Encrucijadas del 2027: ¿Devaluación o el retorno del cepo?

Por Fernando Salon

 

La Argentina se encuentra nuevamente en un punto de inflexión macroeconómico. Tras los intentos de estabilización y la flexibilización cambiaria previa, los analistas de Wall Street observan con lupa una doble posibilidad para 2027: una devaluación del peso o, en su reemplazo, la reimplementación estricta de los controles cambiarios conocidos como cepo.

El dilema no es menor. Para el equipo económico actual, el gran desafío es cómo cuidar las reservas internacionales brutas que a pesar de estar torno a los u$s 48.000 millones, siguen bajo constante presión por los abultados vencimientos de deuda de los próximos años (cerca de u$s 25.000 millones en 2027) y las compras internas para colchón y turismo (u$s 45.000 millones desde que se levantó el cepo). Muchas de las reservas compradas en 2026 fueron hechas con emisión de pesos, luego esterilizados con generación de carry trade especulativo.

Quienes defienden la vuelta de restricciones quirúrgicas argumentan que servirían para proteger las arcas del BCRA, fortalecer el peso en el mercado interno, y evitar el despilfarro de divisas en turismo emisivo. Pero, por sobre todo, la medida apuntaría a romper el histórico reflejo del ahorrista local: evitar que los dólares terminen escondidos bajo el colchón en lugar de canalizarse hacia el sistema productivo para beneficiar al país.

Cuando un país repite los mismos errores durante décadas, el problema ya no es económico: es estructural, es de mentalidad.

Lo más inquietante no es la disyuntiva en sí. Lo inquietante es que Argentina discute siempre las mismas dos opciones, como si fueran las únicas posibles, como si el país estuviera condenado a elegir entre un shock que golpea el bolsillo o un parche.

Pero en Argentina, devaluar no es solo mover un precio: es encender un incendio. El Gobierno lo sabe. Los mercados lo saben. Los trabajadores lo sienten antes de que ocurra.

Una devaluación corrige la competitividad, sí. Pero también dispara la inflación, pulveriza salarios y deja al país más cerca de otra renegociación de deuda. Es el sinceramiento que nadie quiere firmar, pero que todos ven venir.

Es el eterno déjà vu cambiario, causado porque no se consolida el peso como moneda acumulando reservas genuinamente, en vez de venderlas para colchón y turismo. El país suma dólares por el agro, la minería y el petróleo; pero ha acumulado miles de cierres de empresas, e incrementado trabajadores informales, parciales, y desocupados. Mientras tanto una parte de la población está en la fiesta del dólar, los viajes, y lo importado.

EL FILTRO DE WALL STREET

Para los grandes fondos de inversión de Nueva York, el estatus financiero de Argentina sigue siendo el principal obstáculo. Al mantenerse clasificada en la categoría de mercado Standalone (independiente), el país queda fuera de los índices bursátiles globales más importantes en los que operan los inversores institucionales. Los Fondos de Pensión (similares a las confiscadas y abolidas AFJP en Argentina) y Corporativos tienen prohibido por estatuto y regulaciones de cumplimiento (compliance) colocar capital en economías Standalone debido al alto riesgo regulatorio, cambiario y especulativo. En la práctica de cómo funcionan las cosas, ningún Comité de Inversiones autorizara invertir en Argentina, pues esta regulatoriamente prohibido. Entonces, queda el capital de corto plazo: Sin la presencia de inversores de largo plazo, el mercado local queda exclusivamente a merced de especuladores de corto plazo. Estos actores entran atraídos únicamente por dinámicas de arbitraje financiero rápido, buscando ganancias veloces y salidas abruptas a través de los dólares financieros (el conocido carry trade que le cuesta al Estado Argentino mas del 20% en tasas de interés).

Mientras las grandes multinacionales y los fondos globales mantengan sus planes en pausa debido a la incertidumbre institucional y cambiaria, la llegada de inversión extranjera directa genuina seguirá congelada. Solo existirán como una isla los RIGI, cuyos flujos de dólares no llegarán masivamente a la gente ni al desarrollo, pues son específicos.

En términos de mercado, Argentina es vista como riesgo especulativo, no como riesgo emergente. Los bonos soberanos operan como activos distressed (literalmente “angustiados”), no como instrumentos de financiamiento. Sin acceso a crédito, el país depende de reservas, exportaciones y organismos multilaterales. Pero las reservas se compran con emisión monetaria inflacionaria, las exportaciones se gastan en colchón y turismo, y los organismos multilaterales ya conocen la historia argentina y solo contribuirán mínimamente como para no decir que han abandonado a su principal deudor. Por otro lado, los argentinos ya no quieren más deuda.

A veces hemos escuchado al Ministro y a algunos medios decir que no quiere ir al mercado de capitales, pero la realidad es que no puede. Como dice el refrán, querer no es poder.

UNA FUGA INVARIABLE

El dato que más enciende las alarmas en los despachos financieros de Manhattan es la velocidad del drenaje de divisas. La formación de activos externos (FAE) del sector privado, coloquialmente denominada fuga de capitales ha alcanzado una cifra estimada de u$s 45.000 millones desde la flexibilización del cepo.

Esta sangría sistemática de dólares de la cuenta corriente cambiaria resulta completamente insostenible a mediano plazo y largo plazo. Cada dólar que se retira del circuito financiero local o que se resguarda fuera del país es un recurso menos que se destina a la inversión productiva. Como consecuencia directa, este drenaje crónico impide el financiamiento genuino para la infraestructura crítica del país -rutas, energía, hospitales, transporte- y bloquea el desarrollo económico sostenible que Argentina necesita con urgencia para recuperar el acceso a los mercados de deuda internacionales.

LA MANTA CORTA

Para el equipo económico de Argentina, la elección entre convalidar un salto cambiario o cerrar nuevamente el grifo de las divisas representara un clásico dilema de manta corta: solucionar un problema macroeconómico inevitablemente destapa otro.

A continuación, se presenta un desglose analítico de los beneficios y costos de cada alternativa desde la perspectiva de los mercados de Wall Street para 2027:

* Opción A: Reimplementación estricta del cepo cambiario.

Consiste en volver a trabar el acceso al Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) mediante cupos. Políticamente es más digerible que una devaluación. Funciona como un instrumento de racionamiento ante escasez de reservas.

Como ventajas tiene la contención nominal que evita un salto del tipo de cambio oficial. Como control político del ritmo de ajuste, permite administrar la presión cambiaria sin shock. Es un ancla inflacionaria pues al mantener el dólar oficial bajo, se evita un fogonazo inflacionario por costos y se contiene la inercia de precios. Provoca un frenado en seco del drenaje o fuga , porque detiene de forma inmediata la salida formal de dólares para ahorro, atesoramiento, turismo y compras con tarjeta en el exterior, protegiendo las reservas existentes. También provoca una estabilidad nominal, pues otorga al Gobierno previsibilidad macroeconómica de corto plazo para planificar los vencimientos de deuda inmediatos.

Como desventajas genera un dólar negro al restringir el acceso al mercado oficial, ya que la demanda se traslada a los dólares financieros e informales, generando un dólar negro, que no sale del Banco Central, y por lo tanto no es un riesgo para el Estado. La inversión extranjera necesitará reglas claras para que no piense que ella también estará atrapada por el cepo.

* Opción B: Convalidar una devaluación del peso

Consiste en corregir el tipo de cambio oficial para alinearlo con la realidad del mercado, pero en Argentina el impacto es muy complejo y muy negativo para la gente. Es un sinceramiento muy costoso, incendiario.

Como ventajas, es un incentivo inmediato a la exportación al mejorar el tipo de cambio real, y los sectores exportadores (especialmente el agro) liquidan divisas masivamente, acelerando la acumulación de reservas internacionales. Al igual que el cepo, también es un freno automático al turismo emisivo, una de las principales fuentes de salida de divisas del BCRA. También es una señal positiva para los mercados pero negativa para los ciudadanos: Los organismos internacionales prefieren los precios de mercado antes que las restricciones operativas, pero en la practica eso es muy discutible. Una unificación cambiaria es vista como un paso necesario hacia la normalización económica, siempre que estén dadas las condiciones, principalmente la no salida de divisas del país en forma exagerada como actualmente.

La gran desventaja: tiene un impacto inflacionario inmediato.

FACTOR POLÍTICO

El riesgo país de Argentina ha logrado romper barreras psicológicas y perforar la barrera de los 500 puntos básicos, un hito impulsado de manera decisiva por la geopolítica.

Los recientes espaldarazos políticos de la administración estadounidense del Presidente Trump y los guiños positivos del secretario del Tesoro de EE. UU. hacia la conducción económica local han funcionado como un fuerte amortiguador para los bonos soberanos. No obstante, los analistas de Manhattan advierten que el apoyo diplomático es solo un puente; pues para sostener el indicador debajo de estos niveles y permitir el desarrollo de infraestructura, Argentina necesita urgentemente definir su arquitectura cambiaria definitiva y restringir fuga de capitales.

Ese respaldo de Washington está atado al Presidente Trump, y podría desaparecer después de su mandato.