Evo Morales, el tirano

Evo Morales intentaba obtener el cuarto período consecutivo como presidente cuando la Constituciòn de Bolivia sólo permite hasta dos mandatos consecutivos. ¿Cómo pudo suceder?

En nuestro imaginario colectivo un golpe de Estado involucra a los militares, pero no es necesario que desfilen tanques en la capital. Un golpe de Estado implica la interrupciòn del orden constitucional y la usurpación de la soberanìa del pueblo. Este proceso se dio hace años en Bolivia y fue realizado por el mismo Evo Morales.

José Antonio Rivera, catedrático de derecho constitucional y ex magistrado del Tribunal Constitucional de Bolivia, nos explica este proceso en su texto "Reformas constitucionales y justicia electoral". Cuando Evo Morales llegó al poder, la Constitución de Bolivia no permitía la reelección. Impuso una nueva Constitución sin consenso y de manera ilegal: se promulgó sin llegar a los dos tercios de votos requeridos, se votaron índices y bloques enteros sin discutirlos, se les restringió el acceso a la sala de sesiones a partidos opositores. Hasta tuvieron que votar dentro de un cuartel militar para protegerse de las protestas masivas del pueblo.

Durante el proceso, Evo removió a los jueces del Tribunal Constitucional para evitar que fallaran en contra de los vicios de inconstitucionalidad en el procedimiento de aprobación y mantuvo desiertos a sus cargos durante años hasta que designó a obsecuentes por decreto y sin debate público.

La nueva Constitución dictaminó que se desmantelarían los tribunales, y que los nuevos jueces de los tribunales superiores serían elegidos por voto popular directo -aunque preseleccionados por Evo y sus partidarios-. Esta votación generaría una falsa imagen de legitimidad -aunque finalmente hubo más de 60% de abstenciones y votos nulos-.

Los jueces no deben ser electos por votación directa porque ejercen un control contramayoritario: para cumplir con los ideales imperecederos de justicia, igualdad y libertad, el magistrado debe mantenerse ajeno a las pasiones transitorias que pueden nublar el juicio de las sociedades. Más aún, en una democracia los jueces deberían ser electos mediante sorteo, sin siquiera mediar las pujas de poder por parte de políticos con intenciones facciosas -la Argentina tampoco cumple con este requisito.

Evo limitó el período de los cargos de los magistrados a seis años -sin reelección-, dañando el principio de estabilidad de los jueces, fundamental para garantizar su independencia. Inclusive, podían ser electos sin tener un título de abogado, lo que facilita su manipulación. El sistema judicial de Bolivia dejó de existir en los hechos. Sólo quedaba una fachada.

USURPADOR DEL PODER

Evo se presentó a la reelección y ganó. Fue una elección viciada de nulidad porque, como dice Rivera, además de que la reforma no alcanzó los votos necesarios, la Constitución preveía desde 1967, con sano criterio, que una reforma referida al mandato o la reelección de un gobernante no sería aplicada a quien estuviera en el poder sino a quien lo sucediera. Es decir, nadie podría impulsar su propia reelección. Al asumir el primer día de su segundo mandato Evo se convirtió en un usurpador del poder del pueblo boliviano.

Nuevamente en el gobierno, pidió al sumiso Tribunal Constitucional que le permitiera competir por un tercer mandato. Mediante un fallo fraudulento, dijeron que su primer período de gobierno no debía contarse. Así, no buscaría un tercer mandato sino recién el segundo. Este fallo constituyó una ruptura constitucional. En el momento en que Evo Morales tomó el poder de su tercer período consecutivo se convirtió, nuevamente, en un usurpador de la soberanía del pueblo boliviano. Obtuvo el poder de manera fraudulenta, interrumpiendo el orden constitucional. Se convirtió en un gobernante de facto.

Evo Morales dejó muy en claro su pensamiento en el 2008 cuando dijo: "Yo le meto por más que sea ilegal. Después les digo a los abogados: `Si es ilegal, legalicen ustedes; sino para qué han estudiado". Tal es su desprecio por la ley y la democracia constitucional.

Desenfrenado por poder, intentó buscar un cuarto mandato. La nueva Constitución puede ser modificada con una ley en el Congreso seguida por un referéndum aprobatorio. Sus legisladores aprobaron la ley, pero el pueblo votó en contra.

Contra las cuerdas, Evo se sinceró. No necesitaba del voto popular. Siempre había sido sólo una fachada. El Tribunal Constitucional Plurinacional -de modo fraudulento y en un fallo vergonzoso- dio de baja la restricción al poder hegemónico: se permitió la reelección indefinida.

En las últimas elecciones de octubre pasado, el pueblo volvió a votar en su contra. Esta vez Evo realizó el fraude a gran escala.

ACUARTELADOS

Frente a la protesta por el fraude, y con tensiones sociales crecientes, el Ejército se acuarteló. No buscaron obtener puestos, no tomaron las calles ni las instituciones. Acertadamente se alejaron del conflicto, porque el Ejército no es la manera de contener la protesta social. Deben haber fuerzas intermedias, cada una con la preparación adecuada para cada tipo de disturbio. El criterio de Responsabilidad de Proteger, entronizado por la ONU, aplica a Cascos Azules y a ejércitos nacionales: un ejército tiene el deber de negarse a realizar crímenes atroces en nombre de un gobernante que se los exija. Su responsabilidad es proteger al pueblo y proteger un ámbito de diálogo y respeto mutuo. Así actuó el Ejército en Bolivia.

Es curioso que muchos que dicen rechazar la represión pedían a gritos una represión sanguinaria en Bolivia. No se rigen por ideales, sino por conveniencia política.

En cuanto a la renuncia de Evo, debemos entender que un presidente es simplemente un servidor público, como cualquier otro. Es cierto que tiene más responsabilidades que un voluntario que atiende en un puesto de la municipalidad, o que quien es presidente de un consorcio. Pero, en esencia, no hay diferencia. Sólo debe moverlo la voluntad de ayudar al bien común. Y si deja de servir para su posición porque hay circunstancias que superan a sus capacidades o a su buen nombre, y se trata de una cuestión acuciante para la sociedad y de gravedad institucional, la renuncia puede ser una buena salida para facilitar esa resolución. Como en cualquier trabajo. Para eso hay una línea sucesoria mientras dure el mandato. El apego a una persona por sobre el sistema es una visión que pertenece a la monarquía y no a la democracia. En la democracia constitucional nadie está por encima de la ley.

Evo doblegó al Poder Legislativo, siendo él quien preseleccionaba a los legisladores -similar a lo que sucede en la Argentina con las listas sábana-. Destruyó al Poder Judicial, poniéndolo bajo sus órdenes. Impuso una Constitución ilegal y luego la quebrantó por su propia conveniencia: realizó un tercer mandato y fue en busca de un cuarto. Realizó fraudes en las elecciones e incumplió votaciones contrarias a sus aspiraciones. Evo concentró el poder político en su persona, eliminando la independencia de los órganos de poder, el sistema de frenos y contrapesos y gobernó vulnerando la Constitución. No hubo golpe en Bolivia contra Evo: fue Evo el golpista, el tirano que usurpó la soberanía del pueblo de Bolivia una y otra vez desde hace años.

UN LARGO CAMINO

La tiranía es la acumulación de poder para hacer un uso arbitrario, sin límites, intimidando y sometiendo al pueblo, movida por el capricho y la simple satisfacción de su propia ambición, venganza y codicia. La tiranía es la injusticia convertida en poder político. Y eso es en lo que se convirtió Evo Morales.

En Bolivia aún queda un largo camino por recorrer para mejorar los controles al poder, para mejorar la justicia y la inclusión social. Pero la respuesta no es desmontar la democracia constitucional como hizo Evo. Se la debe mejorar y corregir, pero protegiéndola, no atacándola, porque no hay tal cosa como un tirano bondadoso, porque lo que promete -y aún lo que da- siempre puede quitarlo despues.

Debemos alzar nuestras voces en contra de la demagogia y la tiranía -que van de la mano-, sin importar a qué tendencia o afinidad digan -falsamente- pertenecer. Todo lo que exista por fuera del respeto a la Constitución no pertenece ni a la izquierda ni a la derecha: son simplemente tiranías.

El canciller Felipe Solá dijo que el requisito para permitirle a Evo Morales mantenerse en la Argentina era que no hiciera declaraciones públicas ni campaña política. Luego de romper su promesa con el acto público que llevó a cabo el 22 de enero pasado debemos pedir que Evo, el tirano, sea expulsado de nuestro país.