“Estamos sobrepasados de realidad”

Psicóloga y empresaria, creadora de la plataforma de teatro online Teatrix, Mirta Romay analiza el presente de los medios. Miembro de una ilustre familia de productores teatrales y televisivos, alerta sobre el exceso de noticias y la subestimulación derivaba del uso de pantallas.

La celebración de los diez años de vida de Teatrix, devenida en la plataforma de teatro online más grande de habla hispana, resulta una buena excusa para analizar junto a Mirta Romay, su creadora, la radical transformación de los medios en la última década. En su búnker ubicado en un segundo piso luminoso en el límite entre Palermo Soho y Villa Crespo, la psicóloga y empresaria recibe a La Prensa sin apremios, con una tranquilidad que sólo brindan las tardes de calor abrasador al reparo de un potente aire acondicionado.

Siendo una de los cuatro hijos del célebre productor teatral y televisivo Alejandro Romay, fue testigo de un tiempo que se fue y protagonista de una reconversión que no cesa y a la que mira con atención e interés. "Han pasado muchas cosas en este tiempo, el mercado ha cambiado tantísimo. Nosotros tampoco no somos los mismos, Teatrix modificó su modelo de negocio. Es impresionante lo que en diez años la aceleración tecnológica ha hecho con estos sistemas de plataformas que al proliferar de esta manera fragmentaron tanto el mercado. En definitiva, estamos aprendiendo todos sobre la marcha".

-¿Qué recuerda de los inicios? ¿Cuál era su expectativa?

-En aquel momento recién empezaban las plataformas y faltaban contenidos audiovisuales. La tecnología proponía un negocio directo al consumidor y todos veíamos cómo caían los intermediarios. Más adelante, las redes nos pusieron cara a cara con el consumidor, en diálogo directo con él. En realidad, mi expectativa inicial era ver si había ahí un negocio. Fui muy cautelosa, y en eso me acompañaron los productores teatrales. Aunque es cierto que, por esa necesidad de contenidos de la que hablaba, fuimos varios los que buscamos material interesante en el teatro.

Para la misma época vieron la luz plataformas similares a Teatrix como Broadway HD, además de otras en Londres y una muy importante en Brasil, que finalmente no prosperó. "Recuerdo que cuando le conté la idea a Carlos Rottemberg me respondió 'estás completamente loca' y a la semana me llamó y me dijo 'che, pero qué es esto. Me acaba de llamar otra persona con la misma propuesta'. La idea estaba latente y yo me adelanté a plantar una bandera".

Ese primer impulso trajo consigo las primeras piedras en el camino: los derechos de autor, los reclamos de las agencias literarias, y hasta el prurito de la industria por filmar obras teatrales. "Los actores se resistieron, y lo entiendo. Hay que ver que el actor sale a escena sin red y su trabajo depende de cómo está ese día. Cualquier desliz que tuviera quedaría grabado para siempre. Le tenían terror".

-¿Cómo zanjó esa resistencia?

-Es que yo desde un primer momento estuve muy interesada en crear un lenguaje audiovisual para el teatro. Y eso llevó a una calidad de material que cuando los actores lo empezaron a ver se dieron cuenta que el temor que tenían era irrelevante. En una isla de edición todo aquello que salió mal en vivo se corrige y se embellece, entonces los miedos eran infundados. Por el contrario, aprendimos a darle aún más valor a cada obra de teatro.

-¿Qué postura adoptaron los autores, los directores?

-De los directores no hubo mayor resistencia. Al autor hoy le gusta mucho que sus obras estén en Teatrix porque les resulta una vidriera al mundo. Muchos títulos se vendieron al exterior o viajaron para participar en ferias y festivales porque alguien los vio en nuestra plataforma. Lo argentino gusta mucho en todos lados. Cuando abrimos el negocio en México, las obras argentinas treparon enseguida a los primeros lugares, algo que no pasó con las obras mexicanas. El teatro argentino tiene un posicionamiento incluso mayor que el cine argentino en la mente de los consumidores. De hecho, somos el tercer país del mundo en producción teatral, peleando la posición con España. Gusta mucho la comedia argentina, y en países como Chile y Uruguay conocen perfectamente a nuestros actores y vienen a Buenos Aires a disfrutarlos.

 

LOS DERECHOS

Esa posición de privilegio de lo argentino en el gusto popular ayudó a que, cuando las plataformas de streaming se multiplicaron y el mercado se fragmentó, sólo siguieran en carrera los proyectos de países con tradición teatral: Estados Unidos (Broadway), Reino Unido (Londres) y la Argentina. En ese proceso de depuración, recuerda la empresaria, "Brasil cayó pronto. Ellos habían imaginado un proyecto enorme, de una inversión muy grande, pero no eran gente de la industria", lo que quizás explica su salida temprana.

Consultada sobre las trabas que frenan el surgimiento de otras plataformas de este tipo, Romay pone el foco en la acción de "las grandes agencias literarias y los derechos de filmación de las obras. En ese sentido -sostiene- el teatro todavía no evolucionó lo suficiente".

-¿Cómo salvaron ustedes ese escollo?

-Tenemos un catálogo de más de cuatrocientas obras teatrales, pero no tenemos aquellas que nos plantean problemas. En cambio, hay agencias literarias que nos abrieron las puertas muy amablemente y que hoy nos permiten tener obras recientes como 'La última sesión de Freud' o 'Relatividad', con Luis Machín. En el fondo lo entiendo: el universo teatral es muy artesanal y tiene poco contacto con la tecnología. Tal vez ellos todavía no vislumbran el valor de armar un gran catálogo de obras que sea una vidriera de nuestra producción teatral al mundo.

En ese sentido, la graduada en Psicología en la Universidad de Belgrano cala aún más hondo en la reflexión. "Me he dado cuenta que los dramaturgos son grandes lectores pero, al igual que los productores, no consumen teatro. ¿Qué ven ustedes?, les he preguntado. Y la respuesta es ‘Netflix’. Escriben teatro pero se inspiran en Netflix, es raro".

UNA VERSION

-¿Qué tiene para decirle a aquellos que afirman que lo que ofrece Teatrix no es teatro?

-Que tienen razón. Esto es una versión audiovisual de una obra de teatro. Tal vez sea poco marketinero decirlo así, entonces lo llaman teatro digital. Pero teatro no es. Me han ofrecido producir obras especialmente y filmarlas para Teatrix, y siempre respondí que no. El verdadero teatro es eso que ocurre en una sala, con el público presente confirmando con su participación que lo que allí está pasando es teatro.

Uno de los grandes aportes del proyecto a la cultura del país, entiende Mirta, fue alentar a los equipos a filmar sus representaciones. "Era algo que casi no se hacía cuando empezamos. Fuimos nosotros los que llamamos la atención sobre esto y los pusimos en alerta respecto de que había otras posibilidades de crecer dentro de este rubro".

El presente, confirma la empresaria, está atado a un cambio en el modelo de negocio. "Aunque más bien debería decir que no cambia el modelo sino que se suman nuevos negocios. Porque antes nosotros íbamos solo al usuario final, sin embargo hoy nos buscan para comprarnos contenido o para armar una señal de cable. Es decir: mantuvimos el core, que es el usuario final, pero se empezaron a agregar distribuidores, gente que nos compra contenidos. Se ensanchó la diversidad y la llegada a distintos lugares. E incluso la marca encontró por sí sola un modelo de internacionalización sin que lo busquemos".

La curaduría del catálogo, como fue en un principio, está otra vez a cargo de la directora, luego de un período de cuatro años en los que delegó la tarea en otras personas. "Habíamos entrado en la vorágine de filmar y estrenar, acoplándonos a un sistema que siempre pide más y más. Pero un día puse un freno: movamos las obras que ya tenemos, dije. Y la gente empezó a agradecerlo porque comenzó a valorar más lo que le ofrecíamos. Nosotros no hacemos un mix entre obras buenas y malas, realmente ponemos a disposición todas obras buenas por distintos motivos. Ahora la gente está descubriendo algunos títulos que no sabía que tenía al alcance de la mano, y eso es genial".

En la actualidad, Teatrix estrena dos obras por mes, tal vez tres, y reenfocó la comunicación hacia el frondoso contenido de su catálogo histórico invitando a redescubrirlo en todo su esplendor.

 

EL CONSUMIDOR

El consumidor promedio de la plataforma es hoy una persona de más de treinta años de edad, siendo que en los inicios la elegían especialmente los mayores de cincuenta. "Es un individuo culto, aunque no de alto poder adquisitivo". La lealtad de quienes eligen Teatrix es de fierro: "Tenemos gente de la primera hora que nunca se bajó; son clientes muy fieles", celebra Romay. No obstante, reconoce que existe también "un cliente más efímero que llega buscando la obra taquillera de la calle Corrientes. Es una persona que entra y sale de la plataforma, que a lo sumo ve una o dos obras más dentro de la misma categoría. Ese cliente le deja al productor un revenue muy importante".

-A propósito, ¿cómo es la remuneración? ¿Quienes ganan?

-Todos ganan, porque nosotros les pagamos a Sagai, Argentores, Sadaic...Se reconocen los derechos de imagen, es decir, de repetición. El modelo tradicional, el de los inicios, que se sigue manteniendo, es a porcentaje. En este momento estamos comprando licencias porque al nacer las distribuidoras, ellas necesitan buenos títulos más allá de que sean taquilleros o no. De manera que hay obras chicas pero de muy buena hechura que nos interesa tener. Y para ellas es un beneficio que las compremos porque por lo general son del off y reciben el dinero rápidamente. De algún modo, es una forma de apuntalar el teatro independiente.

 

PERDURABILIDAD

En diez años, la funcionalidad de la plataforma evolucionó de manera notable, "atravesó cambios muy importantes, tanto como la comunicación a través del marketing digital. Y sin embargo, en medio de ese torbellino de transformación, el teatro sigue ahí, siendo el mismo", sostiene quien fuera creadora del programa Formar y otros proyectos de educación a distancia. "Teatrix ha venido a desmitificar que el teatro es efímero. En la sala es efímero, pero no en una plataforma".

Pensando en los próximos diez años, Mirta anhela poder asociarse con gente de los medios, "porque una de las cosas que les resulta más costosa a estas plataformas es la difusión, y sumar un socio que sea dueño de medios sería de gran ayuda. La búsqueda está activa y hay interesados", desliza.

Otra cosa que ha buscado (aunque hasta ahora fracasó en el intento) es interesar en el negocio a los productores teatrales. "Pienso en las plataformas de música y digo: todas las discográficas están vinculadas, de una u otra forma, con Spotify. A nosotros una asociación de ese tipo nos daría más facilidad para conquistar contenidos pero, sobre todo, permitiría crear la gran plataforma teatral de habla hispana". También acá, Mirta se pone en los zapatos del otro y entiende el rechazo: “Ellos tienen su core y la complejidad propia de la actividad teatral. ¡Trabajan con seres humanos!, algo que es delicadísimo. Es por eso que yo no produzco teatro". No obstante, no baja los brazos. Cree que en algún momento los productores van a entender que "esto le suma a su negocio y, sobre todo, les da visibilidad a autores, directores y actores. No hay duda de que esta plataforma promueve el teatro y le da al teatro argentino un posicionamiento muy muy interesante", se planta.

 

LA TELEVISION

Por estos días, Mirta Romay colabora activamente en la creación de la Academia Iberoamericana de Artes Escénicas, un desprendimiento de la Academia de las Artes Escénicas española, a la que también pertenece. "Me entusiasma mucho esa tarea -admite-. A esta altura tengo un recorrido hecho, una formación a lo largo de los años que me resulta interesante poder volcarla. Hice un camino parecido en el ámbito de la educación con el proyecto Formar, de educación a distancia, pero todo ese bagaje, al caer la televisión abierta, perdió su fuerza. Hoy estoy atenta a lo que ocurre porque -como me dijo una vez un profesor- un éxito no se da por mérito propio sino porque la propuesta que uno tiene para hacer coincide en espacio y tiempo con una necesidad de la gente. Eso lo aprendí: entendí que en un momento había que crear Teatrix porque había ahí un negocio, del mismo modo que supe soltar lo educativo cuando vi que la televisión abierta iba cayendo y no tenía sentido prolongar un proyecto de ese tipo fuera de un canal de aire".

-¿Le duele ver la televisión argentina de hoy, sin ficciones ni grandes producciones?

-Es parte de la evolución de los medios, se fragmentó la audiencia completamente. Fijate que ahora hay inversiones millonarias de los chinos para hacer series de un minuto de duración. Estamos asistiendo a un cambio de paradigma total. Pero en ese contexto tan cambiante en el mundo, el teatro sigue adelante. En eso se parece a la Biblia: viene desde el inicio de la civilización y admite todo tipo de lecturas. Ojalá que perdure todo lo posible porque sentado en una sala a oscuras compartiendo una historia, uno crece y se convierte en otros. El cine no logra la misma transformación que produce el teatro. En esta época de pantallas que generan una subestimulación en muchos sentidos, los seres humanos necesitamos ser estimulados. Y el teatro es un buen lugar donde encontrar ese estímulo.

-Se sienta frente al televisor y, ¿qué ve?

-Son todos noticieros, noticieros, noticieros, demasiada realidad toda junta. Estamos sobrepasados de realidad. Son todas cachetadas y ninguna caricia. Hubo un tiempo en que el teatro se acopló al lenguaje de la televisión, a la oralidad absoluta, incluso vulgar algunas veces, y todavía no se curó del todo de eso. Pero cuando uno se sienta a escuchar un texto bello el cuerpo le cambia, reacciona de otra manera. El teatro barre con lo efímero y permite recuperar sentimientos que creíamos perdidos. El teatro es necesario. Tengan por seguro que desde el soporte audiovisual tratamos de hacer el mejor trabajo posible para que las personas puedan llegar a sentir algo parecido a lo que se vive dentro de una sala.