SIETE DIAS DE POLITICA

Falta de conducción, la causa del cortocircuito Milei-Bullrich

La controversia no fue por los fondos para discapacitados, sino por falta de conducción política. Milei no debe delegar el mando en intermediarios, aunque se trate de su hermana.

En los últimos mil días la política local cambió drásticamente y la sociedad, también, como lo prueba la irrupción del fenómeno Milei y el masivo cuestionamiento a la “casta” que había imperado en los últimos 25 años sobre los poderes del Estado. Pero aun cuando ese cambio inesperado es un hecho fácilmente verificable, hay aspectos de la política que permanecen invariables: no hay maneras nuevas de ejercer el poder ni de reemplazar el liderazgo personal.

Se puede ser un economista teórico y dar conferencias por el mundo sobre el credo libertario, pero a la hora de imponer un programa económico que rompe con ochenta años de régimen corporativo inflacionario e intenta reemplazarlo por otro de desarrollo, afectando intereses empresarios, políticos, sindicales, mediáticos, etcétera, se necesita un liderazgo capaz de hacerse cargo de las turbulencias que ese giro inevitablemente provocará. Se necesita al “decision maker” económico en primera fila de la batalla política y no el poder delegado en un grupo palaciego conducido por su hermana y funcionarios descartables.

Mil días representan un tiempo más que prudente para acomodar el funcionamiento político del gobierno. Ya fueron defenestrados decenas de funcionarios, pero el problema persiste porque está en la cadena de mando que a esta altura ya debería funcionar aceitadamente.

Por eso el entredicho entre el presidente de la Nación y la presidenta del bloque de senadores nacionales oficialistas no es una clásica “interna” de la “casta”. Bullrich no tiene suficiente poder hoy para competir con Milei, sueño húmedo del periodismo y de una oposición sin candidato.

Pero la senadora constituye una pieza importante en el mecanismo que hace funcionar al Congreso y que está avisando sobre el abuso de malas prácticas internas que terminan complicando la ya ardua tarea de sacar leyes con bloques minoritarios en ambas Cámaras.

La senadora dice en privado lo que mismo dice en público: que trabajará para la reelección del presidente. No hay por qué poner en duda sus palabras. El problema no es su ambición personal, sino el protagonismo que adquirió como factótum del gobierno en la Cámara alta con amplia repercusión periodística y que en la Casa Rosada celosos guardianes del presidente no toleran.

Por eso los consejeros áulicos del presidente la apartaron del círculo donde se toman las decisiones. Fue un caso de cirugía preventiva incompetente que terminó en escándalo.

Si se deja de lado el ruido mediático, las quejas de Bullrich ¿pueden anticipar problemas en la gestión parlamentaria del gobierno? Nada permite anticiparlo, porque en ese plano hay una novedad que comenzó a funcionar la semana pasada en el Senado y podría ser descrita como una suerte de “intercambio de prisioneros”. Es el producto de una gestión extraparlamentaria a cargo del jefe de Gabinete, Diego Santilli, en conversación con gobernadores peronistas, radicales y de partidos provinciales.

El jueves La Libertad Avanza consiguió la sanción definitiva del proyecto de Inocencia Fiscal II que reclamaba Economía y estaba fondeado desde hacía semanas. Ese día fue sancionada como contrapartida y remitida a Diputados la reforma de la Ley de Biocombustibles reclamada por las provincias azucareras y productoras de cereales desde hace años. Esos distritos están en manos de gobernadores que cuentan con votos clave para el gobierno en las dos Cámaras (ver “Un gobernador en el Senado” en Visto y Oído).

El martes anterior se había reabierto el tratamiento de la reforma electoral en comisión y el miércoles obtuvo dictamen la llamada ley de zonas frías que fue negociada también con gobernadores del NOA y del NEA que salieron de la transacción con valiosos subsidios en electricidad para el verano a cambio de cortar subsidios más costosos al gas para la provincia de Buenos Aires habilitados en su momento mediante un proyecto de Máximo Kirchner.

En suma, empezaron a aprobarse iniciativas pedidas por gobiernos opositores que se traducen en votos para sancionar las leyes que quiere Javier Milei. Por este camino el gobierno espera sacar la reforma de la Carta Orgánica del BCRA, el presupuesto y la eliminación o suspensión de las PASO.

Frente a esta cruzada acuerdista del oficialismo, el peronismo se aferra a una estrategia de bloqueo o rechazo de cualquier proyecto oficial. La actitud es impuesta por un kirchnerismo cada vez más aislado y absorbido por su confrontación con Axel Kicillof. El enfrentamiento entre el hijo de la expresidenta y Kicillof escaló en septiembre con un único beneficiario: Milei. Los conocedores del paño opinan que es el prólogo de una propuesta de Cristina Kirchner consistente en apoyar la candidatura nacional de su exministro a cambio de la candidatura a gobernador bonaerense para su hijo.