Futuro imperfecto
El futuro de la Argentina es un albur. País insondable, sólo los audaces pueden proyectar el derrotero que seguirá la economía en los próximos 12 meses. Algunos atrevidos, como suele decir el profesor De Pablo, hasta lanzan pronósticos con decimales.
Hay, sin embargo, algunas variables cuya dinámica y lógica nos permite pensar el sendero a algunos meses vista: inflación en baja, comercio exterior con números positivos, economía en crecimiento y cuentas públicas equilibradas surgen como un patrón inalterable.
Suele decirse que internet es el Aleph moderno, un punto que contiene todos los puntos del universo y que permite contemplarlo todo. Allí anida la Inteligencia Artificial, ese instrumento al que muchos consideran el nuevo Oráculo de Delfos. ¿Qué responde la IA si le preguntamos acerca de las perspectivas de la economía argentina de cara al 2026?
"Para el año 2026, las proyecciones para la economía argentina muestran un consenso sobre la continuidad del crecimiento y la baja de la inflación, aunque existen matices importantes entre las metas oficiales del Gobierno y las estimaciones de organismos internacionales y el mercado", asegura el espectral cerebro.
La ambigüedad o la amplitud de los conceptos eran un rasgo característico de las respuestas que daba la sacerdotisa Pitia en el Oráculo de Delfos. La IA no le va en zaga. La economía, supuestamente, crecerá y la inflación continuará con la parábola descendente, pero abundan los “matices”. A la vieja usanza, habrá que echar mano a fuentes concretas para desbrozar el camino. Dejemos atrás las tentadoras generalidades con las cuales seduce internet, ese atajo riesgosamente facilongo.
PASO A PASO
Del otro lado de las gigantes puertas del Banco Central, donde se atesoran escuálidas reservas, los economistas de la entidad reúnen los informes que les acercan las consultoras privadas y preparan con ellos un documento mensual que han dado en llamar REM (Relevamiento de Expectativas de Mercado).
En la edición de diciembre el BCRA se confirma la parábola descendente del proceso inflacionario para el año entrante, cuando finalmente el indicador bajaría al escalón del 1% mensual, redondeando una inflación anual del 19,6% en 2026.
El propio presidente de la Nación, Javier Milei, dio su argumento en una entrevista televisiva: “La política monetaria tiene un rezago. Nosotros creíamos que era de entre 18 y 24 meses, pero hay una tesis doctoral que hizo un alumno de Enrique Neder (profesor de Teoría Monetaria) que probó que los rezagos son de 26 meses. Esto quiere decir que para la mitad del año que viene o agosto, la inflación seguro va a empezar con cero”.
Hace un puñado de meses el equipo económico liderado por Luis Toto Caputo anunció un retoque en la dinámica del esquema de bandas cambiarias, que comenzará a operar de acuerdo al movimiento de la inflación, con dos meses de retraso. De esta manera el dólar evitaría caer en la trampa del atraso, aunque muchos especialistas consideran que la medida llegó un poco tarde. Algo de esto lo evidencian las estadísticas de Turismo Internacional que mensualmente publica el Indec. En el mes de noviembre el turismo emisivo –léase argentinos que se van al exterior llevándose los dólares para gastar afuera- creció un 15,3%, mientras que el receptivo descendió 2,7%, afectado por un nivel del tipo de cambio que no resulta atractivo fronteras afuera.
Así las cosas, el REM del Banco Central proyecta que el dólar escalará hasta una franja de $ 1.500 el año próximo en una sucesión encadenada que sería la siguiente: $1.525 en enero; $1.553 en febrero; 1.575 en marzo; y $1.582 en abril. Hacia diciembre, si no hay ningún sobresalto, el billete verde podría cerrar en $1.679.
De esta secuencia surge que el dólar continuará fungiendo como ancla para mantener en calma la inflación, con una evolución paulatina de las cotizaciones que ayudará a conservar la armonía de los precios en las góndolas de los supermercados.
CARA Y CRUZ
En la Argentina del futuro imperfecto todo está por hacerse. Todo es una promesa. Gusta por estas pampas conjugar el verbo con certeza, como si el porvenir nos esperara con los brazos abiertos. Lo cierto es que en términos de actividad económica el 2026 no diferirá demasiado de lo que hemos visto hasta el momento.
La economía continuará su proyección al alza pero los beneficios estarán atomizados en sectores puntuales como el agro –exportadores de cereales- y los hidrocarburos extraídos del yacimiento no convencional de Vaca Muerta. La minería, que puede convertirse en otro puntal, espera a que en febrero el Congreso modifique la Ley de Glaciares, donde está en pugna el uso del agua. De concretarse, hay en las gateras inversiones millonarias para la explotación del cobre.
Aunque el Gobierno es optimista, el promedio de las consultoras privadas estima que la Actividad Económica no superará el 3% anual, y algunas calculan que podría estar más cerca del 2%. Las cifras suponen un abismo con respecto a las previsiones del Fondo Monetario Internacional, que en su informe de octubre estimó una mejora del 4% del PBI argentino.
El modelo económico libertario también pare perdedores. Los dos principales rubros que no hacen pie en este escenario son el sector manufacturero y el consumo en general, en una semblanza que se parece en mucho a la década del ’90, aunque todavía no se registre un impacto severo por el lado del desempleo, que en aquel entonces llegó al 18%.
De acuerdo a los datos del REM, la balanza comercial continuará siendo superavitaria en 2026. El año próximo las exportaciones podrían alcanzar los u$s 90.500 millones, mientras que las importaciones ascenderían a u$s 81.500 millones. Se registraría entonces un superávit comercial de u$s 9.000 millones. Con ese monto, las exportaciones serán las más altas de la historia de nuestro país, superando a los 88.268 millones de 2022, que son el récord actual.
PULSEADAS
La puja política con fuerte impronta económica comenzará temprano. En el mes de febrero el Congreso de la Nación, reunido en sesiones extraordinarias, tratará la reforma laboral, un proyecto que de aprobarse -al menos eso estima el Gobierno- podría cambiar la matriz en cuanto a la generación de empleo genuino, estancado desde 2011.
Las jornadas prometen ser arduas, sobre todo porque las fuerzas sindicales se han jurado combatir cualquier atisbo de cambio que les mine el poder y el manejo de la caja. También está en juego la representatividad, pero eso es algo que hace ya mucho tiempo han perdido en cuanto a la consideración de los trabajadores.
Si la reforma laboral se plasma, un largo sueño acunado por los liberales durante décadas, el Gobierno avanzará a toda prisa hacia su segundo objetivo: la reforma impositiva. Reducir el peso de los tributos es una promesa de campaña que Milei quiere honrar y que, necesariamente, implica el ajuste y achicamiento del aparato público.
Dicen los expertos que si ambas reformas salen a la luz, la laboral y la impositiva, habrá un efecto derrame sobre el sistema previsional, el tercer punto en discordia. Mejorar las condiciones para contratar personal, aseguran, ampliaría la base imponible del mercado de trabajo y entonces habría más recursos para solventar a los jubilados. Ver para creer.
Escaldados por la experiencia de anteriores gobiernos, medio país eligió renovarle los votos de confianza a la conducción libertaria. Según el Indice de Confianza en el Gobierno, elaborado por la Universidad Di Tella, el apoyo es de 2,46 puntos, es decir 4,3% mayor que el de diciembre de 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, y 73,2% mayor que el de diciembre de 2021, durante la gestión de Alberto Fernández.
Ante las particularidades de nuestra Nación las redes sociales han acuñado algunas frases que, de no ser porque tienen raíces en hechos lamentables, serían divertidas.
“Cómo te vas a perder de vivir en este país” o “Argentina, no lo entenderías”, salen a la luz ante situaciones propias del realismo mágico o, como decía Alejo Carpentier, de lo real maravilloso.
Ese barniz de orgullo con tintes de autocompasión se descascara con facilidad. Tal vez, si todo marcha bien, algún día seremos menos divertidos u ocurrentes pero tengamos la posibilidad de tomar créditos hipotecarios a 30 años; contar con una moneda fuerte; bajar la pobreza a un dígito; recuperar la educación y la salud pública; reducir los niveles de corrupción e inseguridad; y erradicar al narcotráfico, que llegó para quedarse. La lista es larga. Pero para eso hay que esperar. Sólo dentro de algunos años, cuando miremos hacia atrás, advertiremos si el camino seguido por el gobierno libertario de Javier Milei era el correcto o si, como en tantas otras oportunidades, sólo fue un intento fallido. Uno más.
