El análisis del día

Esperando la hora de las urnas

El domingo 7 de septiembre se vota en la provincia de Buenos Aires. No se elige ese día ni un presidente ni un gobernador, se renuevan bancas de legisladores provinciales, algunas secciones electorales votan nuevos representantes ante el Senado bonaerense y hay un recambio de concejales en las intendencias.

Se trata, claramente, de una variedad de pugnas locales cuyos resultados no pueden, por su naturaleza, leerse como un duelo único entre dos fuerzas opuestas.

Y que, además, al no concentrarse en figuras dominantes, sino en representantes legislativos de distinta jerarquía, admiten o estimulan evadirse de las consignas polarizadoras.

 

NACIONALIZAR LA JORNADA

Sin embargo, hay algunos interesados en “nacionalizar” esa jornada y sus vísperas, y la proponen como una cruzada, sea para “clavar el último clavo” en el simbólico féretro del kirchnerismo (apropiándose en el medio del lema “Nunca más”), sea, desde la vereda de enfrente, para “erradicar” al oficialismo libertario.

Por cierto, los comicios del 7 de septiembre no redundarán en ninguno de esos resultados; habrá que leer municipio por municipio y sección por sección quiénes fueron los triunfadores no entre dos, sino entre los muchos competidores que se presentan en cada uno de ellos.

Probablemente se descubrirá que en muchos casos ocupó el primer lugar alguna otra “tercera fuerza”. Para determinar ganadores y perdedores habrá también que analizar en cada caso qué fuerzas mejoraron su performance anterior y cuáles retrocedieron.

En fin, desde el punto de vista de la lógica provincial habrá que tomar también en cuenta el balance de bancas legislativas y senatoriales que dejan las urnas.

 

TRANSITO BORRASCOSO

El tránsito hacia la votación bonaerense, entretanto, se vuelve borrascoso. Se suceden los encontronazos entre grupos militantes (principalmente entre kirchneristas y libertarios) y actos públicos con la presencia del Presidente y otros directivos libertarios (desde la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, hasta el candidato a diputado José Luis Espert) son ásperamente agredidos por manifestantes vecinales, ya en el conurbano, ya en el interior provincial.

Para la mirada libertaria, se trata de acciones motorizadas por militantes K; para el kirchnerismo y algunos otros observadores de la oposición, se trataría de expresiones airadas de gente que repudia las políticas de ajuste oficiales y las operaciones ilícitas en el sector de atención a los discapacitados que ventiló el desplazado funcionario Diego Spagnuolo. Es probable que ambos tengan razón.

En menos de diez días hablarán las urnas bonaerenses: entonces faltarán siete semanas para la elección nacional. Es esta cercanía temporal la que acentúa el dramatismo de la puja bonaerense.

La Casa Rosada quiere creer que una victoria en septiembre en el distrito más poblado del país sería el aperitivo de un triunfo nacional en octubre.

Esta es la primera vez que la elección bonaerense ocurre separada de la nacional. En general se ha interpretado que, con el régimen anterior (elecciones simultáneas en la provincia y en el país) las candidaturas nacionales eran las que orientaban el voto sobre las provinciales. Ahora parece aguardarse que ocurra lo opuesto.

Quizás se trate de una conceptualización voluntarista, ya que estas dos elecciones no son parangonables. Al menos por dos factores. El primero es el ausentismo. Es probable que la cifra de votantes sea mayor en la elección de octubre porque el comicioprovincial es considerado inconducente por gran número de bonaerenses que tampoco están complacidos con la duplicación de fechas electorales.

Para empeorar el cuadro, la organización administrariva del comicio ha cambiado el diagrama de mesas de votación, de modo que muchísimos ciudadanos deberán concurrir a centros de votación más lejanos que los acostumbrados.

Un segundo factor que diferenciará un comicio del otro es la participación de los aparatos municipales. Mientras en septiembre, cuando se disputan puestos comunales, esos aparatos tienen alicientes propios para movilizarse, en octubre, con ese asunto ya zanjado, es improbable que los aparatos se apliquen con el mismo empuje, con las mismas ganas.

En una y otra oportunidad, eso sí, tendrá incidencia sobre el voto cómo se sigan desplegando algunas cuestiones políticas que han golpeado al gobierno. Una, obvia, es la que emana del affaire Spagnuolo, que estalla como una bomba de racimo. El oficialismo se mostró misteriosamente sorprendido por un asunto del que, según confiesan innumerables voceros, tenía conocimientos desde hace semanas o meses. Después de la sorpresa ha demorado una explicación plausible para la cuestión, sus desmentidos fueron débiles y parciales y algunos de los mencionados en las grabaciones a Spagnuolo que trascendieron se han refugiado, a diferencia de situaciones anteriores, en el silencio y en la falta de reacción.

 

REBOTE DEL AUDIOGATE

Un rebote del audiogate ha sido la irrupción del bloque Coherencia, escisión de La Libertad Avanza. Sus voceros -particularmente la diputada Marcela Pagano- han sido más duros y filosos en sus denuncias al aparato político del oficialismo que la oposición.

Con una particularidad: la diputada Pagano golpeó esta semana al Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, a quien imputó que uno de sus colaboradores era quien había “filtrado” las grabaciones a Spagnuolo.

Es curioso, porque Francos es habitualmente una excepción en las críticas opositoras. Se lo considera el único del actual gabinete que puede ayudar a Milei a recomponer (“resetear”) su gobierno si la crisis lo requiere o después de la elección de octubre, sea cual sea el resultado. Al parecer sottovoce esa es también la expectativa de sectores del “círculo rojo”, que aprueban el rumbo general de Milei, pero ni todo su instrumental ni a buena parte de su tripulación.

Es que sobre los resultados electorales influirá la situación económica, donde el gobierno hace enormes esfuerzos por mantener el crédito obtenido con el control de la inflación. Por eso, según Ricardo Arriazu el gobierno jugará todo a mantener contenido al dólar (que pese a eso, se ha elevado, igual que la tasa de riesgo-país). Para él, es un problema de confianza. Entretanto, el esfuerzo redunda en mayores retrocesos en la economía real y en la expectativa generalizada en una devaluación después de la elección de octubre.