SE LUCE EN LA COMEDIA ESPAÑOLA 'LAS QUE GRITAN'

Eugenia Guerty, obrera de la actuación

Junto a Julia Zenko, Laura Novoa y Karina Piñeiro sale a escena en el teatro Metropolitan, dirigida por Manuel González Gil. Añora la continuidad laboral y los años dorados de las telenovelas.

“¿Se ve trucho?”, pregunta, desde el otro lado del zoom, Eugenia Guerty sobre su cabello en escena. Y no, no se ve trucho sino voluminoso, largo, sano. Al punto de parecer un recurso visual. Y al contemplarla de civil se verifica que todo en ella es real, y no solo el pelo.

Relajada, sin apuros y con el celular bien al costado, sin darle mucha importancia. Sus dos hijos aparecerán de vez en cuando durante la charla. Ella los atiende y sigue conversando.

Actriz de raza, con largos años en escenarios -‘Tarascones’ en teatro, ‘Campeones’ en TV y ‘Granizo’ en cine-, Guerty es una figura muy respetada en el medio. Por estos días se luce en ‘Las que gritan’, una obra de origen español, adaptada por Manuel González Gil y su hija Sofía, en el teatro Metropolitan (sábados a las 23 y domingos a las 21).

En escena, mientras revolea su larga melena, aparece junto con Julia Zenko, Laura Novoa y Karina Piñeiro (también productora). Su personaje, Lourdes, resulta muy particular porque es una religiosa que vive en un convento. Su madre -interpretada por Zenko- decide darle a ella y a sus otras dos hijas algunas lecciones de vida. La mujer tiene serios problemas de salud y quiere que sus herederas no repitan sus supuestos errores. Todo tiene un tono liviano, de comedia, pero el personaje de Guerty aparece como disruptivo en el sentido de que se planta en su vocación a pesar de los “mandatos de vida” de su madre.

La actriz le pone verdad a las decisiones del personaje y eso es algo que el espectador agradece, sea el formato que sea -comedia, drama, dramedy-.

-La obra resulta entretenida, tiene algo muy vivo.

-Eso nos dice el público, recibimos muchos elogios, por suerte. Este trabajo fue uno de los más desafiantes para mí. Vengo de familia religiosa, tomé la comunión, pero después me alejé. Reconectar con lo espiritual desde otro lugar fue muy fuerte.

-Esta mujer me pareció interesante porque se juega por su vocación, la defiende frente a esa madre que tiene ideas bastante particulares sobre lo que deben hacer sus hijas.

-Está bueno lo que decís. Te voy a decir algo: no lo habíamos pensado, yo no lo había pensado. Nosotras lo tomamos desde el romanticismo de una persona que por cuestiones de salud hace un balance de su vida y, en vez de deprimirse, cree que el mejor legado que puede dejarle a sus hijas es decirles: no pierdan el tiempo como lo perdí yo, disfruten la vida, elijan, decidan, y lo que decidan háganlo con amor, pasión y convicción.

-Vieron esa parte buena.

-Sí, tal cual. Ahora, lo que vos decís está muy bien: qué intensa la madre, ¿no? ¿Hasta cuándo?

-En un momento, le dice a la hija interpretada por Piñeiro: “vos no tenés que estar sola”. Eso no está problematizado en la obra, se lo tira así nomás, en seco. Quizá porque el texto es español. Nosotros, los argentinos, como hijos del psicoanálisis, tal vez le damos más vueltas a las cosas.

-Yo elegí otro camino, justamente por haberlo transitado demasiado. En esta mirada que tengo hoy le huyo al exceso de rosca. Hay rosca en los vínculos, claro, una que está atravesada por el psicoanálisis.

-En un momento, sin espoilear demasiado, Lourdes le dice a la madre: “Hice lo que vos no querías y estoy feliz”.

-Ahí hay una decisión de vida auténtica, feminista. Eso fue algo interesante que me propuso Manuel González Gil. Cuando me reuní con él, le dije que me parecía que todas cambiaban menos Lourdes. Me parecía raro. Yo quería que ella también cambiara. No dejar la religión sino encontrarle una vuelta: seguir con su vocación de servicio, pero desde otro lugar. Él me dijo: “Ella pasa de hacerlo a elegirlo”. Y ahí me quedé pensando en cómo contar ese cambio interno en teatro, a grandes trazos. Me costó imaginarlo, pasarlo por el cuerpo, mostrar esa sutileza en una hora de obra. Fue un desafío enorme.

-Creo que quedó bárbaro. Hay algo muy genuino en que ella elija eso y en cómo está representado. Es honesto y sincero.

-Cuando habla de su ansiedad, eso resuena. Si estás en un lugar donde no sentís ansiedad, tal vez ese sea un buen parámetro.

FAMILIA DE ACTORES

Guerty, de familia de actores, escritores, gente del arte, recuerda en la entrevista con La Prensa a todos sus compañeros. “Trabajar con Manuel fue un lujo. Sabe lo que quiere, conoce al público, conoce el corazón de los personajes. Como director me fue llevando por un viaje mágico. Él vio algo que yo no veía y tenía razón. Todo el proceso fue intenso, pero con una armonía que hoy se agradece mucho. Trabajar con Julia, con quien me une tanto amor, encontrarme con ella en escena es una maravilla. Laura, a quien conocía mucho pero con quien nunca había trabajado; Karina...Un placer, todas. Yo cumplí treinta años viviendo de esta profesión, y para mí el éxito es eso: poder vivir de lo que amo”.

-¿Conforme con la carrera?

-Estoy conforme con mi carrera, con mi presente. Me habría gustado hacer más cine, pero hoy casi no hay. Igual, repito, poder llegar hasta acá viviendo de esto es alucinante. No es fácil, acá ni en ningún lado. Somos muchos, hay menos trabajo, la crisis cultural se siente. Poder sostenerlo es un privilegio y también mucho trabajo. Hoy es muy difícil vivir del arte. La televisión daba una continuidad que hoy no existe. Extraño las telenovelas argentinas, incluso como espectadora. Las plataformas no reemplazan eso.

LA CRIANZA

‘Las que gritan’ encuentra a Guerty en un momento de su vida muy abocado a la crianza de sus dos hijos, cada uno con sus particularidades. “Tengo dos hijos chicos -explica-. El mayor, Simón, de diez años, terminó el colegio. El más chico, que está cerrando su año, se encuentra dentro del espectro autista. Lo cuento porque es parte de nuestra vida, pero él no es eso: él es Pol. El autismo no lo define. Es una condición pero las terapias son caras, llevan tiempo, y limitan mucho el trabajo pero estamos viendo logros enormes. También luchamos para que la ley se cumpla.

-Imagino que la logística entre la casa y el trabajo debe ser complicada.

-Todo demanda mucha energía. Tengo pareja, convivimos, somos un equipo con los chicos. La logística es compleja sí, pero vamos para adelante.

Hacia el final, la actriz hace una sonrisa y mueve su pelo ondulado como en escena. Se la ve contenta y relajada. Tanto que confiesa una de las claves de su “bienestar”. Dice que le sacó el tilde azul al WhatsApp: “Me generaba una ansiedad tremenda. Ahora al teléfono lo uso como si fuera mail, no contesto al instante. Lo saqué para sobrevivir”, asegura entre risas.