“Este año la Argentina tendrá récord de exportaciones”

Es el inicio de una etapa con grandes números para el comercio exterior, asegura Marcelo Elizondo. “Con este tipo de cambio se puede ser competitivo”, enfatiza el especialista. La baja de las importaciones refleja la caída de la actividad económica.

El primer trimestre del año no le regaló buenos números al Gobierno. Aumentó la desocupación, se incrementó el empleo no registrado, se disparó la inflación y se hundió la actividad económica. Sólo el intercambio comercial, donde volaron las exportaciones, dibujó una sonrisa en el equipo económico.

Lo cierto es que, una vez más, el sector agroexportador ofició de motor a la hora de generar dólares contantes y sonantes. De hecho, las ventas de productos primarios redondearon los u$s 2.349 millones -una suba destacada del 56,2%-, mientras que las manufacturas de origen agropecuario facturaron u$s 2.659 millones (+18,0%).

Además, pese a que el contexto en cuanto al nivel del tipo de cambio no parece favorecerlas, las exportaciones de las manufacturas de origen industrial crecieron un 26,4%. ¿Qué lectura hay que hacer de estos números? ¿Estamos frente al inicio de un ciclo virtuoso de las exportaciones o las cifras responden a un factor estacional del agro?

“Este año la Argentina tendrá récord de exportaciones, superando los u$s 90.000 millones en exportaciones de bienes -enfatiza Marcelo Elizondo, experto en comercio internacional-. Nunca antes había llegado a un número tal, superando incluso el récord anterior, que es del año 2022. Segundo, creo que en realidad es el inicio de una etapa de grandes números del comercio exterior, de crecimiento. Acá hay una buena cosecha pero también gradualmente van creciendo mucho otros rubros. De hecho, el primer complejo exportador argentino es la soja pero el segundo ya es el petrolero-petroquímico. Además, con el tiempo todo esto va a ir madurando más. Si uno mira la planilla del Indec, los números están dando muy bien incluso en las exportaciones de manufacturas industriales”.

-¿Eso pone en jaque parte de la narrativa actual de que la industria hace agua?

-Por lo pronto, lo que demuestra es que con este tipo de cambio se puede ser competitivo, exportar e incrementar la exportaciones. Después cada rubro planteará su situación particular. Hay siempre mucha heterogeneidad. Pero lo que está claro es que hay una muy buena performance que acredita que se puede exportar con este tipo de cambio y se pueden aumentar las ventas con este tipo de cambio.

-Las exportaciones crecieron más por el lado de las cantidades que de los precios. ¿Qué nos dice ese dato?

-Efectivamente. Eso es lo que acredita que en realidad lo que hay es capacidad productiva competitiva. Creo que la Argentina está mejorando su capacidad competitiva despacio. La estabilidad cambiaria es un gran aliado, pero también están empezando a tener efecto los desmantelamientos de las regulaciones y restricciones al comercio exterior que obstruían la vinculación de las empresas con el exterior. Por otro lado, entiendo que también hay un proceso de maduración lento por parte de las empresas que van haciendo sus ajustes microeconómicos.

LA GUERRA

-El comercio exterior opera hoy en día en un escenario de mucho riesgo debido al conflicto en Medio Oriente. ¿Los mercados adonde se dirigen los productos argentinos están a salvo de estas tensiones y bloqueos?

-En principio sí, pero la verdad es que si el escenario de conflicto en el Golfo se mantuviera en el tiempo, las cadenas de suministros se van a ver afectadas en todos lados. Porque hay problemas de encadenamiento de muy distinto tipo. Hay que pensar que el petróleo del Estrecho de Ormuz va a China, el gas va a la India. Hoy no solamente hay restricciones para la salida del petróleo y gas de esa zona sino también para la salida de insumos para la actividad mineral.

-¿El coletazo para la Argentina es el incremento de los costos en fertilizantes, entre otros productos?

-Claro. Yo diría que si este conflicto se extiende en el tiempo va a afectar al comercio internacional en general. Hasta ahora, si uno mira lo que ha pasado con el comercio internacional en el planeta, el año pasado, aún a pesar de las tensiones arancelarias y los problemas geopolíticos, el intercambio llegó al récord de u$s 35 billones. Fue el número más alto en la historia. Y en el primer trimestre de este año, según la Unctad (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), el comercio internacional está creciendo 2,5%. Es decir que hasta ahora las empresas han sido bastante resilientes. Ahora, claro, este es un conflicto más grave y que si se extiende en el tiempo puede afectar al comercio internacional.

-Citaba el crecimiento del complejo petrolero y petroquímico en la Argentina. ¿Comparte la visión que a futuro el rubro energético será tan importante como el campo a la hora de generar divisas?

-Sí, estoy de acuerdo. Esto se puede predecir por la cantidad de inversiones que se están anunciando. Y porque además tenemos la ventaja geopolítica de contar con una capacidad productiva incremental en una zona de paz. Hoy realmente el mundo tiene dos hechos recientes: la guerra en Ucrania y la guerra en el Golfo Pérsico que muestran que la producción energética tiene que empezar a buscar garantías, certezas, seguridades de abastecimiento. La seguridad energética en la Argentina es un valor también.

IMPORTACIONES

-¿Qué lectura hace de la caída en las cantidades de las importaciones, que mermaron en un 3,7%?

-Se explica en primer lugar porque la base de comparación es muy alta. El año pasado hubo un fuerte crecimiento de las exportaciones. En segundo lugar porque hay niveles de actividad económica que están desacelerándose. Y cuando la economía desacelera hay caída de las importaciones porque baja la demanda de insumos.

-Según los datos oficiales, hay en la Argentina una disparidad regional muy grande en materia de exportaciones. La región Pampeana exportó por u$s 5.800 millones mientras que el Noreste lo hizo por u$s 98 millones. ¿Cómo se resuelve este desequilibrio?

-En la Argentina el 70% de las exportaciones vienen de tres provincias: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Pero en realidad lo que está ocurriendo en la Argentina es que está cambiando la matriz exportadora. Precisamente la irrupción de la energía como complejo exportador creciente le va a dar a la Patagonia más relevancia. Y en la medida en que los minerales vayan avanzando más, y hay inversiones previstas aunque eso viene más lento, le va a dar un impulso a las provincias mineras. Tendrán entonces una mayor participación en el comercio exterior. Creo que lo más importante es ir dándole rienda suelta a estos sectores nuevos que van a desconcentrar la matriz exportadora.

-Se dice que la economía argentina tiene tres motores -campo, hidrocarburos y minería- pero que su desarrollo no impacta por el lado del empleo. ¿Qué opina al respecto?

-Creo que depende de cómo y hasta dónde se analice la cadena. Si uno analiza la cadena en el sentido amplio, sí pega en el empleo porque en realidad hay mucho abastecimiento de terceros. Por ejemplo, las exportaciones necesitan financiamiento y los bancos crecen; necesitan logística y transporte, y los camiones y trenes crecen; los depachantes de aduana tienen más trabajo; hay insumos para la producción. El otro día escuché a Fausto Spotorno -economista- decir que lo había contactado una empresa que hace catering para empresas mineras y que tiene 10.000 empleados. Entonces creo que todo depende de cómo se mire la cadena. Si se la observa con un criterio más amplio, hay una irrigación de energía productiva que obviamente va a requerir ciertos desplazamientos geográficos.

-¿Alcanzará con la seducción del mercado o habrá que implementar políticas públicas para que estos desplazamientos se concreten?

-La mejor política pública es la capacitación y la formación para que haya empleo de acuerdo a las nuevas necesidades vinculadas a la revolución tecnológica. Después está hecha la reforma laboral, que es importante y recién empieza a madurar. Lo otro es el crecimiento económico. En realidad, por más capacitación o reforma laboral que haya, si no hay crecimiento económico no hay generación de empleo. A mí me parece que hecha la reforma laboral, que por supuesto no resuelve todos los problemas ya que todavía quedan muchos, hay un tema de formación, capacitación y asistencia técnica. En eso deberían intervenir mucho las provincias. Ahí es donde más debería prepararse el capital humano.

-Cuando se habla de los sectores pujantes de la economía, vinculados a los recursos naturales y su exportación, la pregunta es: ¿qué va a ocurrir con los grandes centros urbanos y su periferia?

-Va a haber una desconcentración pero tampoco van a desaparecer los conurbanos. Van a generarse incentivos así como alguna vez hubo incentivos para que mucha gente de las provincias vinieran a las grandes ciudades a trabajar. Bueno, ahora ocurrirá una fuerza opuesta y se generarán incentivos para ir a trabajar en lugares del interior del país donde se genere riqueza.

LO CONDICIONAN FACTORES EXTERNOS, DESTACA TOMAS AMERIO

“El superávit comercial tiene cierta fragilidad”

La balanza comercial superavitaria de la Argentina se sostiene sobre los dólares que genera el sector agropecuario. Otros lo secundan, a la distancia. Las variables exógenas, sin embargo, la vuelven frágil, subraya Tomás Amerio, economista de la Fundación Libertad y Progreso.

-Los datos del comercio exterior han sido muy positivos. Sin embargo, la consideración de la Fundación Libertad y Progreso es que existe cierta fragilidad. ¿Por qué?

-Sí, totalmente. Las fragilidades provienen de que crecen en volumen más que en precios los sectores primarios y de combustible, esencialmente hablamos de productos asociados al agro y la minería que tienen un gran componente exógeno. Este componente es muy volátil frente a cambios en los precios y malas cosechas. Es decir, todos factores que la economía no puede controlar de manera endógena, activa.

-¿Cómo observan la tendencia del intercambio comercial?

-El análisis va por el lado de que no es algo negativo tener una estructura productiva de este calibre. De hecho, nosotros observamos que Argentina tiene ventajas comparativas en esos sectores. Por lo tanto es óptimo que el país desarrollo esta estructura productiva. Sin embargo, hay que ponerle matices y mostrar que por su esencia son sensibles a este tipo de fenómenos que no controlamos.

-¿Llama la atención el dato del crecimiento de las exportaciones industriales?

-Lo que llama la atención de las exportaciones industriales es que crecen mucho por el factor precio, es decir lo hicieron un 19,3%. Sin embargo, en cantidades sólo crecieron un 3,7%. Tuvieron un desempeño magro y muy malo en relación a los productos primarios y combustibles, pero se vieron alentados por el factor del precio.

LOS PRECIOS

-¿El escenario de tensión internacional pone en alerta al comercio exterior argentino?

-Cuando hablamos del conflicto en Medio Oriente se abren muchas aristas. Cada vez que se abre un conflicto en un mundo globalizado se generan cuellos de botella. El camino de los insumos que usa la economía se ve afectado. Por otro lado hay un efecto positivo: subieron los precios de los combustibles, que tiene su contracara negativa, el impacto por el lado de la inflación. Es un arma de doble filo. Vemos que hacia futuro el fogonazo inflacionario, igualmente, va a mermar.

-Pese a lo ocurrido en marzo, ¿se retomará la senda del proceso de desinflación?

-Marzo es un mes con alta estacionalidad, encabezado por el sector escolaridad. El inicio del ciclo lectivo siempre trae aparejado el aumento de precios. Luego viene el conflicto en Medio Oriente y, además, teníamos una dinámica donde acumulábamos nueve meses sin bajas en la inflación. Sin embargo, vemos que a partir de abril habrá una caída significativa en la inflación.

-Las importaciones cayeron. ¿Se debe a que la economía no levanta vuelo?

-Las importaciones responden al ciclo económico. Una economía que consume más, importa más. Sin dudas que el frente externo se puede vincular con el interno, y estos meses de contracción en la actividad tuvieron un efecto. A esto hay que añadirle el efecto de los meses estivales, enero y febrero, cuando hay más receso y la demanda de bienes importados baja.

-Crecieron las cifras del desempleo y el trabajo no registrado. ¿Se enciende algún tipo de alarma?

-Estamos viendo una dinámica en la cual desde hace un año el empleo no registrado se ha vuelto más intensivo. No enciende alarmas pero habla de una nueva conformación de la fuerza laboral, de nuevas trayectorias. El empleo no registrado es el más sensible a la pobreza.

G.G.