El toma y daca

La crisis económica que soportamos, es consecuencia, entre otras cosas, de un sistema que funcionó durante años definido por procedimientos que aun no se han abandonado totalmente y que muchos se ven tentados a seguir.

El toma y daca, intercambio de favores, subsidios y dádivas, se mantiene vigente, un buen ejemplo es la actitud obstruccionista de la CGT.

Ya están reuniéndose con gobernadores para tratar de poner palos en la rueda en el tratamiento de la ley laboral. Y no es que se desconozca la necesidad de ella para el bienestar de los trabajadores y para la mejora en el nivel de vida de las provincias. La cosa es que siguen prendidos a la vieja política y a los rancios métodos que por inercia cultural tendremos que tolerar aún, durante un buen tiempo.

El motivo no es nada menos que un morboso egoísmo proveniente de líderes y políticos incapaces que tuvieron y todavía tienen el manejo de la cosa pública.

LEY OBSOLETA

Los sindicalistas, por ejemplo, que atacan a las grandes empresas y al empresario, no piensan que muchos ciudadanos también lo son, tienen su propio negocio y se ven perjudicados por una obsoleta ley laboral.

Todavía piensan como en el siglo XIX, tildan al empresario como a un déspota sin ver que la empresa moderna, a través de la producción en masa, es responsable de mejorar la vida de millones de seres en el mundo.

Tanto ellos, como algunos gobernadores, empresarios ligados al Estado y funcionarios públicos, prefieren un sistema en el cual puedan desenvolverse con su mediocridad y su pereza y además les reditúe económicamente. No les es difícil elegir entre aceptar reformas estructurales, que benefician a toda la sociedad, y sus intereses personales.

Las ganancias espurias, basada en el toma y daca, les permiten desperezarse en mansiones, comprar bienes esparcidos por el mundo y vivir como bacanes.

Han desparramado falsedades que han calado hondo en parte de la sociedad, una de ellas es que la libertad económica solo beneficia al empresario y no a los trabajadores.

Es así como exigen aumentos de sueldos que no condicen con la productividad de la empresa, en vez de un acuerdo entre ambos, consistente en mejorarla para poder aumentar las ganancias y, de esa forma, beneficiarse todos.

ENVIDIOSOS

Por otro lado, hay sectores de la oposición que no soportan el éxito de quien hace las cosas bien o medianamente bien. La envidia hace que se cuezan en su propio jugo, se oponen por deporte para anular al exitoso, aun a costa de la pobreza colectiva. No son por lo general

políticos profesionales, a los que describía bien Max Weber como funcionarios excelentemente especializados gracias a una intensa preparación y con el altísimo valor de la integridad. No lo son en su mayoría, por lo cual soportamos una tremenda corrupción e incompetencia. Se valen de su influencia política en beneficio solo de sus intereses particulares, pretenden vivir de la política componiéndola para fuente de ingresos.

El Gobierno actual, más allá de sus errores y formas de comunicación, algunas criticables, está decidido a lo que no se animan otros políticos: a una política nueva, liberal y entusiasta, destinada a sacar al país del limbo en que se vivió durante décadas.

También a crear una conciencia nacional a favor de la libertad individual en contra de la ideología socialista y falsamente nacionalista, la cual nos alejó de los primeros puestos que tuvimos en la economía mundial.

Es cierto, por otro lado, que el Presidente de la Nación parece tender a una concepción bastante absolutista del poder ejecutivo, explicable, al menos, por la situación política y económica apremiante que vive el país. Se debe proceder, muchas veces, con autoridad, decisión y urgencia.

Pero debería no excederse en actitudes censurables, las cuales no permiten resaltar, dejándolas en segundo plano, las políticas que está llevando a cabo para disminuir el poder del Estado.

El Gobierno debe tener presente que no hay poder legitimo, ni solución de problemas, sin la ayuda de la opinión pública institucionalizada y de resortes legales; el rumbo debe considerar fortalecer la confianza de la sociedad trabajando por el progreso económico, sin dejar de lado el progreso institucional.

Es preciso, también, que no lo halle desprevenido una oposición decidida, que incluye a periodistas mercenarios, abocada a pintar cualquier situación de colores muy sombríos.

EFECTO CRISTINA

La virtud de la serenidad le va a ser indispensable en el 2027, un año electoral. Cristina Kirchner, desde la sombra, está tejiendo los hilos para fomentar en la sociedad su influencia negativa y perturbadora. Su obsesión es llegar al poder careciendo de la capacidad necesaria para afrontar correctamente los problemas que ella misma promovió. Lo malo de los argentinos es que olvidamos rápido, por lo mismo siempre seguirá siendo una amenaza para el orden político y económico liberal: su idea sigue siendo que sea el Estado el que coordine y “racionalice” la producción del país, su distribución y su economía.

Los peronistas kirchneristas se están peleando entre ellos, no solo por ambiciones de mando, también por ambiciones mezquinas e inconfesables, lo demuestra el triste cuadro de sus permanentes disidencias internas. Pero, el año que viene, alentados por la ex vicepresidente, veremos unidos a esa resaca política en busca de la desestabilización del Gobierno.

Con respecto a los problemas de la economía, del alza de precios también tiene la culpa esta clase de oposición: la solución es cambiar de sistema, como lo está realizando, con esfuerzo, el Gobierno. Si siguen siendo altos, a pesar de la baja de la inflación, es justamente porque no se permiten sacar adelante las reformas estructurales, las cuales permitirían desarrollar aún mas nuestros recursos naturales y crear condiciones para que se instalen empresas y negocios de toda clase al liberar las fuerzas del trabajo de todo tipo de trabas.

CAMINO DE SERVIDUMBRE

Como nos enseñó Friedrich Hayek en Camino de servidumbre, libro indispensable para la juventud, la libertad económica aunque no es indispensable para la vida espiritual del hombre, lo es para evitar el hambre en el mundo, también para no caer, como por un tobogán, en las garras de planificadores que llevan a los ciudadanos a ser esclavos de un Estado autoritario o totalitario.

Se tendría que tener en cuenta en el próximo periodo electoral, que si regresamos a políticas que controlan la economía, no se podría esperar otra cosa que la decadencia del país.

Los argentinos tenemos que ayudar primordialmente al cambio de ideas probadas como erróneas, de ese modo la política y la economía se convertirían en la de un país con posibilidades de progreso en todo sentido.

 

* Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed. Lumiere, 2006).