EL RINCON DEL HISTORIADOR
El primer tambero de la Argentina: Don Norberto de Quirno y Echandía
Ainhoa es una pequeña localidad en los Pirineos franceses; su nombre significa en vascuence “tierra fértil”. Allí nació -ayer se cumplieron dos siglos y medio- don Norberto de Quirno, hijo de Guillermo de Quirno y de María Ángela de Echandía.
Su tataranieto, Jorge Max Rhode, que en 1938 visitó el lugar, contempló una casa solariega que “ultrajada por los años, aún conserva intacta la leyenda: Joannes de Quirno et Joana Dunate, coniuges 1733”.
Poco se sabe de sus primeros años, pero siguiendo a su pariente parece que malgastó su capital en París, y el padre le cerró las puertas de esa casa; lo cierto es que en 1795 estaba en Buenos Aires y seguramente se conchabó como dependiente en una casa de comercio, hasta que, rehecho el capital perdido, se independizó y puso su propia casa.
Por entonces conoció a María Manuela González de Noriega, emparentada con familias reconocidas como los Gómez del canónigo don Valentín o los Cueli, que descendían de los primeros fundadores, con la que el 15 de marzo de 1799 casó en la parroquia de la Merced, en ceremonia que presidió el tío de la muchacha, fray Pedro Cueli, con el padrinazgo de Francisco Xavier de Feliú y de la madre de la novia, Josefa Florentina Gómez.
El matrimonio procreó 13 hijos, de los cuales los que alcanzaron la edad adulta dejaron una numerosa descendencia. Volviendo a la tradición familiar, dice Max Rhode en 1977: “Los contrayentes debieron vestir el arreo de los de holgada posición en la España de Carlos IV. El novio luciría las hebillas de oro, obra de un orfebre florentino, de las cuales se conserva fortuitamente una sola, y la novia las filigranas traídas del Perú y regalo de los padres, de las cuales se conserva un lindo ramo”.
La invasión británica de 1806 lo llevó a enrolarse en el batallón Voluntarios de Cántabros al mando del coronel Murguiondo, en el que fue encargado de la Tercera Compañía con el grado de Capitán, y defendió la ciudad en las jornadas de julio de 1807.
LA LIBERTAD
En la asonada del 1º de enero de 1809, participó junto a su concuñado Juan Fernández de Molina, apoyando al Cabildo que solicitaba la destitución del virrey Liniers. Fracasado el movimiento, huyó a Montevideo, donde trabó amistad con el jefe del movimiento, don Martín de Álzaga. De regreso al seno de su familia, participó del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, y nuevamente del lado de los comerciantes realistas, votó con la opinión del oidor Manuel José de Reyes (el magistrado más antiguo de la Audiencia porteña), que no encontraba causas para la destitución del virrey y que fue la propuesta contrarrevolucionaria que tuvo mayor adhesión.
Esa posición lo llevó a don Norberto a ser confinado, junto con Fernández de Molina y José Antonio Irigoyen, pero al poco tiempo fue beneficiado por la amnistía de la Junta Grande.
Vio que nada era posible y, avenido a los nuevos tiempos, mudó de bando -cosa que vemos es propia de los oportunismos políticos de todos los tiempos- y así integró en 1811 la Junta Protectora de la Libertad de Prensa y, al año siguiente, fue uno de los votantes para elegir representantes a la Asamblea Provisoria de las Provincias Unidas.
Por otra parte, en la poca correspondencia personal suya que se conservaba en 1913 en París, en poder de la rama francesa de la familia, no emitió ningún juicio sobre los sucesos del Río de la Plata, limitándose a tratar los temas de diversas testamentarias. Y en 1816 fue uno de los que prestó obediencia al Congreso y juró la Independencia.
En 1808, don Norberto de Quirno había comprado unas tierras en Flores, que comenzó a forestar, levantando hornos de ladrillos e instalando un tambo modelo. Siguiendo la nomenclatura actual, la propiedad comprendía la avenida Álvarez Jonte al norte, las avenidas Mariano Acosta y Segurola al oeste, el Riachuelo al sur y el eje de las calles Varela y Concordia. Un documento de 1813 dice que “posee mil doscientas varas de frente y legua de fondo, con veinte cuadras de monte nuevo y con veinte esclavos”.
Radicado allí, según el archivo parroquial de San José de Flores, tenía una buena cantidad de esclavos, entre los que podemos citar a: Antonio, adulto, natural de Banguela, bautizado el 22 de mayo de 1809; Tiburcio, adulto, natural de Mozambique, bautizado el 12 de junio de 1811; Pedro, nacido el 20 de octubre de 1814, hijo de la esclava Petrona Quirno y bautizado ese día con el padrinazgo de Ignacio.
Otro numeroso grupo integrado por Antonio, Juan, José, Pedro, Juan, Manuel, José, Pedro, Domingo, Juan, Manuel, Pablo y José, adultos, que recibieron el bautismo en la parroquia de San José de Flores; lo mismo que a Pedro, natural de Angola, y Tiburcio, africano, que casaron en el citado templo el 23 de febrero de 1815 con María y Juana María; de ambas ceremonias fue padrino otro esclavo, Diego Quirno.
Estos datos sobre los esclavos nos dan una idea de la mano de obra que necesitaba don Norberto para su comercio. José Antonio Wilde, en sus recuerdos del antiguo Buenos Aires, afirmaba que “la primera tentativa de establecer en la ciudad un punto al que se pudiese acudir por leche buena y fresca fue iniciada por el señor Quirno en 1823”.
El depósito estaba sobre la calle Victoria (Hipólito Yrigoyen), en el actual 954, entre Bernardo de Irigoyen y Tacuarí, lugar donde funcionó posteriormente el Teatro de la Victoria.
Él hacía conducir “diariamente desde la chacra en San José de Flores, cantidad suficiente de leche para prover a varios cafés y a las muchas familias que mandaban todas las mañanas al depósito”. Continuaron de cualquier modo por la ciudad los lecheros que coloreara en 1820 Emeric Essex Vidal.
MONOPOLIO
Alguien denunció al vasco Quirno por hacer de la venta de leche un monopolio, y llegó al tribunal competente; el Juez de Paz de inmediato mandó suspender la venta, a la vez que elevaba la queja a la superioridad.
El Jefe de Policía consultó al gobierno, que dispuso: “No resultando que don Norberto Quirno defraude ningún derecho público ni de ningún particular, no usando de exclusiva, sino proporcionando por su actividad e industria un medio de proveer el indicado artículo de mejor calidad, lo que producirá gradualmente a mejorar el método de proporcionar este y demás artículos de abasto: el Jefe de Policía dejará a dicho Quirno y su establecimiento en toda la libertad que le corresponde”.
En el almanaque político y de comercio de 1825 no figura su nombre en ningún rubro en la ciudad; probablemente dejó el comercio en la ciudad. Pero en San José de Flores, según la “Lista Alfabética de los señores Contribuyentes…” de 1825, era el propietario que anualmente más carga impositiva tenía, con 60 pesos 3¼ reales.
Todo hace presumir que había amasado una buena fortuna. A la muerte de sus padres, en 1825, donó a sus hermanas María Josefa y Catalina su parte en la casa solariega llamada Dancharinea. Y porque su generosidad fue también con la comunidad de San José de Flores, a la que, según tradición familiar, donó un terreno junto a la iglesia destinado a cementerio, el que más tarde la Municipalidad destinó a la actual Plaza Pueyrredón.
Sin embargo, tuvo que fraccionar algunos potreros para pagar algunas deudas; fue su principal acreedor el cabildante Esteban Villanueva, lo que dio motivo a un pleito que duró más de tres décadas, quedándose éste como propietario de toda la extensión por acuerdo del 26 de agosto de 1842.
CURANDERISMO
En 1831 fue acusado de curanderismo y de administrar la medicina curativa del doctor Le Roy (una terapia de purgas y vómitos) a un hombre llamado Fernando Ferreira, que derivó en la muerte del paciente.
Para defender la eficacia del sistema apeló a pruebas empíricas y a la propia experiencia familiar; argumentaba que el tratamiento purificador era exitoso y que los vómitos o malestares posteriores no eran culpa del remedio, sino de la “materia corruptible y serosidad” que el propio enfermo albergaba en su interior.
Se debatió largamente el tema en las páginas de La Gaceta Mercantil
, donde Quirno publicó un Manifiesto que comentaremos en otro momento por el interés del mismo.
Falleció el 16 de marzo de 1849 y, amortajado con el hábito de San Francisco, fue sepultado en la Recoleta. Hace medio siglo, un grupo de familiares -entre los que se encontraban Norberto Padilla y Fernando Madero- y un grupo de caballeros recordaron su bicentenario con una conferencia de Jorge Max Rhode en el Jockey Club.
En este nuevo y redondo aniversario, volvemos a recordar al primer tambero y empresario porteño; uno de cuyos nietos fue vicepresidente de la República, y las sucesivas generaciones se destacaron en distintos campos de la vida pública o en la esfera privada.
