Con el seudónimo de Anastasio el Pollo, entró Estanislao del Campo en el mundo de las letras.
Su poema gaucho-burlesco, Fausto, alcanzó casi de inmediato, una enorme popularidad, que ha persistido y aumentado si cabe, hasta nuestros días.
Su aparición fue entusiastamente saludada por la crítica, y lo que nunca había ocurrido antes en nuestro medio, suscitó una larga polémica entre dos jóvenes talentos que habían de afirmarse más tarde, Pedro Goyena y Eduardo Wilde.
La polémica interesante y animadísima derivó hacia conceptos generales de la poesía, pero contribuyó indudablemente a tener a Del Campo y su libro sobre el tapete de la actualidad.
Escribió también otras muchas composiciones de diferentes estilos. Sin embargo es en la cuerda gauchesca donde da las mejores notas.
De humor festivo, tiene una pluma llena de colorido para verter su fácil filosofía campera y fresca imaginación. Es curioso advertir que no obstante el género escogido, era más bien un hombre de ciudad.
TRAYECTORIA
Nació en la capital el 7 de febrero de 1834, hijo de padre porteño y madre tucumana. Entro luego a prestar servicio en la aduana y más tarde fue secretario de la cámara de diputados. Le tocó posteriormente luchar en las batallas de Cepeda y Pavón. Llegó así a capitán teniendo sólo 27 años. A los 40 ya es teniente coronel.
Fue diputado nacional. Se desempeñó en todos estos cargos con escrupulosidad y competencia.
Formó asimismo parte activa en las luchas políticas, pero sin abandonar la poesía, que fue sin duda su vocación más íntima.
Murió el 6 de noviembre de 1880. Tenía sólo 46 años. Los mejores poetas de la época, José Hernández y Guido Spano, pronunciaron conmovedoras oraciones en su tumba.
Entre sus obras, son de destacar: “Los Debates de Mitre” y “Carta de Anastasio el Pollo”, ambas escritas teniendo sólo 23 años. Esta última es una anticipación de “Fausto”, su máxima creación, escrita teniendo 32 años.
FAUSTO
En “Fausto”, un paisano, llamado Anastasio el Pollo, asiste por casualidad, a una función en el Teatro Colón de Buenos Aires, donde se representaba la ópera “Fausto” de Gounod.
El hombre, en su libro, conversa largamente con Don Laguna, un gaucho amigo al que encuentra en la soledad del campo bonaerense, y le relata lo visto en el teatro. Anastasio no distingue entre realidad y ficción, y queda muy impresionado, como si todo hubiese sido real.
El argumento de “Fausto” es conocido. Lo escribió el escritor alemán Gohete y Gounoud lo musicalizó para su ópera. Hastiado de la vida que llevaba, el anciano doctor Fausto, invoca a Mefistófeles –el diablo- para que le proporcione una nueva y placentera juventud, vendiéndole a cambio su propia alma.
El demonio acepta y entonces el anciano, ya con apariencia veinteañera, puede seducir a la joven e inocente Margarita a la que luego abandona. Sigue teniendo todos los placeres terrenales, pero no la felicidad. Transformado en un joven atractivo, seduce mujeres y obtiene cargos y honores. Pero se siente triste. El cansancio lo abruma. En ese momento llega el demonio a reclamarle lo que fijaba el contrato: debe darle su alma, es decir, su vida. Le corresponde morir. Ya en el cielo, encuentra a Margarita, la joven seducida y siente que realmente la ama. Recién en ese momento se siente feliz.
Entonces comprende que la felicidad total es un horizonte y que la verdadera, está sólo en el momento en que nos sentimos felices.
José Hernández, el creador de nuestro Martín Fierro, nacido como Estanislao del Campo, en 1834, 8 ó 9 meses menor que este, expresó en su tumba: “Se nos fue un hombre que supo extraer vida de la vida, que no escribió para enseñar, sino sólo para dar”. Y un aforismo final para Estanislao Del Campo: “El verdadero escritor es como un niño. Porque nos muestra la magia de las cosas cotidianas”.
Su poema gaucho-burlesco, Fausto, alcanzó casi de inmediato, una enorme popularidad, que ha persistido y aumentado si cabe, hasta nuestros días.
Su aparición fue entusiastamente saludada por la crítica, y lo que nunca había ocurrido antes en nuestro medio, suscitó una larga polémica entre dos jóvenes talentos que habían de afirmarse más tarde, Pedro Goyena y Eduardo Wilde.
La polémica interesante y animadísima derivó hacia conceptos generales de la poesía, pero contribuyó indudablemente a tener a Del Campo y su libro sobre el tapete de la actualidad.
Escribió también otras muchas composiciones de diferentes estilos. Sin embargo es en la cuerda gauchesca donde da las mejores notas.
De humor festivo, tiene una pluma llena de colorido para verter su fácil filosofía campera y fresca imaginación. Es curioso advertir que no obstante el género escogido, era más bien un hombre de ciudad.
TRAYECTORIA
Nació en la capital el 7 de febrero de 1834, hijo de padre porteño y madre tucumana. Entro luego a prestar servicio en la aduana y más tarde fue secretario de la cámara de diputados. Le tocó posteriormente luchar en las batallas de Cepeda y Pavón. Llegó así a capitán teniendo sólo 27 años. A los 40 ya es teniente coronel.
Fue diputado nacional. Se desempeñó en todos estos cargos con escrupulosidad y competencia.
Formó asimismo parte activa en las luchas políticas, pero sin abandonar la poesía, que fue sin duda su vocación más íntima.
Murió el 6 de noviembre de 1880. Tenía sólo 46 años. Los mejores poetas de la época, José Hernández y Guido Spano, pronunciaron conmovedoras oraciones en su tumba.
Entre sus obras, son de destacar: “Los Debates de Mitre” y “Carta de Anastasio el Pollo”, ambas escritas teniendo sólo 23 años. Esta última es una anticipación de “Fausto”, su máxima creación, escrita teniendo 32 años.
FAUSTO
En “Fausto”, un paisano, llamado Anastasio el Pollo, asiste por casualidad, a una función en el Teatro Colón de Buenos Aires, donde se representaba la ópera “Fausto” de Gounod.
El hombre, en su libro, conversa largamente con Don Laguna, un gaucho amigo al que encuentra en la soledad del campo bonaerense, y le relata lo visto en el teatro. Anastasio no distingue entre realidad y ficción, y queda muy impresionado, como si todo hubiese sido real.
El argumento de “Fausto” es conocido. Lo escribió el escritor alemán Gohete y Gounoud lo musicalizó para su ópera. Hastiado de la vida que llevaba, el anciano doctor Fausto, invoca a Mefistófeles –el diablo- para que le proporcione una nueva y placentera juventud, vendiéndole a cambio su propia alma.
El demonio acepta y entonces el anciano, ya con apariencia veinteañera, puede seducir a la joven e inocente Margarita a la que luego abandona. Sigue teniendo todos los placeres terrenales, pero no la felicidad. Transformado en un joven atractivo, seduce mujeres y obtiene cargos y honores. Pero se siente triste. El cansancio lo abruma. En ese momento llega el demonio a reclamarle lo que fijaba el contrato: debe darle su alma, es decir, su vida. Le corresponde morir. Ya en el cielo, encuentra a Margarita, la joven seducida y siente que realmente la ama. Recién en ese momento se siente feliz.
Entonces comprende que la felicidad total es un horizonte y que la verdadera, está sólo en el momento en que nos sentimos felices.
José Hernández, el creador de nuestro Martín Fierro, nacido como Estanislao del Campo, en 1834, 8 ó 9 meses menor que este, expresó en su tumba: “Se nos fue un hombre que supo extraer vida de la vida, que no escribió para enseñar, sino sólo para dar”. Y un aforismo final para Estanislao Del Campo: “El verdadero escritor es como un niño. Porque nos muestra la magia de las cosas cotidianas”.
