El presidente israelí busca un gobierno de unidad nacional

Jerusalén (EFE y AP) -Consciente de que ni siquiera cuando mañana se complete el escrutinio alguno de los dos grandes bloques, el oficialista liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, con quizás 54 bancas, ni la oposición encabezada por Gadi Eisenkot, que cosecharía 49, podrían formar gobierno al quedar lejos de las 61 que otorgan la mayoría, el presidente israelí, Isaac Herzog, se reunirá en las próximas horas por separado con ambos, incluso antes de que se anuncien los resultados definitivos, iniciando así el proceso formal de consultas con el declarado objetivo de conformar un Ejecutivo de unidad nacional.

La “presión” para alcanzar tal solución política no provendrán exclusivamente del Jefe de Estado, pues otros actores internacionales, entre ellos el presidente norteamericano Donald Trump -alardeó de que con su intervención evitó una "derrota decisiva" de su aliado-, buscarán que el sector de Eisenkot se asocie al partido más votado, el Likud del premier, que sumaría 26 escaños, alternativa que le permitiría al premier mantenerse en el cargo, una opción que él mismo sugirió en su discurso de anoche, cuando aseveró: "La mayoría sionista debe unirse".

RECELOS

Las huestes de Eisenkot tienen motivos para rechazar la idea de Herzog: además de haberse presentado en la campaña al frente del llamado 'bloque del cambio', su experiencia como miembro del gabinete de guerra de Netanyahu durante los primeros 8 meses de la ofensiva militar en la Franja de Gaza acabó de modo traumático, pues renunció acusando al dignatario de prolongar el conflicto bélico por motivos políticos. Por si eso fuera poco, está el antecedente de Benny Gantz, quien en 2020 se plegó a la alianza del Likud solo para que, más tarde, el premier rompiera la sociedad.

MANIOBRAS

Según ciertos analistas, el mandatario podría intentar atraer de nuevo al ultraderechista Avigdor Líberman, antiguo aliado hoy en la vereda de enfrente -su agrupación consiguió 7 diputados- o captar a algunos de los 21 legisladores que tendrá en el Parlamento el partido Yashar de Eisenkot o hasta acercarse al jefe de la formación árabe Raam, Mansur Abás, como hizo en el pasado.

“DILEMA INFERNAL”

Varios politólogos plantean un "dilema infernal" para la oposición: volver a las urnas, unirse a Netanyahu en contra de sus promesas electorales o apoyarse en los partidos árabes, que mostraron un notable crecimiento al obtener 19 bancas.

El desenlace dependerá en buena medida de lo que arrojen los cómputos finales -restan escrutar 430.000 y 480.000 los votos de "doble sobre" recibidos, en su mayoría de soldados, pero también de enfermos, diplomáticos y todos aquellos que hayan depositado su sufragio fuera de su centro de votación- y de si la oposición está dispuesta a romper el tabú de gobernar con los árabes, como defienden los Demócratas de Yair Golan, la única fuerza del bloque que no lo ha descartado. Pero también de si la izquierdista Lista Conjunta (12 escaños) y Raam (7) están dispuestas a dar ese paso.

En este contexto, el Likud exigió a la Policía y al Shin Bet (el servicio de inteligencia interior) que investiguen posibles irregularidades en los colegios electorales de las comunidades árabes, a cuyos partidos que “apoyan el terrorismo y la destrucción del Estado judío”, acusó de "robar las elecciones", lo cual consumaron “mediante graves delitos, que incluyen sobornos, amenazas, violencia, falsificación y el uso de software prohibido para movilizar a la gente".

La denuncia parece quedar rápidamente desvirtuada por filmaciones caseras de automovilistas hebreos que grabaron atónitos cómo beduinos del desierto del Néguev acudían a los colegios electorales montados en camellos, en lo que constituyó una de las imágenes más representativas de la jornada.

La comunidad árabe, que representa un 21 % de la población total del país y un 17 % del padrón, se ha convertido en pieza clave del escenario abierto. Por lo pronto, el referente de Lista Conjunta, Yusef Yabarín, llamó a tejer una alianza "judeo-árabe" y ofreció allanar el camino a la oposición para desbancar a Netanyahu.