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El tiempo no para: velocidad sin pensamiento
“…hay un lazo estrecho entre la aceleración y una humanidad cada vez mas pobre interiormente”. (G. Marcel. Filósofo francés. ´Diario Metafísico´).
Vienen pacientes luego de largas jornadas entre boliches, noches sin dormir, un cansancio “domado” con estimulantes…luego duermen días para después volver a lo mismo. Sus vidas parecen ser “noches eternas” con el
consiguiente deterioro en todas sus actividades o estudios.
La compulsión a las drogas y al alcohol hará el resto; “sujetos domados” por las drogas y por la necesidad del vértigo se hará irresistible.
La novela televisiva “El tiempo no para” -como toda obra de arte se adelantó a los tiempos ya que fue magníficamente dirigida por Alejandro Maci en el 2006- narraba en una sucesión desenfrenada de escenas y personajes el vértigo del cual somos parte como sociedad en la cual vivimos. Al anticiparse a las tendencias actuales, demuestra su vigencia, aspecto que comenté recientemente con el Director.
En ese tiempo ya había muerto un cómico excelso tirándose de un balcón luego de un frenesí de drogas, deportistas famosos estaban envueltos en el consumo y en su decadencia. Y todavía la muerte por caída desde un balcón en estado de intoxicación de Juan Castro dominaba a través del dolor ese hecho (2004).
Era un nuevo tiempo el que se avecinaba… “el tiempo que no para”. Velocidad sin pensamientos, caídas de las intimidades. Déficit de vínculos, de transmisiones simbólicas fallidas entre generaciones, padres “abandónicos” en masa, escuelas en fallas; en fin, otro momento de la
historia argentina y también del mundo.
En esta época llamada postmoderna o también post-social (individualismo como máximo disvalor) por la “liquidación” del otro como prójimo-próximo (el otro parecería no existir o solo para ser burlado, transgredido o usado) el tiempo va adquiriendo una dimensión cataclismica y
explosiva. Es el tiempo bien graficado en el consumo voraz de cocaína en donde el tiempo y el cuerpo parecen vivir en un paraíso irreal.
¡!VIVA EL RUIDO-CANCELEMOS EL SILENCIO!
Ni siquiera se respeta a la cronología, el tiempo del reloj
quedó separado por el frenesí de la ansiedad que marca un tiempo distinto; los impulsos mandan. Surge así una voracidad en donde se hace cierta la máxima de los griegos en donde el Dios Cronos (el Dios del tiempo) se comía a sus hijos.
La ferocidad de un tiempo que parece tragarse todo lo humano que encuentra, así como en la novela cada uno de los personajes va cayendo devorado por sus actos que son propuestos por la vorágine que se les impone.
Se hace cierta aquella máxima del gran C. Jung: “Si miras para tu adentro te iluminas, si solo miras para afuera te encegueces”.
El pensar queda suspendido. El impulso manda y ahí impera el ruido se cancela el silencio que es el contacto con nuestro sí mismo. El tiempo interno, el tiempo subjetivo parece no existir. El pensar queda suspendido.
El impulso manda. Donde se encuentra la presencia de
algo importante el silencio es natural, en cambio donde no hay algo importante, el ruido tiene que llenar el ‘vacuum’
, por aquella ley de la física antigua que dice ‘natura habet horrorem vacui’, la naturaleza tiene horror al vacío; el vacío que se produce en la naturaleza enseguida es llenado.
También en psicología, el vacío tiende a llenarse con algo, como las drogas, el alcohol o el “negocio del ruido de hoy”.
¿Qué es el ruido en último análisis? Es relleno de vacíos. Si se suprimiera la música estruendosa en algunas fiestas, se produciría un aburrimiento intenso. Si se suprime el alcohol, las excitaciones eróticas, el “bochinche”, nos quedamos con nada. Entonces hay que llenar ese vacío. El relleno es falso
. Detrás del ruido está la nada y detrás del silencio auténtico está el ser. Porque lo que es, se manifiesta en el silencio.
“CULTURA DEL OMBLIGO”
La pregunta no existe ya que en toda pregunta hay una apelación al otro y a la mismidad más profunda para sacar conclusiones que nunca son concluyentes sino abiertas a lo que los otros también nos digan. Todo es una respuesta marcada desde la cultura del “ombligo”; hago esto porque me da la gana. Así surge la violencia ante la durarealidad que a veces nos dice no, o aparece la paranoia como venganza frente a la adversidad de los hechos; todo esto intenta suplantar al tiempo de la espera y la reflexión.
El tiempo, en su incesante transcurrir, requiere de impulsos sostenidos por “combustibles” alternativos, es decir, una suerte de adrenalina adicional que permita afrontar y suplir las adversidades inherentes a la existencia. Es
tiempo de la cocaína u otros estimulantes.
Ese combustible es la droga estimulante en esta sociedad. Los últimos datos oficiales hablan de los estimulantes aumento de las drogas “artificiales”; siendo la Argentina el primer país en consumo de cocaína y marihuana en América Latina junto a Uruguay y surge la pasta base como estocada final junto al crac.
LOS OPIACEOS-FENTANILO
Ahora ya en el mundo surgen los opiáceos y Jean Cocteau en su libro “Opio” nos dice “la droga es la única manera de saltar del túnel de la vida”.
Una vez que se abandona el vértigo hacia la nada el hombre parece enfrentarse con la vida como sombra como túnel sin esperanza. La vida como túnel, como oscuridad sin luz ni sentido. Ese tiempo cataclismico está marcado por un “combustible”
prestigiado socialmente y surge desde la nada de sentido. No hay luz. Pero es un salto.
Un intento alucinado de crear otro mundo, aunque sea por un instante. Instante cada vez más pequeño ya que la abstinencia de la droga, la falta de ella en nuestro cuerpo y mente nos devuelve al túnel. El “combustible” elegido les permite por un instante la omnipotencia de es atravesar todos los límites. El túnel de la vida que muestra Jean Cocteau es un símil de la mítica Caverna descripta por Platón en la Antigua Grecia.
Vivimos en un mundo de sombras en donde los seres humanos parecen conocer solo esa realidad. Se convierten en reclusos de ese entorno de cavernas y sombras, mientras que en el exterior permanece la Luz. Para Platón, el Sol representa la verdad y las sombras sólo la apariencia. Muchos prefieren el mundo de las sombras y otros se atreven a la verdad del mundo de la luz. La caverna representa la ignorancia asumida; salir hacia la luz implica cuestionar certezas, un proceso doloroso. Pero las drogas, hoy, están ahí.
Ir a mil se transforma en un fin en sí mismo, pero ahora creando mundos paralelos que los opiáceos ofrecen incluso vagando como “nadies” por plazas o calles.
La droga así seduce, se transforma en un modo de dominio en un mundo de poder, como nos enseñaba el maestro en psicoanálisis Guillermo Maci.
Quedamos sometidos al vértigo para salir del túnel (vida a la cual no le hemos encontrado ideales superiores al “ombligo”) y sujetos al “combustible” mortífero de nuestras neuronas y nuestra mente como son las drogas.
Todo sea por comprar por un ratito un mundo alucinatorio que nos permita, también por un ratito, salir del túnel. Quedamos, así, presos del tiempo que no para. Es el nuevo “campo de concentración”
en la sociedad postmoderna. Es el tiempo del ya, del impulso; ahí somos nadie o somos nada. Ahora empiezan a dominar el mundo los opiáceos duramente castigados en su uso en China, pero hábilmente exportados al resto del mundo junto a bandas caribeñas y a laboratorios corruptos americanos.
En China el que consume opiáceos tiene sanciones legales. Lo mismo en el mundo asiático. En su momento los chinos fueron dominados por el Imperio Ingles con el opio (¿venganzas de la historia?).
Ahora nos toca a nosotros. La prevención en drogas se cancela y se apela a la libertad del consumidor. Libertad para ser esclavos, dire. Lo preanunciaba G. Orwell en sus novelas allá por 1958: “…no se necesitará bayonetas para conquistar espacios de otros países solo propaganda y drogas…”.
