En abierto desafío al Papa, los lebvristas consagraron 4 obispos

Por JAMEY KEATEN y NICOLE WINFIELD

Desde Ecóne, Suiza - AP

Un grupo disidente de católicos tradicionalistas desafió directamente al papa León XIV el miércoles al consagrar a cuatro obispos sin su consentimiento, restando importancia a las excomuniones resultantes y diciendo que la ruptura con la Iglesia era necesaria para defender la fe católica.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, que se opone a las reformas modernizadoras de la Iglesia católica, siguió adelante con la ceremonia de cinco horas en su seminario en Écône, Suiza, pese a una última petición de León de que se cancelara. En una carta publicada el martes, el papa estadounidense advirtió que consagrar obispos sin su aprobación equivale a un “pecado de extrema gravedad” que, en realidad, perjudicará a sus fieles.

Las campanas repicaron por el valle montañoso alpino envuelto en niebla mientras cientos de sacerdotes caminaban de dos en dos hacia el altar bajo una carpa para iniciar el servicio y luego nuevamente al final. Se estima que asistieron 16.500 fieles que prefieren la misa tradicional en latín a las liturgias modernas, sentados en un campo bajo un aguacero junto a sus hijos, que eran demasiado numerosos para que los organizadores los contaran.

La misa, llena de vestiduras de terciopelo y ribetes dorados, canto e incienso, fue transmitida en directo por el canal de YouTube de la fraternidad, con explicaciones simultáneas en varios idiomas. El evento, una extravagancia religiosa altamente organizada, subrayó el alcance internacional de la fraternidad, pese a su condición de forastera cismática, y su atractivo para católicos conservadores y tradicionalistas recelosos del mundo moderno y secular.

Las consagraciones suponen una gran crisis para el pontífice, quien ha priorizado la unidad de la Iglesia y sanar las tensiones con los tradicionalistas que se agravaron durante el pontificado del papa Francisco.

La SSPX, como se conoce a la fraternidad, es una amenaza para la Santa Sede, ya que representa una fe paralela, ultracatólica. Ahora cuenta con seis obispos, 751 sacerdotes, 264 seminaristas en formación en cinco seminarios, 145 hermanos religiosos, 88 oblatas y 250 religiosas que representan 50 nacionalidades, según estadísticas de la SSPX.

Al inicio de la misa, un sacerdote leyó en voz alta un comunicado que justificaba las consagraciones como un “deber sagrado” necesario y restaba importancia a las sanciones resultantes. “Consideramos que todo castigo y censura que se aplique contra este paso no tendrá validez”, afirmó.

A mitad de la ceremonia, el obispo Alfonso de Galarreta, que fue excomulgado tras ser consagrado sin consentimiento papal en 1988, colocó las manos sobre la cabeza de cada uno de los cuatro nuevos obispos. El ritual confiere el Espíritu Santo de un obispo a otro y evoca el gesto de Cristo hacia sus apóstoles. Después de recibir sus mitras, guantes y báculos pastorales, los cuatro hicieron una procesión entre la multitud, bendiciendo a los fieles como obispos.

Según el derecho canónico, el mero acto de consagrar a un obispo sin mandato papal conlleva la sanción más severa en la Iglesia católica: la excomunión automática para los cuatro nuevos obispos y para el obispo que administra el rito. También equivale a un acto cismático, o una ruptura intencional de la unidad de la Iglesia católica.

Una fraternidad fundada en oposición al Concilio Vaticano II

El arzobispo francés Marcel Lefebvre fundó la fraternidad en oposición a las reformas modernizadoras del Concilio Vaticano II. Entre otras cosas, las reuniones eclesiásticas de la década de 1960 revolucionaron las relaciones de la Iglesia católica con otros cristianos, judíos y personas de otras religiones, y permitieron que la misa se celebrara en lengua vernácula en lugar de en latín.

En 1988, Lefebvre consagró a cuatro obispos sin consentimiento papal. El Vaticano excomulgó de inmediato a Lefebvre y a los cuatro obispos y declaró las consagraciones un “acto cismático”. El papa Benedicto XVI levantó las excomuniones en 2009, pero la SSPX hoy no tiene estatus legal en la Iglesia.

La SSPX ha acusado a la Iglesia de estar plagada de herejías y errores, e insiste en que solo ella sostiene la verdadera fe de Cristo. Ha justificado las consagraciones, citando un “estado de necesidad” para atender a sus fieles.

La SSPX ha identificado a los nuevos obispos como el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier.

En su homilía, el superior de la SSPX, el reverendo Davide Pagliarani, defendió las consagraciones como necesarias para la salvación de las almas, pero también insistió en que servían a León y a la Iglesia.

“Se nos acusa de no respetar al papa”, dijo Pagliarani. “Pero es precisamente porque amamos al papa como el vicario de Cristo, como la cabeza de la Iglesia, que no queremos ver al papa humillado nunca más, del lado de falsos pastores que representan falsas religiones”.

El Vaticano no ha formulado comentarios y por ahora se desconoce cómo comunicará las excomuniones o cualquier otra sanción.

Una ruptura con ambiente festivo

Y, sin embargo, todo en la ceremonia del miércoles tenía el aire de una celebración alegre. El sitio web de la SSPX ha tenido un reloj de cuenta regresiva funcionando durante días antes de la consagración. Los participantes recibieron una gorra de béisbol con el sello “Econe2026”.

Y, quizá como la señal más evidente de una celebración, los participantes registrados podían comprar un set de vino de recuerdo para conmemorar el evento “histórico” por 75 francos suizos (92,50 dólares). La caja de regalo “Cuvee des Sacres” incluía pinot noir, syrah, Petit Arvine y Fendant, cada botella con una etiqueta que representaba una mitra de obispo, su anillo, una cruz o un báculo.

Pese al aguacero que terminó empapando a los fieles en el campo delante de la carpa, el ánimo en el lugar era de celebración. El campo, ubicado bajo enormes líneas eléctricas, se veía lleno de monjas sonrientes, sacerdotes posando para fotos, jóvenes repartiendo botellas de agua, guardias de seguridad vestidos de negro con auriculares y voluntarios con chalecos naranjas que en ocasiones interrumpían entrevistas con fieles. Durante el aguacero, los sacerdotes administraron la comunión bajo paraguas amarillos y blancos, los colores de la Santa Sede.

Arlina Onglao, una agente de viajes de 71 años de Filipinas, declaró que quería viajar a Écône para el evento “histórico” y que no le importaba la perspectiva de excomuniones. Dijo que el Vaticano había “perdido credibilidad”.

“No creo que vaya a asustar a ninguno de nosotros. Yo no tengo miedo”, dijo. “Siento que estoy en un camino más seguro hacia el cielo”.

El investigador médico Wulfran Lindzondzo, de 42 años, originario de Gabón y residente en Francia, dijo que quería “redescubrir la tradición” a través de la fraternidad, señalando su presencia en el país africano.

“El Santo Padre no está realmente de acuerdo con ello, pero yo encomiendo... Rezaré al Buen Señor para que las autoridades en Roma puedan algún día aceptar volver a las tradiciones de la Iglesia”, dijo antes de que comenzara la misa.

Pero muchos católicos que no estaban en Écône, incluidos conservadores y tradicionalistas, se oponen a las consagraciones, que ven como un acto de grave desobediencia al papa que perjudica a la Iglesia.

“No se puede servir a la tradición mientras se desobedece a la Iglesia y a su autoridad”, sostuvo el reverendo Robert Gahl, experto en ética de la Universidad Católica de Estados Unido

En Suiza, en la sede central de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, se celebró la ceremonia presidida por los obispos de Galarreta y Fellay con el rito de la consagración episcopal. Unas 15.000 personas asistieron al acto en que el superior Pagliarani anunció: “Un día histórico, las posibles sanciones o censuras contra este acto no tienen ningún valor para nosotros”.

"La túnica de Cristo ha sido rasgada"

De esta forma, “la túnica de Cristo, aquella que el Papa León, en una última y conmovedora carta del 29 de junio, pedía que no se lacerara; al final, ha sido rasgada”, indica un comentario editorial de Vatican News, firmado por Salvatore Cernuzio.

Los nuevos obispos respondieron afirmativamente a la fórmula litúrgica: “Habetis mandatum apostolicum?”

Lo hicieron reivindicando la necesidad de garantizar la continuidad y la misma supervivencia de la congregación, a pesar de los intentos de diálogo de la Santa Sede y de las advertencias de no proceder a un cisma, advierte el comentario del Vaticano.

Cita las gestiones del cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y del propio León XIV en la carta de hace dos días.