21 de abril de 1924. En la ciudad de Pitsburg, estado de Pensilvania, EE.UU. se está muriendo una mujer.
Tiene 76 años. Es italiana. Había sido la actriz más famosa de Europa. Su nombre: Eleonora Duse.
Pero 15 años antes, a los 61 de edad, había decidido dejar su carrera. ¿Motivo?, la ruptura de su relación con un gran escritor italiano, Gabriel D’Anunzio.
Pero a los 73 años -es decir, 12 años después- necesidades espirituales y... por qué no decirlo, también económicas, la impulsaron a volver a las tablas.
Eleonora Duse era una actriz de raza. Erguida sobre un escenario su voz, matizada de emoción, hacía estremecer a los públicos de todas las latitudes. Ya desde sus bisabuelos, en la familia Duse todos eran actores. Hasta su propio nacimiento acaeció, durante una gira actoral de sus padres, en un vagón de ferrocarril. A los 4 años ya conocía el escenario.
Eleonora Duse visitó varias veces nuestro país, actuando en el viejo teatro Politeama, de Corrientes y Paraná, aquí en Buenos Aires.
Solía contar –tal era su amor al teatro y su compenetración con sus personajes- que cuando actuaba en un papel dramático, por ejemplo, sus lágrimas eran de verdadero dolor. Y que horas después de la representación, seguía sintiendo la pena y la tragedia de su personaje de ficción. “Es que la sensibilidad suele herirnos. Aunque no querríamos vivir sin ella”.
Pero unida a esa sensibilidad, tenía un temperamento violento.
Se cuenta que en una actuación de su compañía en París, a teatro lleno, una espectadora de la primera fila hizo ruido con unos papeles, lo que molestó a la diva.
Eleonora Duse interrumpió la representación y le dijo:
- Ud. me quita concentración. Por favor, sea prudente.
La señora aludida, una condesa, se sintió a su vez molesta por la observación y continuó haciendo ruido.
Eleonora Duse interrumpió nuevamente la obra. Bajó a la platea y estampó una sonora bofetada en la mejilla de la condesa.
Esta, rápidamente se la devolvió. Y así las dos mujeres siguieron agrediéndose por unos instantes, hasta que fueron separadas. ¡Qué temperamento la Sra. Duse!. Por supuesto que esa noche se interrumpió definitivamente la función.
Eleonora Duse recorrió toda Europa y también Egipto, Rusia y varios países de América del Sur donde deslumbró con la fuerza y el talento de su arte inimitable.
Y su triunfo en todos los escenarios se dio porque los grandes del arte siempre derriban fronteras. Ella daba todo de sí.
Es que el gran artista nos entrega, ¡como diría!, mucho más que su arte.
Cuando Eleonora Duse, con sus 76 años aceptó una gira por Estados Unidos –que culminaría con su muerte- sabía que su salud estaba quebrantada. “Pero quien nació para cantar, no puede vivir en jaula”.
Minutos antes de la última representación de su vida, en Pitsburg, EE. UU., un médico la visitó en su camarín.
Eleonora tenía como una intuición de que sería esa su última actuación.
Incluso mintió al médico ocultándole síntomas. Pero en tono suave le dijo:
- Doctor: quisiera morir en Italia, mi patria.
- ¿Por qué me lo dice?, no creo que Ud. tenga nada muy grave”.
- No se Dr., se me ocurrió, simplemente.
Pero no pudo cumplir con su deseo. Moría tres días después, lejos de su tierra y de sus afectos.
Y a Eleonora Duse, que fue una artista total, porque sumó como pocas arte y sentimientos, quiero dedicarle este af. que tiene relación con esa personalidad fuerte y a veces desmesurada que se reveló en la anécdota que conté hace minutos en la que abofeteó a una condesa.
Pero ese temperamento no la disminuyó como artista. La humanizó, simplemente.
Pero vamos al aforimo final: “En el gran artista importa la creación, no sus debilidades...”.
