El teatro abraza la neurodiversidad
Mela Lenoir e Iñaki Aldao vuelven a protagonizar ‘El curioso incidente del perro a medianoche’ en el Maipo. Los actores, que ya hicieron esta obra en 2019, reflexionan sobre cómo cambió la mirada social sobre el tema y el impacto que la pieza dejó en sus propias vidas.
Siete años después, regresar a escena con ‘El curioso incidente del perro a medianoche’ no es simplemente repetir una fórmula ya probada, es volver a habitar un universo tan complejo, sensible y desafiante como el que propone esta obra. Arriba del escenario, los actores crecieron y el tiempo les aportó una nueva profundidad para contar esta historia: Iñaki Aldao cree que exprime esta experiencia de otra forma y Melania Lenoir siente que cuenta con herramientas para abordar capas más profundas de Judy.
Sin embargo, los intérpretes no son los únicos que se transformaron. Afuera del teatro las cosas cambiaron y ahora hablamos de neurodivergencia, empatía y de las dificultades de quienes acompañan de una manera que antes era impensada.
Y la obra que dirige Carla Calabrese en el Maipo justamente va de eso: de acompañar a Christopher Boone, un chico de quince años con una mente brillante para las matemáticas, pero al que el mundo real lo abruma por completo y un ruido fuerte, una luz muy brillante o un abrazo le resultan una amenaza gigantesca. A medida que Chris comienza a investigar la muerte del perro de su vecina, la trama muestra la intimidad de una familia desbordada, el agotamiento de los padres y el dolor de amar profundamente a alguien y no poder tocarlo.
VINCULOS
-No es fácil lograr empatía tan rápidamente con personajes tan complejos, y ustedes lo consiguen, ¿lo sienten así?
(M. Lenoir) -Yo tuve la suerte de ver la obra en Londres y me acuerdo que el personaje de la madre me pareció bastante juzgable en primera instancia, y eso que soy una persona súper empática. Después, a medida que lo fui interpretando y pudiendo ir más a fondo, fue un gran trabajo encontrar la forma de justificar por qué una madre toma estas decisiones. No es que la juzgaba a la mamá, pero me acuerdo de verla y ponerme muy del lado del papá. Creo que la puesta de Carla hizo que ese lugar se vea un poco más equilibrado para los dos padres, que tienen que hacer lo mejor posible con Chris, que también está haciendo lo mejor que puede. Hay algo que la obra presenta de los conflictos de los personajes, que, si uno tiene un corazón un poco empático, enseguida los entiende.
(I. Aldao) -Yo creo que esta es una obra que desafía al público, te hace repensar y eso inevitablemente, a la larga. te hace trabajar la empatía.
(ML) -Sabés que hay una cosa que está copada y tal vez para poner sobre la mesa. Quizás algunas personas me dicen que al principio de la obra, tal como pasa en la vida, cuando ven al personaje de Christopher les genera cierta resistencia; eso es lo primero que les sucede. Y después, a medida que la obra avanza, van entendiendo. Me parece que esto pasa también con las personas con neurodivergencia, razón por la cual muchos padres eligen no ir a lugares públicos porque sufren la mirada ajena. Creo que lo que le ocurre al público en el día a día es algo que le pasa con el personaje de Chris también: desde una experiencia empírica, primero están más distantes, y a medida que la obra avanza, expone y hace que entiendas la forma, la sensibilidad de este chico y cómo el mundo es abrumador, entonces podés entenderlo desde otro lugar. Eso es lo que termina generando que la gente puede entender esto desde un nuevo lugar.

El cuarteto protagónico: Carla Calabrese (también productora y directora), Andrés Bagg, Mela Lenoir e Iñaki Aldao.(Foto gentileza Gabriel Machado).
-¿Cómo fue el trabajo físico y de contacto en escena, sabiendo que Christopher lo rechaza?
(IA) - Es muy loco. Yo la escuché mucho a Mela hablar de los desafíos que implica para ella como madre tener un hijo como Chris, al que no le gusta que lo toquen. Debe ser muy difícil para una mamá tener un hijo con esas características. A mí me pasa que a medida que fui para adelante con el personaje, ya no pienso tanto en la repercusión que tiene en los otros, porque creo que Christopher es así y punto. Entonces sigo un poco con esa línea. En todo lo que es el contacto físico, a mí me pasa el “no me toquen” y a ella, el “qué ganas de tocarlo”.
(ML) -A mí me liquida como mujer, imaginándome madre, no poder abrazar a mi hijo. Va a parecer una estupidez lo que digo, pero es algo re profundo. Yo no soy madre y con mis sobrinos, que sería lo más cercano a ser madre, tengo un vínculo muy afectivo, pero lo que sí me pasa es que yo tengo dos gatos y un perro, y mi perro es un perro que es ciego y bastante sordo de nacimiento. Es muy asustadizo y nos resulta muy difícil porque prefiere que no lo toquen. Y para mí siempre fue difícil porque lo quiero abrazar, tocar, darle cariño, y en el fondo, lo mejor que puedo hacer por él es que sus necesidades básicas estén cubiertas. Pero el contacto físico sólo puedo tenerlo, por ejemplo, cuando está muy dormido. Entonces puedo entender desde ese lugar, porque lo amo, lo duro y difícil de amar profundamente a alguien y no poder comunicar ese amor de una forma táctil. Si yo lo siento así con una mascota, no puedo imaginarme lo que debe ser con un hijo.
-¿Ya tenía a su perro cuando hizo la obra por primera vez?
(ML) -Sí, lo he usado como sustitución dentro de la creación del personaje y me pasa que al final de la obra hay una situación donde ocurre algo con Chris y otro ser vivo que mi personaje anhela profundamente, y creo que es muy importante también representar eso porque siempre pienso que puede haber una Judy en el público que pueda sentir reflejado el dolor de lo que eso implica. La identificación es muy importante.
-¿Cuál fue la clave para encarar a Christopher sin caer en el estereotipo de la neurodiversidad?
(IA) -Usar lo que está en el texto, que es maravilloso. Es un texto súper completo, claro, tanto el libro como el guion de la obra, que es una versión súper fiel a la obra original. Creo que describe a la perfección el mundo interno de Christopher; ya de leerlo a mí me pasó que tenía gran parte del trabajo hecho. Después, obviamente, hay mucho laburo de llevarlo al cuerpo, conectar con los compañeros, trabajar con Carla, la directora, que tiene una visión muy clara de lo que quiere. Pero el texto yo lo agradezco un montón.
-¿Suma un plus para ustedes formar parte de un proyecto que fomenta la inclusión?
(ML) -Es necesaria esta obra. A mí me gusta pensar que hacemos cosas que nos ayudan como sociedad. Creo que la gente que viene a verla sale entendiendo el mundo un poco distinto.

La obra sale a escena de viernes a domingos en el teatro Maipo. (Foto gentileza Ale Palacios).
-¿Qué devolución tienen del público?
(IA) -Lo que veo en la gente que me escribe o que se queda a la salida del teatro es que se va muy conmovida, muy atravesada y agradecida porque quizás nunca se habían sentado a pensar cómo perciben el mundo las personas neurodivergentes o los padres de chicos con alguna neurodivergencia.
-Desde que hicieron por primera vez la obra hasta ahora, ¿a ustedes les cambió su mirada respecto a este tema?
(ML) -Sí, empecé a leer un montón, a investigar, me cambio completamente la perspectiva.
(IA) -Es que creo que, por lo menos a mí, no hay manera de no conectar de una forma tan íntima y tan fuerte con un personaje como Christopher. Siento que sí o sí te abre la cabeza. Uno se sigue confundiendo a veces y está todo el tiempo presente el desafío de ir para adentro y fijarse dónde está el prejuicio que tiene cada uno, por más mínimo que sea. Es un trabajo constante; no es que de repente sos Teresa de Calcuta (risas). Pero sí creo que lo que activa es esa conversación constante con uno mismo.
(ML) -La forma de percibir el mundo, por lo menos para mí, se amplió mucho más al entender la pluralidad: que realmente somos todos singulares y percibimos el mundo desde un punto de vista completamente diferente.
(IA) -Hace unos días hablábamos de eso. A mí esta temporada me re pegó con algo que por ahí antes no me cuestionaba de esa manera: ¿dónde está Christopher adentro mío? Antes, quizás, lo hacía de una forma más intuitiva, y ahora empiezo a encontrar esos lugares en los que tal vez me he sentido solo o incomprendido, o desde donde percibo el mundo a mi manera. Y también me pone contento de que así sea.
-A usted, Melania, ¿también la conecta con algo suyo?
-Si tengo que ser muy honesta, la obra me abrió un montón de preguntas. Empecé a averiguar con un grupo que se llama Mujeres Neurodivergentes, porque me quedó la sospecha de que estoy sobreadaptada y que tal vez esté en algún lugar del espectro y me encantaría saberlo. Siento que puede cambiarme para entenderme mejor y que tal vez abre camino para que otros parientes míos, de repente, puedan entender que hay distintos grados de sensibilidad.
