Había una vez…

FATE y una santa

Siempre trato de mantener la esperanza. De la virtud teologal no dudo por pura Gracia de Dios. Pero de sus hijas…

Espero con el corazón ardiente que nuestra pobre Patria Argentina salga algún día adelante. La realidad nos muestra que día a día seguimos envileciéndonos, embruteciéndonos, degradándonos. El pez se pudre empezando por la cabeza, y también les pasa lo mismo a las naciones. En el peor “tren fantasma” que yo podría llegar a soñar, incluiría como “monstruos” a todos nuestros últimos presidentes y a sus cómplices. Monstruos más o menos risibles, lo acepto, hasta grotescos, pero igualmente destructores. Me los imagino bailando, como ya los vimos. Hay algo que no se explica. “El país más rico del mundo”, nos llamaba el Dr. Abel Albino haciendo una simple cuenta: recursos naturales divididos por la cantidad de habitantes. Potencialmente al menos es cierto. La realidad nos muestra otra cosa: nuestra decadencia sin fin. Las esperanzas humanas siempre frustradas, una tras otra.

¡Qué terrible debe ser tener al mismo tiempo conciencia y una empresa con cientos y miles de empleados en estos días! Me lo decía el año pasado, charlando con el dueño de una PYME. Masoquista parecería… Las continuas crisis de la Argentina (en parte también del mundo), le quitarán el sueño hasta a los más valientes. Planificar, se puede hasta ahí nomás… Es así que, si antes nuestros padres soñaban en grande y fundaban empresas, hoy sus sucesores, sus nietos, solo sueñan “en chico”: viajar y usar sus titulitos universitarios para jugar a ser camareros o recolectores de kiwis allende los mares. Es lo que podría llamarse “la Argentina suicida”.

APOSTAR POR LA EDUCACION

A pesar de todo, es el camino que nos queda para no caer en la desesperación “nacional” (y es también algo que no estamos haciendo nada bien). Del otro lado, el de la impotencia, queda, como cantaba Edmundo Rivero ya en los 60, la sinrazón de “tirarse un lance”: “El mundo ya está frito como un tocino…/ y vos seguís yugando como un león… ¡Tirate un lance, la suerte es loca /como la boca de una mujer!”

Pero, lo sabemos: ¡la mayoría de los que apuestan “a un lance” pierden!

Claro. La mayoría absoluta. El 99,99 % pierde. Los que ganan en serio, siempre fueron por otro camino: el camino silencioso de la honestidad, del trabajo y del estudio. Los otros, aunque lleguen a ser millonarios, siempre pierden. A la larga, o a la corta.

Y AQUI LLEGAMOS

En estos días hace mucho ruido el cierre de FATE. Le llovieron palos a la espalda del patrón: Javier Madanes. No lo conozco, pero sé lo que es sufrir como industrial en la Argentina. No lo conozco, pero confío absolutamente en alguien que sí lo conoce: el Padre Juan Pablo Jasminoy. Juntos hace muchos años que vienen apostando a lo seguro: a la educación. Juntos fundaron el Colegio Madre Teresa de San Fernando. Eligieron como alumnos a los más necesitados, a los menos favorecidos. Juntos les cambiaron la vida a miles de jóvenes.

Lo demás, lo que llevó al cierre de FATE, no lo sé. Me puedo imaginar muchas cosas, pero eso no importa: es una historia triste que por ahora está terminando mal. No es la primera fábrica que cierra, ni será la última. Es algo que no solamente pasa en nuestro desdichado país. Lo que sí sé es que, en determinado momento, ellos supieron apostar sobre seguro, no se “tiraron un lance”; se arriesgaron a seguir un modelo heroico, el de Santa Teresa de Calcuta, y se ocuparon de aquellos a los que los demás rechazaban. Apostaron a estudiar y trabajar. Les fue bien, espléndidamente bien y por eso merecerán siempre nuestra admiración y respeto.

CARTE DEL PADRE JASMINOY

El Padre Juan Pablo Jasminoy hizo pública una carta que quisiera que lean. Nobleza obliga:

“En estos días he leído y escuchado en distintos ámbitos -incluidas las redes sociales- duras críticas y descalificaciones hacia Javier Madanes, a raíz del cierre de la empresa Fate S.A. Como amigo y como testigo directo de su trayectoria humana y social, considero necesario aportar una mirada distinta, basada en hechos concretos.

Uno de esos hechos es su compromiso con la educación de los niños y jóvenes más humildes. En plena crisis del año 2002, convencido de que allí se juega el futuro de una sociedad, donó el terreno, financió la construcción y sostiene hasta hoy el funcionamiento de un colegio de jornada completa y gratuito: el Colegio Madre Teresa. Allí asisten más de 1.300 alumnos de los barrios más vulnerables de Virreyes, recibiendo una educación de calidad que ha transformado de manera concreta la vida de familias históricamente postergadas. El colegio fue reconocido entre los diez mejores colegios del mundo.

Ese mismo compromiso se expresó en el deporte. En 2003, cuando comenzaba el Virreyes Rugby Club, autorizó que más de 300 chicos de los sectores más humildes de San Fernando pudieran ingresar a la fábrica para entrenar, jugar y formarse en valores. Cientos de jóvenes y sus familias encontraron allí contención y oportunidades. Muchos de aquellos jóvenes, hoy dirigentes y entrenadores, recuerdan que el club “los sacó de la calle” y les abrió un horizonte distinto. Estas iniciativas no fueron hechos aislados. Quienes lo conocemos sabemos que, además de estas obras, ha sostenido de manera constante, silenciosa y lo sigue haciendo, múltiples acciones solidarias, educativas y sociales.

Doy fe de que desde hace años trabaja para sostener la empresa Fate S.A., aún en un contexto industrial cada vez más complejo.

Como creyente, estoy convencido de que la dignidad del trabajo y la responsabilidad social no se miden solo por balances o resultados, sino también por el bien sembrado, muchas veces en silencio. Dar testimonio de la verdad, aún cuando no sea cómoda, es también una forma de cuidar el bien común. Desde esa convicción comparto estas palabras, con respeto, con dolor por la situación y con esperanza. Nadie con responsabilidad social puede desear el cierre de una fuente de trabajo, ni la pérdida de una empresa construida con esfuerzo familiar a lo largo de generaciones. Por eso, frente a versiones parciales y agravios injustos que circulan sobre su persona, sentí la necesidad de compartir este testimonio, con la convicción de que el debate público merece basarse en una mirada honesta y completa sobre las personas y sus trayectorias.

Atentamente, Pbro. Juan Pablo Jasminoy”