SE MULTIPLICAN EN EL MUNDO LOS HERODES Y LOS PONCIO PILATO

Eliminación de un pesebre


POR BERNARDINO MONTEJANO

Hace unos días, una querida amiga y colega, me informó consternada, que el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, había eliminado su pesebre, que todos los años se bendecía como recuerdo de Navidad y que entroncaba con una larga historia de dicha institución, continuadora de la Hermandad de san Ginés, único santo entre los escribanos, hasta donde llegan nuestros conocimientos, cuando los abogados suman más de diez, aunque la mayoría se hicieron santos abandonando su profesión.

Y ante su queja, le informaron que era una institución laica y que no podían molestar a nadie.

O sea que el pesebre, como la Cruz molestan y si molestan es porque hoy entre nosotros se multiplican los nuevos Herodes y los Poncio Pilato y aparecen los herederos de esa plebe que, en un grotesco plebiscito, eligió a Barrabás para que lo liberaran mientras a Cristo lo crucificaban entre dos ladrones.

UN MISTERIO

Como escribe nuestro amigo Rafael Jijena Sánchez en el libro La Navidad y los pesebres en la tradición argentina: “La celebración navideña desde muy antiguo se extendió del templo a la familia en razón de lo deslumbrante del Misterio en el orden sobrenatural y de su riqueza inconmensurable en lo humano. Se contempla así, junto con la encarnación del Hijo de Dios, la sublime maternidad de la Virgen y la silenciosa actividad, la autoridad y el amparo de san José, en lo que se considera para todos los tiempos el paradigma de la familia…. El pesebre es esencialmente un Misterio, un altar y una representación, es la presencia de Cristo, cuyos contemporáneos somos los cristianos de todos los tiempos, según la feliz definición de Kierkegaard” (Hermandad del Santo Pesebre, Buenos Aires, 1963, p. 11).

La milicia angélica canta “Gloria de Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”, (Lucas 2,14). La Biblia de Jerusalén critica esta versión basada en la Vulgata, argumentando que no traduce el sentido usual del término griego y propone otra: “Paz a los hombres en los que Dios se complace” , o sea a los hombres que agradan, satisfacen, contentan a su Creador, con lo cual llegamos a lo mismo, puesto que son los de buena voluntad, los hombres respetuosos de los mandatos divino, dispuestos a observarlos a pesar de sus debilidades, sus falencias y sus caídas, abiertos a pedir y a recibir en su peregrinaje, el auxilio que viene de lo alto.

La Divina Providencia dispuso que la Segunda Persona de la Trinidad naciera en el frio de un portal próximo a Belén y junto al canto de los ángeles que anuncian la gran alegría, recibe la visita y el homenaje de los vecinos pastores.

Luego aparecen los lejanos reyes, quienes al visitar a Herodes le piden datos acerca de donde se encuentra, un rey misterioso, término del camino hacia el cual los conduce la estrella.

El potencial asesino de los inocentes les pide que al retornar le indiquen precisiones sobre el lugar, pero advertidos por el ángel vuelven por otro camino; avisado José del peligro que corre el niño, debe huir a Egipto con su madre María, para salvarlo.

MATANZA

Desorientado, el perverso Herodes ordena la matanza de todos los menores de dos años, (Mateo, 2, 16) inocentes cuyo martirio, evoca la Liturgia de la Iglesia cada 28 de diciembre. El himno en el oficio de lectura en sus primeras estrofas dice:

“Tanto al tirano le place

hacer de su soberbia ley,

que por desbancar a un Rey

un millar de reyes hace.

Por matar a un enemigo

siembra de sangre Belén.

Y en Belén, casa de trigo,

no muere un Rey, nacen cien.

Y así su cólera loca

no puede implantar su ley,

pues quiere matar a un Rey

y corona a cuantos toca”.

Hoy los discípulos de Herodes se cuentan por millones y muchos más las víctimas de los abortos. Además, se agregan los de la promocionada eutanasia que junto con los primeros violan el mandato del Éxodo: “No matarás al inocente ni al justo”.

Pero además un lenguaje mendaz enmascara la realidad y al primero se lo denomina “interrupción del embarazo” y a la segunda “muerte digna”. En realidad, la suspensión del embarazo no existe y una muerte dignificada por la eutanasia tampoco.

Pero también hoy se multiplican los Poncio Pilato a quienes molestan pesebre, la Cruz y el conjunto de los mandatos de las Sagradas Escrituras.
En estos días navideños roguemos a Dios por todos, de acuerdo con el mandato de Cristo: “Os doy un mandamiento nuevo; que os améis los unos a los otros como yo os he amado… En esto conocerán todos que sois discípulos míos” (San Juan, 13, 14-15).

Como discípulos, fieles al mandato, rogamos al Niño divino por nosotros, y por nuestros lectores y amigos, para que nos conserve y fortalezca en la fe, nos renueve la esperanza y nos acreciente la caridad; y también por los continuadores contemporáneos de Herodes y Pilato para que la Navidad los mueva a una “metanoia” y se conviertan en seguidores del Dios misericordioso que nos llama, nos convoca, nos enseña, con su palabra y con su ejemplo, pero jamás nos fuerza, porque nos quiere libres y amigos.