En la Rural, el campo celebra la estabilidad
La apertura económica ha profundizado el sesgo exportador del sector agropecuario. El orden macro brinda previsibilidad y permite trazar planes. Sufren quienes venden en el mercado interno. La demanda de maquinaria se mantiene estable. El impacto de la importación china.
Invierno lluvioso en Buenos Aires. La alfombra roja de la Exposición Rural en el predio de Palermo es un tapiz mojado adonde se pegan la bosta y la paja del forraje en una mezcla chirle y resbaladiza. Por los pasillos pasan, incansables, los animales que van y vienen a paso lento, llevados de las narices por los cuidadores. Cada kilo de músculo vale una fortuna.
Cae la tarde y junto a los corrales los propietarios de las cabañas celebran con champagne la obtención de alguna cucarda. El trabajo de años ha sido premiado sobre la arena de la pista central. Hay sonrisas, gestos de satisfacción por la labor cumplida. El toro ya descansa, enorme masa de carne, recostado entre los fardos.
En la Expo Rural convergen ganaderos de todo tipo de especie y raza, desde los que crían bovinos, ovinos o porcinos hasta aquellos que se dedican a las aves y los conejos. La cita convoca además a los agricultores y, por supuesto, también a las grandes marcas vendedoras de maquinaria agrícola. Y entre todos estos se engarzan los demás eslabones de la cadena agropecuaria.
Conversar con los protagonistas sirve para tomarle el pulso al sector. El diálogo, la entrevista, el comentario terminan por ser un termómetro que mide el humor de los productores rurales en el contexto de una economía que tiende a la apertura y ha ganado un sesgo exportador.
A todos ellos los une un hilo conductor, algo así como el denominador común del rubro: celebran la estabilidad, la inflación a la baja, el dólar quieto como condición necesaria para poder hacer buenos negocios. Aclaran que no tienen identificación ideológica -aunque la tengan, como todos-, sino que saludan el equilibrio de la macro.
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La estrategia no sólo es clara sino también inteligente. La firma de remates Saenz Valiente, Bullrich y Cia tiene dos stands ubicados en sitios opuestos del predio. En uno atiende las razas más relumbradas del mercado como Angus o Hereford; en el otro se negocian las menos conocidas como Gallaway, Simmental, West Highland y Wagyu, entre otras. Además, opera con aves, conejos y porcinos.
“No todos van a remate, algunos simplemente vienen para ser expuestos”, dice uno de los empleados. Y agrega: “Hay interés y de alguna manera refleja la demanda, pero acá los precios son más caros porque toda la preparación, la logística y el costo de la estadía eleva precios. Al productor le conviene comprar en los remates en el campo”.
Para tomar como referencia, el año pasado un toro campeón de la raza Angus, tope de gama, se vendió a $100 millones. El piso en la Expo ronda los $ 4 millones. “Es como ir al shopping. Por ahí te conviene comprar el buzo en otra parte”, comenta un productor.

“La estabilidad es el mejor aliado del campo, de la fábrica y del pobre. Cuando hay alta inflación se distorsiona todo y el único que gana es el intermediario”, asegura Reynaldo Postacchini, vicepresidente de Claas.
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Recostadas en su cama de aserrín, las ovejas de la raza Hampshire Down descansan al final de la jornada. Cada una viste una capa que la protege del frío tras ser esquiladas para la ocasión. Vienen de lejos, de la cabaña El Principio, ubicada en la localidad bonaerense de General Belgrano.
“Estar en la Expo Rural me sirve porque, además de vender, hago contactos. Es una buena vidriera, vale la pena estar. Los costos son altos porque hay que pensar en la logística y luego la estadía. Estamos un año preparando los animales que seleccionamos para venir acá. Luego en el viaje y el cambio de hábitat se estresan, también hay que trabajar sobre eso”, explica Pablo Hernández, propietario de la cabaña.
Su principal negocio es la venta de carne ovina. “La lana está por el piso. El problema es la competencia con la fibra sintética”, enfatiza.
En carnicería se venden todos los corte, principalmente en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Traspasa la línea sanitaria del Río Colorado con carne congelada –no se puede comercializar ganado en pie- y con genética.
En la Patagonia ha encontrado un buen nicho para su negocio. Según explica, muchos productores de la región han mermado en la producción ante la competencia del guanaco y, sobre todo, el avance del puma, un depredador natural.
Hernández sostiene que “no hay una política para el campo. Falta un mercado formador de precios que brinde certezas en los ovinos. El mercado de Cañuelas le permite al productor de bovinos saber a qué precio vender. Hubo un mercado concentrador ovino en Avellaneda, pero lo cerraron en la década del ‘80”.
Para ellos el libre mercado, regido por la oferta y la demanda, no termina por ser un buen negocio.
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Parado en el stand junto a un tractor amarillo, celular en mano, R. espera las preguntas de los curiosos, evacua las dudas de los interesados. Ese es su rol como vendedor en la empresa Valtra.
La situación no es sencilla. El patentamiento de tractores en Argentina bajó a 392 unidades en junio de 2026, lo que representa una caída del 28,5% frente a mayo y un 3,9% menos interanual, según los datos oficiales informados por la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA).
-¿Cómo se explica la caída en el patentamiento de tractores en un sector que se muestra pujante?
-El problema es que han subido otros precios. Los costos en herbicidas y combustible crecieron mucho y entonces al productor le queda menos margen para invertir en maquinaria. Igual tenemos bastantes consultas. El punto es ese, no hay margen. Además cayó el consumo y eso afecta a todo el negocio.
-¿Los afecta la importación de maquinaria china, especialmente tractores?
-Sí, claro. Los tractores chinos son hasta un 50% más baratos pero su vida útil es de dos años, y no tienen valor de reventa. También hay dificultades para conseguir repuestos. Conozco un productor que estuvo dos meses esperando. Es como comparar una zapatilla Adidas con una alpargata.
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Reynaldo Postacchini, vicepresidente de Claas, la empresa alemana de maquinaria agrícola, brinda detalles del negocio y revela también las razones por las cuales reina en la Expo cierto clima de optimismo. Como si todos los vientos, esta vez, soplaran a favor.
“Hay demanda, eso es importante. En cosechadoras las ventas están igual o mejor que en 2025; en pulverizadoras estamos un 5% abajo. La venta de tractores es estable, al igual que las fumigadoras. La comercialización de picadoras sigue a buen ritmo”, explica.
Estacionada en el centro del stand, una máquina picadora se erige, portentosa. El precio de lista es de u$s 1.300.000, más el cabezal que se vende aparte y ronda los u$s 400.000. En lo que va de la feria Postacchini ya vendió dos.
-¿Quién compra estas máquinas de alta tecnología y precios increíbles?
-La mitad son productores, la otra mitad son contratistas. El beneficio que tiene un productor al ser dueño de la máquina es que cosecha en el tiempo que considera correcto. Un día de lluvia, una demora, puede hacerle perder mucho dinero. Así no tiene que esperar al contratista. Son tiempos distintos. ¿Cuál es el tiempo del contratista? Cuando llega con las máquinas al campo. Y por ahí no coincide con las urgencias del productor. El contratista brinda un servicio importante para aquellos productores que no quieren tener personal a cargo. Por eso es importante lo de la Ley Laboral.
-¿Qué otras variables juegan al momento de comprar una máquina, además del precio?
-Al momento de comprar una máquina, a partir de la estabilidad económica, empiezan a jugar otras variables, además del precio de la unidad. Por ejemplo, el costo en combustible. Es decir que cuando hay previsibilidad el productor tiene que comprar una máquina que le permita ganar mayor competitividad. En las cosechadoras, por ejemplo, es importante el tema de las pérdidas, es decir cuánto grano queda tirado en el suelo.
-Usted trata permanentemente con los productores rurales. ¿Cuál es el humor del campo?
-Con la inflación baja se gana en eficiencia. La gente está contenta con la estabilidad, con el dólar tranquilo. No hay déficit y entonces no hay inflación. La estabilidad es el mejor aliado del campo, de la fábrica y del pobre. Cuando hay alta inflación se distorsiona todo y el único que gana es el intermediario, que hace la diferencia en cualquier rubro. Eso se terminó. Y aclaro que yo no soy violeta (libertario), sólo valoro la estabilidad. La estabilidad permite que por ahí la gente ahorre, aun el más humilde. Y se frena la compra compulsiva porque ya los billetes no queman en la mano. Si nos comparamos con Brasil, la diferencia grande es que en los últimos 25 años nosotros no conservamos el valor de la moneda.
-Una máquina que cuesta u$s 1 millón representa un capital importante. ¿Quién las maneja? ¿Cómo se capacitan?
-Nosotros tenemos la Academia Claas en Oncativo, Córdoba, con aulas adonde capacitamos a las personas para el manejo avanzado de cosechadoras y picadoras. Es importante ese proceso. Pero, además, veo que hay un cambio cultural en los jóvenes. Quieren trabajar. Se acercan a nuestro stand a buscar trabajo. Muchos son profesionales, ingenieros. Ni siquiera preguntan cuánto van a ganar, quieren aprender. La educación ha caído mucho y eso se nota, sobre todo en el campo.

El patentamiento de tractores cayó en el último mes. La importación china es un desafío para la industria local.
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El desarrollo de la alta tecnología no ha pasado inadvertido para el sector agropecuario, que la incorpora para ganar en competitividad dentro de un mercado que no perdona. La empresa Tekron importa desde hace cuatro años los drones chinos marca DJI. Ya tiene 3.000 equipos operando en la Argentina.
Los drones cuestan entre u$s 12.000 y u$s 52.000 cada uno, dependiendo de su capacidad operativa. La herramienta se utiliza para todo tipo de actividad y producción agrícola. Su operatividad va desde pulverizar, fertilizar o sembrar en diversos campos del país, hasta la alimentación en criaderos de truchas. La autonomía tiene un rango que oscila entre las 10 y las 45 hectáreas por hora.
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Criador de la raza bovina Limangus, Leonardo Hernández, dueño de la cabaña Los Pirulos, ubicada en la localidad bonaerense de Tres Lomas, dibuja una sonrisa. Uno de sus toros ha sido premiado en la pista central y eso es motivo de festejo. Algunos metros más allá lo espera una copa de champagne con la que brindará junto a todo su equipo.
“Estamos viviendo un momento que era muy esperado para el campo. Se ha producido la valorización de la carne argentina en el mercado internacional. Nos ayudó mucho el cambio de política económica y la apertura hacia nuevas plazas”, recalca.
Luego, como tantos otros productores, señala: “La estabilidad es fundamental para nuestro negocio. Yo vendo los reproductores con financiación a 90 días. Por eso la inflación a la baja y el dólar calmo ayuda mucho. Hay como un alegretto en el campo”.
Y añade: “Producir un animal nos lleva tres años. Yo remato el trabajo en un solo día. Hace unos años vendí todo un jueves; el domingo fueron las PASO; el lunes devaluaron un 35%. Perdí el 35% de lo ganado en un día”.
El consumo de carne vacuna se retrajo en el primer semestre un 11,5% interanual y alcanzó el nivel más bajo en los últimos 30 años. Los argentinos comen ahora 47 kilos anuales de carne bovina por persona. ¿Es un problema para el productor ganadero?
“No nos preocupa la caída en el consumo de carne en el mercado interno porque compensamos por el lado de la exportación a partir de la apertura económica. También es cierto que se ha dado un cambio cultural, que la sociedad se inclina hacia otros alimentos, incorpora otras proteínas como el pollo”, concluye Hernández.
FOTOS: GUSTAVO CARABAJAL.
