo de acción del puesto creado por el austríaco Karl Rappan en los años ´30 como último obstáculo para los atacantes que enfrentaban a la selección suiza.
Hoeness y Beckenbauer con peligrosos tiros libres habían exigido al arquero naranja. Los de Michels replicaron con un mano a mano de Rep con Maier que quedó en poder del guardavalla alemán. Y cuando se extinguía el primer tiempo, Rainher Bonhof se escapó por el costado derecho del ataque y lanzó un centro al corazón del área holandesa. La pelota le llegó a Müller, pero el implacable goleador pareció no poder dominarla. De hecho, cuando se intuía que el peligro se alejaría, el Bombardero de la Nación practicó una feroz media vuelta incontenible para Jongbloed.
Müller acababa de señalar su 14° gol en los Mundiales. Se erigía así en el máximo anotador de la historia, un privilegio que conservó hasta 2006, cuando lo superó el brasileño Ronaldo.
Antes del cierre del primer período, Bonhoff tuvo la oportunidad de estirar la ventaja, pero su cabezazo se fue muy cerca del poste derecho del arco holandés.
Quedaban 45 minutos y La Naranja Mecánica no tenía más remedio que recuperar el apetito ofensivo que parecía haber perdido en la primera mitad de la final. Michels dispuso el ingreso del mellizo Rene van der Kerkhof por un apagado Rensenbrink.
Breitner le negó el empate sobre la línea y luego Maier se lució ante un cabezazo de Van Hanegem. A esa altura, Neeskens se había adelantado unos metros en la cancha y se juntaba con Cruyff para comandar las acciones ofensivas de su selección.
Una volea del autor del primer gol volvió a hacer lucir a Sepp Maier, quien de a poco se fue convirtiendo en la figura de la cancha. Neeskens volvió a probar puntería, pero le erró por apenas unos centímetros arco alemán.
No había caso: Holanda no podía quebrar la resistencia de Maier. Buscó por todos los medios, pero no tuvo recompensa. Su fútbol revolucionario se iba del Mundial sin el premio que tanto merecía. El fútbol tiene esas cosas. Alemania se quedó con el título, pero el recuerdo eterno se lo llevó La Naranja Mecánica.
LA SÍNTESIS
Holanda 1 - Alemania Federal 2
Holanda: Jan Jongbloed; Wilhelmus Suurbier, Wilhelmus Rijsbergen, Adrianus Haan, Ruud Krol; Wilhelmus Jansen, Johan Neeskens, Willem van Hanegem; Johnny Rep, Johan Cruyff, Rob Rensenbrink. DT: Rinus Michels.
Alemania: Josef Maier; Hans-Hubert Vogts, Franz Beckenbauer, Hans-Georg Schwarzenbeck, Paul Breitner; Rainer Bonhof, Ulrich Hoeness, Wolfgang Overath; Jürgen Grabowski, Gerd Müller, Bernd Hölzenbein. DT: Helmut Schön.
Incidencias
Primer tiempo: 2m gol de Neeskens (H), de penal; 25m gol de Breitner (A), de penal; 43m gol de Müller (A). Segundo tiempo: Rene van de Kerkhof por Rensenbrink (H); 23m Theo De Jong por Rijsbergen (H).
Estadio: Olímpico (Munich). Árbitro: John Taylor, de Inglaterra. Fecha: 7 de julio de 1974.
