El columnista invitado

Excomulgados: la FSSPX, John Wick, y el munipismo



Por Leonel Di Camillo

El planteo del planteo. No pienso hacer un análisis teológico, ni eclesiológico, ni de derecho canónico de la compleja situación entre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y a las autoridades actuales del Vaticano.

Mucho menos voy a hacer una versión apócrifa (de las que cada comentarista tiene al menos 40 versiones) sobre la historia previa de todo el conflicto, que comienza propiamente con las ordenaciones episcopales de Mons Lefebvre y Mons Castro Mayer, y se remonta a los años del Concilio Vaticano II.

Muchos ríos de tinta ya han corrido al respecto (imagen anacrónica, si las hay… y como tal, aún efectiva). Pero sí quiero hacer un comentario sobre el problema de fondo, que es en mi humildísima y extraordinariamente incalificada opinión: el munipismo. Es decir, la actitud falsamente legalista del empleado (arquetípicamente) municipal inútil y vago. Y lo haré tomando un ejemplo del cine reciente, un ejemplo profano, pero sorprendentemente análogo: el que da lugar a la saga de John Wick. Antes de que alguno diga “oh qué horror, cómo vas a comparar esta grave crisis eclesial, y vas a referirte a las más altas realidades humanas, con semejante ejemplo de antihéroe, del bajo mundo del entretenimiento… ”.

Respondo cortamente que nadie toma ninguna decisión, ni siquiera de la más grave profundidad, como si estuviera componiendo un expediente de relojería genealógica. Casi siempre, para casi todo, alcanza y sobra el sentido común. Con lo cual, el ejemplo ilustra y el punto se entiende claramente.

MUNIPISMO

Primero, nobleza obliga a hacer algunas cosas que no hace Tucho, O besuqueiro: presentar los términos del tema claramente.

“Munipismo” es el hábito y actitud del prototípico empleado municipal, a todo efecto inútil, meridianamente vago, y fatalmente legalista.

Es el típico empleado que atiende al público y te dice, “no te puedo ayudar, porque le falta el formulario 92 A 83 B, que podés completar bajándote la app del soberano gobierno al que le debo mi vida y el que me permite por su venturosa merced existir”, luego de verificar tu identidad biométricamente con una sonda; método de evidente agrado de Tucho y muchos otros funcionarios vaticanos. El munipismo es la incapacidad de hacer nada útil por nadie, por una combinación de pereza y miedo, racionalizada y cubierta por “la letra de la ley”. El munipa es el cultor del munipismo, que, como sabemos y vale aclarar, ni son todos los empleados municipales, gracias a Dios, ni sólo se encuentran allí. Están en todos lados, en todas las dependencias públicas de todos los estratos, y aún más increíble y ridículamente, enquistados en empresas de todo tipo y tamaño; el munipa, como el punga, acecha en cualquier oficina mohosa.

El problema es que el munipa sabe que su puesto está seguro mientras siga a pie juntillas la letra de la ley que le toca más directamente. El munipa es impermeable a toda Constitución, pacto internacional, o gran legislación. El munipa ni siquiera sigue las normas generales de su puesto. La única ley del munipa es el procedimiento específico del trámite en cuestión. Cualquier cosa fuera de eso, aunque sea algo que engloba a ese procedimiento, es irrelevante e inexistente. Su horizonte se limita al contorno del mate y las Don Satur. El munipa prototípico no te deja pasar la VTV porque tenés sucio el espejo retrovisor. Los munipas premium del mundo corporativo son los que famosamente compran IBM “porque a ningún gerente nunca echaron por comprar IBM”.

El munipa Vaticano comunica excomunión automática por consagrar obispos sin mandato papal.

JOHN WICK

La saga del personaje de marras comienza al final de su segundo capítulo. Tras la primera película, que sólo apenas muestra algunos indicios del mundo del hampa subterránea al que pertenece John Wick, se ciñe a la fórmula de ex-criminal que vuelve a su antiguo negocio por venganza personal, y que en la segunda, tiene como móvil el deber.

Allí, Santino D’Antonio, un poderoso miembro de mafia, abusando de una deuda de honor que John tiene con él, lo manda a matar a su hermana, para hacerse del total control de sus operaciones criminales. Una vez que John cumple con el pedido de Santino, éste con el doble propósito de encubrir la orden dada y para dar la impresión de que “honorablemente”, venga la muerte de su hermana, traiciona a John Wick, poniéndole un precio a su cabeza. John elude múltiples intentos de asesinato que quieren hacerse con la recompensa por su cabeza y lo encuentra en el Hotel Continental, en donde, según las reglas de la mafia, no se pueden “hacer negocios”, es decir, nadie puede matar a nadie ahí.

El plan de Santino es simplemente quedarse en el hotel, sabiéndose a salvo de las balas de John, y esperar a que alguno, tentado por la creciente recompensa, viole las reglas del Hotel (y de la mafia en general) y mate Wick. Para Santino, es cuestión de esperar. Nadie va a dudar que actuó según los códigos de la mafia, vengando a su hermana y mandando a matar a su ejecutor.

Mientras tanto, puede seguir manejando su imperio criminal en la seguridad del Continental.

Para John, la situación es irresoluble, Santino no va a admitir la doble traición, a su hermana y a él y si no hace nada, es cuestión de tiempo para que lo maten. Por otro lado, si mata a Santino allí, será un paria en el mundo criminal, excluído de todo y a merced de todos: excomulgado.

LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PIOX

Con el fallecimiento de Monseñor Tissier de Mallerais en 2024 y la de Monseñor Williamson en 2025 (aunque ya alejado de la Fraternidad desde el 2012), a la FSSPX le quedaban dos de los cuatro obispos que consagró Monseñor Lefebvre. Dos obispos mayores… sólo dos, para consagrar sacerdotes en sus seminarios y para administrar la confirmación a sus fieles.

Dos obispos para una orden que tiene cientos de sacerdotes y religiosos, y decenas de miles de fieles en todos los continentes. Para el Vaticano, lo más sencillo era esperar. Con las excomuniones a los obispos originales levantadas, con las dispensas y facultades otorgadas en el anterior papado y con la letra de la ley de su lado, nadie podría dudar de la buena fe (sic) del Vaticano hacia la FSSPX. Después de todo, más temprano que tarde, Dios llamaría a juicio a esos obispos y, ya sin ellos, la Fraternidad debería recurrir suplicante a Roma, al menos, para sostener su actividad pastoral. Sin obispos, no habría más sacerdotes ni confirmaciones y ese molesto invento lefebvriano moriría de las canas de la muerte natural… como la gran mayoría de las órdenes religiosas de la primavera conciliar. Las objeciones teológicas y doctrinales quedarían olvidadas o limitadas a algunos grupos o congregaciones pequeñas, a las cuales, sin escala, se las podrá sin más omitir como “los loquitos que cantan en Latín”. En términos de prensa y percepción pública, es un plan impecable: exhibo benevolencia pública, no respondo a ninguna crítica (regla número uno del Club de la Pelea –política–: nunca admitas nada), y dejo que el tiempo entierre enemigos y objeciones. Brillante.

WINSTON Y TUCHO

Como John Wick, la FSSPX, no podía quedarse de brazos cruzados esperando… ni Santino iba a confesar su traición, ni el Vaticano iba a contestar objeciones. ¿Qué podían hacer? En la ficción, al final John ejecuta a Santino para poner fin al contrato que le ponía precio a su cabeza. En la realidad, el primero de Julio pasado, la FSSPX consagra cuatro nuevos obispos para asegurarse su continuidad pastoral y, aún más importante, sus cuestionamientos teológicos. En ambos casos, bajo la letra de la ley, les cabía la pena de excomunión y serían parias entre pares, los leprosos en sus comunidades y si de un munipa dependiese, les caería todo el peso de la ley.

En la historia de John Wick, sin embargo, Winston, el administrador del Hotel, con un guiño nos muestra que la ley está a su servicio y muy por debajo de la amistad que tiene con John, aún en el impío mundo de John Wick.

Las leyes están al servicio de bienes superiores Winston no es un munipa, y le da a John tiempo para escapar. Una hora en la que retrasa la comunicación de su crimen –y automática excomunión. Con esa hora, John huye para seguir alimentando los bolsillos de los estudios con dos entregas más de su saga (por ahora).

En el caso de la Fraternidad, Tucho, el hijo pródigo de Alcira Gigena, decide en un veloz rapto de celo munipístico, al día siguiente de las ordenaciones, publicar una “Nota explicativa” en la que aclara que quedaban excomulgados no sólo los obispos consagrantes y consagrados, sino todos los sacerdotes y religiosos que conforman la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, y también, para rematar, los laicos. Es decir, en honor a la memoria de su mecenas: “todos, todos, todos”.

Mientras tanto, la Iglesia Alemana, Jimmy Martin, el Padre Guilherme, Sor Caram y tantos otros continúan en muy súper plena comunión.
“Al amigo todo, al enemigo ni justicia”.

Tal vez, con menos munipas en el Vaticano con miedo a quedarse sin el cappuccino con cornetto de cada día no hubiera pasado nada. O tal vez, es la Providencia del Dios de las sorpresas.