LA ERA DE LA IA

El sedentarismo cognitivo y el peligro de delegar la escritura

Expertos analizan el fenómeno de la automatización intelectual, los sesgos algorítmicos y el desafío de preservar la voz humana ante el avance de los textos automatizados.

Son las 17 horas de una tarde en que, al hacerle una consulta a un chat, su respuesta sorprende totalmente. No por el contenido, sino por la forma y un lenguaje inadecuado; por no mencionar el peligro si la persona hubiera sido un menor de edad. De esa extraña situación surge la incógnita sobre si la inteligencia artificial empobrece o no el lenguaje. Una incógnita que años atrás también surgió cuando las redes explotaron y nuevos modismos de habla surgieron entre los jóvenes a una velocidad que sorprendió a todos.

El funcionamiento de estas herramientas de última generación no responde en absoluto a una consciencia de matriz humana, sino a un complejo e intrincado andamiaje puramente técnico. Según explicó a La Prensa Fabio Tarasow, coordinador del Proyecto de Educación y Nuevas Tecnologías (PENT) de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), este producto tecnológico "está basado en el análisis estadístico de grandes cantidades de texto".

El especialista aclaró que el sistema informático trabaja por cálculo matemático riguroso y de ninguna manera piensa por sí mismo; estructura los textos resultantes de acuerdo a un corpus lingüístico masivo y previo que le fue suministrado durante sus fases de desarrollo inicial.

Según el investigador, al realizar un examen minucioso sobre este tipo de escritos automatizados, se hace evidente que “carecen de alma. No tienen la expresividad que le pone un humano, pero sí están bien estructurados; en general, siempre están bien armados porque la gramática la entienden perfecto. Al principio lo que dicen suena bien, pero claro, lo que sucede es que el 90% de las veces leemos en diagonal, no nos ponemos a mirar con detenimiento. Entonces, cuando hacemos eso nos parece que está perfecto, pero si hacemos una lectura más fina, al final nos damos cuenta de que es un texto vacío, una cáscara de huevo vacía”.

Por su parte, Mariela Reiman, directora ejecutiva de Chicos.net, señaló a La Prensa que las interfaces actuales están meticulosamente diseñadas para adaptarse al estilo lingüístico, las necesidades inmediatas y el contexto de quien las utiliza. Esto se hace con el único objetivo de maximizar los niveles de satisfacción general y asegurar el "enganche" o retención permanente de los usuarios en la plataforma digital. Esta dinámica de personalización extrema genera, con mucha frecuencia, una sensación completamente falsa de empatía y contención en los individuos, bajo la ilusión de que la máquina realmente los comprende en un plano profundo, los acompaña de forma genuina y valida sus propios discursos.

"La IA no empobrece el lenguaje por sí sola, pero sí puede hacerlo si delegamos en ella tareas que forman parte de nuestros procesos de pensamiento, creatividad y expresión", afirmó la directora de la entidad, que cuenta con una trayectoria de 27 años trabajando de manera ininterrumpida en la región por los derechos digitales.

Según la especialista, el peligro real surge cuando la sociedad adopta estos datos formateados de forma dócil. “Si tomamos acríticamente estos contenidos, corremos el riesgo de estandarizar y empobrecer las formas de nuestro lenguaje, que son variadas, ricas e interesantes y, sobre todo, empobrecer capacidades humanas claves vinculadas con la creatividad, la expresión y el pensamiento. Siempre es importante hacernos la pregunta: ¿qué queremos delegar? ¿Qué no? La respuesta puede ir variando, pero es clave para poder hacer un uso más consciente de estas herramientas que son muy tentadoras por su facilidad de uso y rapidez”, señaló Reiman.

Sedentarismo cognitivo

Esta tendencia sistemática a delegar la escritura en un software genera modificaciones profundas en el aprendizaje de la comunidad estudiantil. Alejandro Artopulos, sociólogo de profesión y profesor de la cátedra Tecnología y Cambio Educativo en la Universidad de San Andrés, encendió las alarmas teóricas “respecto de lo que estamos viendo, en cómo la IA generativa cambia las costumbres cotidianas en relación con el lenguaje. Se da este fenómeno que se conoce como sedentarismo cognitivo o delegación cognitiva, en el cual el ChatGPT se transforma en un oráculo al que se le pregunta de todo. Entonces se depende cognitivamente de ese dispositivo”. Esto provoca una dependencia intelectual extrema que desgasta los músculos de la escritura propia y diluye la capacidad creativa de las nuevas generaciones.

Luego explicó a La Prensa que esto no solo sucede con “la escritura, sino también con la producción de imágenes. Hay gente produciendo imágenes con inteligencia artificial, lo que se ve mucho en la política, donde todas se parecen entre sí. Otro ejemplo se ve hoy en las verdulerías de Buenos Aires, donde todos los carteles están hechos con IA”.

De acuerdo con las observaciones del sociólogo, este alarmante detrimento en la calidad y originalidad textual ya está impactando con dureza a la industria editorial contemporánea. Dicho sector comercial está recibiendo, en la actualidad, un volumen inaudito e inmanejable de propuestas literarias manuscritas y ensayos de no ficción creados de manera íntegra mediante automatización. “Ahí hay un problema que los especialistas están señalando, en el cual los textos de no ficción pueden ser producidos con ayuda de la IA, pero los de ficción definitivamente no”, enfatizó el investigador.

Por otra parte, esto genera un fuerte rechazo en el público lector, que en el ámbito de la ficción busca toparse con la identidad única y la voz distintiva de un autor de carne y hueso. “Porque, en definitiva, lo que busca cada persona al leer ficción o ver imágenes de ficción es encontrar a un autor particular con una impronta propia. Pero si todo se parece, no va a ser negocio, la gente no va a consumir ese tipo de contenidos. Ahora, lo que sí sucede es que en lugares donde se producen textos de análisis de no ficción, se tiende a empobrecer el lenguaje y, consecuentemente, muchos trabajos se están volviendo tediosos”, explicó el profesor.

Educación

La inserción de la IA en las aulas enciende alarmas ante la posibilidad de que los alumnos se salten procesos clave de pensamiento. Al respecto, Tarasow señaló: “No sabemos exactamente qué capacidades podemos perder en la medida en que un sistema educativo no fuerce, digamos, a las personas a desarrollar ciertas habilidades. Con los estudiantes, el problema es que estudiar implica un esfuerzo, implica fricción, y no todos quieren o están en disposición de hacerlo. Y, de alguna manera, muchas veces el propio sistema es el que promueve la nota antes que el esfuerzo. Se armó un escenario donde lo que se privilegia son los resultados. Entonces, si lo único que importa es la nota, el alumno va a decir: 'Bueno, lo hago con IA, total lo hace mejor y listo'”.

Luego agregó: “Ahí el problema no es solo que la IA está presente y es accesible, sino también qué tipo de actividades proponemos en el aula. El desafío es plantear consignas que enriquezcan al alumno y no que lo inviten a tocar la pantalla para delegar; porque si hoy le pedís 'presentame las causas de la Revolución de Mayo', claramente lo va a resolver con la IA".

En tanto, frente a este complejo escenario pedagógico, Artopulos planteó que el sistema educativo formal debe reaccionar implementando con urgencia tres niveles diferenciados de formación integral en las escuelas. El primer paso ineludible consiste en la alfabetización tradicional, es decir, garantizar "a la antigua" que los estudiantes dominen el esfuerzo físico e intelectual de escribir para poder ordenar y estructurar el pensamiento profundo.

En segundo lugar, se requiere una alfabetización en inteligencia artificial para que los alumnos conozcan las herramientas tecnológicas con las que interactuarán en sus futuros entornos laborales.

Por último, el sociólogo introdujo el concepto clave de "alfabetización epistémica en inteligencia artificial", una competencia fundamental cuyo fin último es lograr que las personas sean capaces de "aprender a escribir con IA manteniendo la capacidad de producir conocimiento propio", sin perder su voz en el proceso algorítmico.

Siguiendo la misma línea de pensamiento educativo, se destaca el desarrollo urgente de la "lectura analítica", una destreza estudiada en profundidad por el profesor Daniel Cassany de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra.

“Esta habilidad específica combina una lectura pausada y profunda con el pensamiento computacional práctico. Así, los profesionales o estudiantes que quieran usar una inteligencia artificial tienen que tener un conocimiento profundo acerca de cómo funciona. Y no lo van a obtener haciendo un doctorado en informática, sino con la práctica del uso de las herramientas de inteligencia artificial para la escritura. Entonces, lo que van a poder hacer es que, cada vez que la IA responde a sus demandas, a sus prompts, puedan distinguir qué les sirve para escribir su texto de aquellas cosas que son descartables”, señaló Artopulos, quien este año publicó el libro Tecnopedagogías: superpoderes docentes para la era de la IA, editado por Aique Grupo Editor. La obra funciona como una guía práctica y crítica para incorporar inteligencia artificial en el aula, dejando atrás la idea de que la tecnología es una mera herramienta para pasar a un enfoque de "superpoderes" educativos.

Sesgos y censura

La homogeneización cultural global y el predominio de un español neutro artificial también forman parte de la agenda de preocupaciones lingüísticas locales. Si bien es innegable que las herramientas tecnológicas comerciales reflejan sesgos occidentales debido a que se nutren prioritariamente de producciones del ecosistema anglosajón, Tarasow descartó que estemos ante una colonización cultural de carácter directo o lineal.

Los modelos estadísticos procesan datos directamente en el idioma español dentro de su corpus lingüístico general. Al interactuar con los chatbots, los usuarios tienen la posibilidad técnica de mitigar estas limitaciones pidiéndoles explícitamente que “adopten giros locales, modismos criollos o variantes rioplatenses”, una orden que la máquina ejecutará de manera formal.

Sin embargo, el especialista advirtió que la base estadística se queda muchas veces "pedaleando en el aire", ya que carece por completo del registro fino, social, afectivo e histórico necesario para entender “el contexto exacto en el que un término fuertemente coloquial o lunfardo es verdaderamente oportuno o socialmente adecuado”.

Además, el coordinador de Flacso sostuvo que la escuela pública y privada debe ser “el ámbito indispensable para debatir estas lógicas de consumo y uso”, puesto que plataformas altamente adictivas como TikTok jamás les proveerán a los jóvenes las herramientas críticas para discernir entre lo real y lo ficticio, ni les enseñarán cómo protegerse adecuadamente en los entornos virtuales.

Desde Chicos.net concluyeron que la salvaguarda de las nuevas generaciones requiere de un compromiso de diseño apropiado para la edad (Age-Appropriate Design). “En este marco, las empresas tienen la responsabilidad de desarrollar entornos seguros y adecuados para cada etapa del desarrollo. La protección no puede depender únicamente de las familias o las escuelas, sino que debe estar incorporada en el diseño de la tecnología y acompañada por marcos regulatorios que exijan esa responsabilidad”, concluyó Mariela Reiman, directora ejecutiva de la entidad educativa.