OBITUARIO

Falleció a los 100 años Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal

Alan Greenspan, fallecido a los 100 años, fue presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos y, durante su mandato, se le atribuyeron poderes excepcionales para calmar o estimular los mercados a voluntad y para encaminar la economía estadounidense hacia la prosperidad.

Pero tras la crisis financiera de 2008, su reputación quedó marcada desde una perspectiva diferente: fue acusado de haber alimentado la burbuja anterior y admitió haber encontrado "un fallo" en su propia ideología de libre mercado, que había defendido durante toda su vida.

La función de la Reserva Federal (el equivalente al Banco Central de otros países) es proteger el dólar contra la inflación y regular el sistema bancario estadounidense. Su control sobre los tasas de interés es una de las herramientas de gestión más poderosas de la economía global, y al final de sus 18 años en el cargo, en enero de 2006, la gestión de Greenspan en ese sentido era considerada con admiración casi universal, y no solo por los habitantes de Wall Street que se habían beneficiado de una época de dinero barato.

No cabía duda de que sus intervenciones para mitigar las caídas del mercado bursátil en 1987 y 2001, y tras el impago ruso y el colapso del fondo de cobertura LTCM en 1998, marcaron una diferencia crucial tanto a nivel nacional como internacional.

Sin embargo, una minoría de críticos consideró que Greenspan dejaba tras de sí un historial de crecimiento monetario excesivo y de incapacidad para controlar las burbujas de activos -en el mercado bursátil a finales de la década de 1990 y en el mercado inmobiliario a mediados de la década de 2000-, combinado con una peligrosa serie de desequilibrios económicos: una tasa de ahorro negativa, un déficit récord por cuenta corriente y un auge desmesurado de los mercados de hipotecas subprime y derivados.

No solo eso, decían sus detractores, sino que "la promesa de Greenspan" -la creencia de que siempre salvaría la situación bajando las tasas de interés e inyectando liquidez si los mercados se desplomaban y se avecinaba una crisis- había alentado a los banqueros a adoptar patrones de comportamiento irresponsables y actitudes ilusorias ante el riesgo.

Sin duda, todos estos factores contribuyeron a la crisis de 2008, pero Greenspan, en un principio, se pronunció en contra de una mayor regulación del sector financiero. “La flexibilidad del mercado y la libre competencia”, afirmó, “seguían siendo nuestras salvaguardas más fiables y eficaces contra el fracaso económico acumulativo”.

Pero en su testimonio ante un comité del Congreso en octubre de 2008, se declaró “conmocionado e incrédulo” ante el fracaso de los banqueros en proteger los intereses de sus ahorristas, admitió estar al menos “parcialmente” equivocado sobre la necesidad de una mayor regulación y reconoció haber “encontrado una falla” en su arraigada creencia en el poder del capitalismo sin restricciones para hacer lo correcto. “No sé cuán significativo o permanente sea. Pero me ha angustiado mucho este hecho… porque durante más de 40 años he contado con pruebas muy sólidas de que funcionaba excepcionalmente bien”.

QUÉ MEMORIA

Alan Greenspan nació en Nueva York el 6 de marzo de 1926. Su padre era corredor de bolsa, pero sus padres se divorciaron y fue criado por su madre. A los cinco años, demostró una precoz afinidad con los números, incluyendo la capacidad de memorizar los promedios de bateo de las Grandes Ligas de Béisbol. Estudió en la escuela secundaria George Washington y posteriormente cursó estudios de música en la Juilliard School.

Se fue de gira como saxofonista tenor y clarinetista con la Henry Jerome Band. Los músicos de jazz de aquella época eran conocidos por su espíritu bohemio, pero Greenspan dedicaba su tiempo libre a llevar la contabilidad de la banda y a leer libros de economía. “Nunca probó una gota de alcohol”, recordó Jerome. Otro conocido comparó a Greenspan con Clark Kent, el alter ego de Superman, siempre pulcro y con gafas.

Tras un año con la banda, Greenspan se matriculó en la Universidad de Nueva York para cursar un máster en economía. Posteriormente, inició (aunque no completó) un doctorado en Columbia, donde se convirtió en discípulo del economista Arthur Burns, quien llegaría a ser presidente de la Reserva Federal durante la década de 1970.

En 1953, Greenspan fundó una consultora con William Townsend, un antiguo operador de bonos de Wall Street, para ofrecer servicios de investigación y previsión a clientes empresariales. Greenspan se convirtió en presidente de la empresa cuando su socio falleció en 1958.

En 1952, Greenspan cayó por primera vez bajo la influencia de Ayn Rand, la novelista y filósofa de origen ruso cuya teoría del objetivismo promovía el “egoísmo racional”, la creencia de que la sociedad funciona de manera más eficiente cuando las personas persiguen su propio interés.

Greenspan ya era, en sus propias palabras, “un defensor del libre emprendimiento en el sentido de Adam Smith”, pero Rand le hizo comprender “por qué el capitalismo no solo es eficiente y práctico, sino también moral”.

Fue por instigación de Rand que Greenspan se unió al equipo de campaña presidencial de Richard Nixon en 1967 como director de investigación de política nacional. Aunque rechazó la oferta de un puesto de tiempo completo en la administración Nixon, pasó a formar parte de varios comités económicos y, en 1974 (animado por Burns, quien le dijo que era su deber patriótico luchar contra la inflación), aceptó a regañadientes el puesto de presidente del consejo de asesores económicos de la Casa Blanca.

Para cuando asumió el cargo, Nixon ya había caído. Durante los tres años de la presidencia de Gerald Ford , Greenspan contribuyó a reducir la inflación del 11% al 6,5%, pero al hacerlo cometió un raro desliz público: “Si se analiza en términos porcentuales quiénes fueron los más perjudicados (por la inflación)», dijo, «fueron los corredores de bolsa de Wall Street”. En términos porcentuales, puede que tuviera razón, pero más tarde se sintió obligado a añadir: “Obviamente, los pobres son los que más sufren”.

Tras la elección de Jimmy Carter en 1976, Greenspan volvió a trabajar como consultor. Ocupó cargos directivos en empresas como Morgan Guaranty Trust, Mobil y General Foods, entre otras; también lanzó una fallida iniciativa de gestión de fondos y apareció en anuncios televisivos de Apple.

En agosto de 1987 Reagan lo eligió para suceder al muy respetado y ferozmente independiente Paul Volcker, nombrado por Jimmy Carter, quien había derrotado la inflación a principios de la década de 1980, como presidente de la Reserva Federal.

Inicialmente, existía el temor de que Greenspan fuera un nombramiento partidista. Pero, aunque fue republicano toda su vida, nunca fue un ideólogo rígido; más bien, como dijo un amigo, era “un economista ecléctico con una marcada tendencia conservadora” que tomaba decisiones basándose en los datos que tenía a su disposición.

Un mes después de asumir el cargo, las señales inflacionarias lo llevaron a elevar la tasa de descuento de la Reserva Federal (a la que presta a los bancos miembros) del 5,5% al 6%, el primer aumento desde 1984. Al mismo tiempo, alertó a su equipo sobre la posibilidad de una caída del mercado bursátil, que efectivamente se produjo en octubre, en el llamado Lunes Negro. Greenspan pasó la noche al teléfono desde la habitación de un hotel en Dallas, tranquilizando a los principales actores del mercado. La caída lo obligó a dar un giro radical en su política monetaria -inyectó liquidez en el sistema para evitar colapsos-, pero fue ampliamente elogiado por su gestión de la crisis.

Si bien la recesión de principios de la década de 1990 fue la consecuencia inevitable de los excesos de la década de 1980, los recortes de las tasas de interés implementados oportunamente por Greenspan contribuyeron a acortar su duración y a resolver la crisis de las cajas de ahorro y préstamo: la amenaza de quiebra de los bancos más pequeños como resultado de una explosión de deudas incobrables. Sin embargo, con su habitual cautela, Greenspan no quiso reactivar la economía demasiado rápido, lo que podría haber favorecido la reelección de George Bush padre en 1992.

CON CLINTON

Durante la presidencia de Bill Clinton -con quien, a pesar de las diferencias políticas, forjó una buena relación de trabajo-, Greenspan fue elogiado unánimemente por su habilidad para anticipar los impulsos inflacionarios durante un período de crecimiento sostenido. Para cuando su nominación para un tercer mandato de cuatro años fue confirmada tardíamente por el Senado (por 91 votos contra 7) en 1996, la economía estadounidense rara vez había estado en mejor estado, con baja inflación y desempleo, un crecimiento muy superior al 3% y un mercado bursátil en auge.

Los analistas discreparon sobre si esto se debía principalmente a Greenspan o al llamado nuevo paradigma (de eficiencia impulsada por la tecnología y la reducción de costos), que parecía permitir mantener altas tasas de crecimiento sin un aumento de la inflación.

El uso que hizo Greenspan de la expresión «exuberancia irracional» para describir el vertiginoso aumento de los precios de los activos estadounidenses en diciembre de 1996 provocó un desplome temporal de 30.000 millones de en el valor de las acciones en todas partes.

Sin embargo, el impasible Greenspan solía mantener sus opiniones impenetrables, o al menos abiertas a diversas interpretaciones. “Si me he explicado con demasiada claridad, es que me han malinterpretado”, fue probablemente su frase más famosa.

Greenspan desplegaba una aguda intuición política, un ingenio sutil y modales corteses, pero poca conversación trivial. Le encantaban los detalles estadísticos y disfrutaba desconcertando a audiencias sofisticadas con referencias a la “debilidad en los pedidos de camiones de Clase 8” y otras minucias. La opacidad de sus declaraciones públicas frustraba a algunos políticos e inversores.

EL RETIRO

Publicó sus memorias, La era de la turbulencia, en 2008, y El mapa y el territorio, un análisis de los escollos de la previsión económica, en 2013. Su último libro publicado fue El capitalismo en Estados Unidos: una historia (junto con Adrian Wooldridge, 2018). Fue condecorado con la Medalla Presidencial de la Libertad, Comendador de la Legión de Honor y recibió el título honorífico de caballero de la Reina Isabel II en 2002.

Para relajarse, Greenspan disfrutaba jugando al tenis, era seguidor del equipo de béisbol New York Mets y seguía tocando el clarinete cuando el tiempo se lo permitía. En 1952 se casó con la artista Joan Mitchell (quien le presentó a Ayn Rand), pero el matrimonio duró menos de un año. A partir de entonces, permaneció soltero hasta pasados los 70 años, aunque se le veía con frecuencia en fiestas de alto nivel en Nueva York y Washington en compañía de glamurosas acompañantes como la locutora Barbara Walters .

Finalmente, en 1997, tras doce años de noviazgo, se casó con Andrea Mitchell, corresponsal de la NBC. Un testigo comentó que se permitió sonreír un par de veces durante la ceremonia; otro, que vestía su habitual traje azul, pero que le plantó un beso muy largo a su esposa. Ella le sobrevive.