El riesgo de parecerse a Trump
Aliarse con el presidente norteamericano no es lo mismo que aliarse con Estados Unidos. Comprender la diferencia es geopolítica inteligente.
En un posteo de ayer a la tarde Donald Trump, luego de calificar de corruptos a algunos medios, informó que había prohibido el acceso a la Casa Blanca a varios de ellos, incluida la CNN. También los calificó de irresponsables y de publicar sistemáticamente Fake News para desinformar a los ciudadanos.
El mandatario sufrió varios reveses en la semana, algunos a manos de la Suprema Corte, que rechazó sus planteos y decretos sobre temas varios, en especial la del voto por correo. También arremetió contra una reportera que le pidió pruebas de su acusación de fraude en las elecciones que perdió contra Biden. La respuesta del estadista fue una retahíla de insultos contra la periodista y dar por terminada abruptamente la entrevista (Él le había asegurado un minuto antes que tenía pruebas contundentes de esos hechos, que todo el mundo conocía).
Cachetazo de la Fed
También fue un cachetazo la decisión de la Fed de elevar en un cuarto de punto la tasa de interés de las letras del Tesoro, contra la posición presidencial de que “debe ser menor al 1% porque su país es el más confiable del mundo”. Un disparate desde el punto de vista técnico, y una ilusión peligrosa en cuanto a la autopercepción de la solvencia norteamericana, que, como nunca, ofrece enormes dudas. Basta ver la tasa que están pidiendo los inversores para las letras a 10 años.
Como consecuencia, Trump atacó a la Junta de directores de la Reserva Federal, a quienes amenazó y acusó de ignorantes y otras lindezas, aunque en un acto de inocencia superior sostuvo que su recién designado Warsh, en cambio, era “un buen hombre”. Se sabe que algunos directores de la Fed han debido soportar la presión, amenazas, insultos y ataques del líder norteamericano, que en este punto desafía al Congreso, a quien reporta el banco central yanqui, y a la propia constitución, como se lo ha hecho saber la Corte.
También ha debido seguir retrocediendo en su empecinamiento en aplicar recargos a la importación de prácticamente todos los países, que proceden tanto de la justicia, como de las propias empresas estadounidenses, como de los países afectados, que han reaccionado en varios casos con acciones recíprocas. Como se sabe, el mandamás cree que una balanza de pagos negativa implica un gasto adicional para su país, y entonces, eliminando la importación, se evita esa pérdida. Un concepto que la evidencia empírica ha probado falso y contraproducente. Recuerda mucho a la política de “vivir con lo nuestro”, que la Cepal de 1950, de la mano de Raúl Prebich, vendió a Perón, y que tanto atraso y pobreza trajo a la Argentina.
Política del mal vecino
El caso de Canadá, ahora cuasi enemigo, que está conversando con la Unión Europea de von der Leyen, que, con gran habilidad, propuso a la otrora aliada americana en el Nafta y los acuerdos de mutua defensa una asociación más profunda en varios sentidos. Su política de enemistarse e insultar y agraviar a los aliados tradicionales de su país le ha valido el enojo de México y Canadá, y la frialdad de Brasil. Rara manera de “repartirse el mundo y quedarse con el continente americano”, como se suele sostener.
También acaba de conocerse la cifra oficial que estipula el costo de la guerra con Irán hasta ahora en 43 mil millones de dólares, una conflagración que prometió terminaría en pocos días con la destrucción absoluta de una “civilización”, amenaza que parecen no haber escuchado los iraníes. De paso, logró aumentar el valor del petróleo casi al doble de antes de la guerra, lo que ha generado un encarecimiento del costo de vida tanto en EE.UU. como en el resto del planeta. El claro fracaso para imponerse a los iraníes y hutíes que han secuestrado el estrecho de Ormuz y han paralizado la extracción del fluido en Saudiarabia es un tremendo indicador de la fragilidad del sistema de defensa de la ex gran potencia, cuyos expertos militares dejan trascender que el poderío bélico ha sufrido en esta guerra fallida a niveles complicados. (Los expertos militares que todavía no fueron despedidos)
La reacción trumpeana ante esta suma de hechos fue culpar a Ucrania de la escasez de petróleo, lo que no sólo no es cierto, sino que entrega a su exaliada atada de pies y manos a Rusia. ¿Será ésta la forma de terminar las guerras de la que hablaba en su campaña, cuando pretendía el premio Nobel de la Paz?
Este listado, que es una repetición y resumen no sólo de su estilo sino de la precariedad casi disolvente de su gobierno, ayuda a comprender la razón de la pérdida de apoyo de quienes lo votaron como una alternativa remediadora de la desastrosa administración de Biden, que advierten que el presente camino también conduce al desastre.
Espejo deformado
Como si estuviera mirando en un espejo deformado y empañado, Milei parece confundir alianza con , y exagera casi puerilmente su apoyo al multifallido presidente estadounidense (Aunque, para ser objetivos, habría que ver quién copia a quién en la grosería y primitivismo de los discursos, reportajes y declaraciones). El gratuito enfrentamiento con Brasil, por caso, es un colosal error estratégico, equiparable a los de Trump con el Nafta.
También es dudosa su política de dependencia y obediencia con Trump y sus aliados. Por una parte, la política estadounidense es cambiante y lo será mucho más si el Partido Republicano pierde las mayorías en las Cámaras en las elecciones de medio término. Washington suele cobrar caro sus apoyos en cualquier aspecto. Además de su prestigio de abandonar a sus aliados bélicos y geopolíticos, como ahora demuestra exageradamente el estadounidense.
Como un evento menor, pero en otra similitud, ayer también Milei se despachó grosera y burdamente contra el periodismo, con insultos dignos del lumpenaje, acusándolo de conspirar en su contra y otras atrocidades. Un espejo.
Una dominación por otra
El tema de Malvinas, en el que Argentina decidió dar injerencia a Estados Unidos reemplazando así una dominación por otra, es un caso emblemático. La euforia patriótica desatada tras el discurso presidencial retrocediendo en la política que él mismo defendiera, guste o no parecida a la que desató Galtieri con sus ensoñaciones de Patton, se empieza a disipar a medida que se trata de aplicar las sanciones que prometió Milei. Por una parte, Trump ha ido relativizando su supuesto apoyo en favor de recuperar la soberanía sobre las islas, lo que ya es una costumbre que se debería tomar en cuenta. (No exclusiva del líder yanqui: recordar a los aliados de Corea, Vietnam, Indonesia, Cuba, Venezuela, Afganistán y Ucrania mismo, o la entrega de los kurdos a la muerte, todos abandonados por súbitas decisiones estratégicas o conveniencias).
Se está un paso de ver que las leyes que se aprueben no tendrán la contundencia con que se amenazó. Las sanciones a las empresas que trabajen en Malvinas tienen enemigos locales no solamente en el Congreso, sino en los propios intereses económicos de países aliados. El comienzo del proceso ha sido muy grave: el artículo por el cual se amordaza a la prensa o quienquiera exponga un pensamiento discrepante es arbitrario y anticonstitucional, además de no tener nada que ver con el tema Malvinas.
Tan sólo la propuesta, que no será aprobada, obviamente, restó credibilidad a la cruzada. El peligro es que se termine diluyendo su influencia sobre la opinión pública que se encolumnó en la cruzada nacionalista, relegando las protestas sobre su pérdida de poder adquisitivo y empleos por un instante.

