SIETE DIAS DE POLITICA
El orden económico se afianza; el desorden político, también
La mejora de la calificación crediticia de la Argentina, la valorización de bonos y acciones y la baja del riesgo país no pueden ser capitalizados si al mismo tiempo se defiende a Adorni.
La economía sigue dando buenas noticias a Javier Milei. Hace quince días se informó que la Argentina había alcanzado récords inéditos en comercio exterior: exportaciones, cosechas y saldo favorable de cuenta corriente. La semana que acaba de concluir tuvo una primavera financiera en pleno otoño.
Una segunda calificadora de deuda (S&P) siguió los pasos dados por Fitch hace un mes y mejoró la nota de Argentina, por lo que el jueves pasado hubo una fuerte alza de bonos y acciones nacionales.
Una mejora de la nota permite que fondos de inversión compren valores del país y mejora la situación del frente financiero. De manera simultánea, el riesgo país marcó un descenso histórico.
A lo que se sumó que el Banco Central siguió comprando dólares y la inflación continuó bajando con una marca del 2,1% para mayo. Los resultados del programa macroeconómico del Gobierno continúan mejorando 28 meses después de haber sido puestos en marcha y muchos analistas no ven obstáculos para que sigan haciéndolo durante el año próximo.
Más aún, en la Casa Rosada creen que durante la campaña presidencial las medidas de Caputo impactarán de manera positiva sobre la economía real por las mejoras de las condiciones del crédito. Esto puede ocurrir exactamente en el momento en que la ciudadanía entre en el cuarto oscuro.
El ministro de Economía consiguió además algo inédito: que el dólar se convierta en un activo electoral del partido de gobierno. Hay suficientes para mantener la estabilidad cambiaria y para pagar la deuda.
La eterna escasez de divisas norteamericanas que generó en momentos críticos inestabilidad y alza de precios quedó en un pasado que no amenaza por ahora con volver. El equipo económico controla la situación o por lo menos eso es lo que están diciendo ya a los gritos los mercados. Esto obliga a apurar el paso a la oposición. Por eso está de campaña cuando falta más de un año para elegir un nuevo presidente o, muy probablemente, al mismo.
A lo que hay que agregar que la prédica constante de los economistas del “establishment” sobre una inevitable crisis cambiaria hace 28 meses que no se cumple.
En el momento en que los presidentes suelen perder impulso, Javier Milei consolida su plan y muestra mejores niveles de satisfacción con la marcha del país que los de Mauricio Macri y de Alberto Fernández en iguales circunstancias (ver “Mejor que Macri y Alberto” en “Visto y Oído”).
Este cuadro de situación -que no difunden los medios- dio lugar a dos fenómenos infrecuentes. El primero, la ausencia del peronismo en el debate sobre la economía. Axel Kicillof, enredado por el kirchnerismo en una interna que le ha hecho perder protagonismo y liderazgo, no da señales de cuál sería su programa en caso de llegar a la Casa Rosada.
Más aún, cuando alguien de su entorno hace alguna referencia al asunto aumenta la incertidumbre sobre lo que vendría después de 2027. Su jefe de Gabinete, Carlos Bianco, acaba de afirmar que “el equilibrio fiscal no será prioridad en un eventual gobierno peronista”. El Gobierno debería agradecerle ese aporte invalorable a la futura campaña de Milei.
El otro fenómeno infrecuente es que empezaron a ocupar el espacio de la oposición peronista candidatos no peronistas. El caso más notorio es el de Patricia Bullrich, que con un notable sentido de la oportunidad se coló por la brecha abierta por el escándalo Adorni.
También a esto obedece la reaparición de Mauricio Macri con opiniones sobre economía y política exterior críticas al Gobierno. Dijo, por ejemplo, ante la Cámara de la Construcción, que el equilibrio fiscal logrado por el gobierno de Javier Milei “es de mala calidad” porque el Estado no invierte en infraestructura. También pidió una “reforma de segundo orden” para crecer y reducir la pobreza.
Cabe recordar que el expresidente no solo no tuvo equilibrio fiscal (ni de buena ni de mala calidad), sino que terminó con un déficit de más del 5% del PBI. También que la economía creció 5% el último año y que el actual gobierno recibió una pobreza del 57% y la bajó a la mitad (28%) en dos años. En cuanto a la obra pública, habría que recordarle que integrantes de la cámara que lo recibió están en la célebre causa de corrupción llamada “de los cuadernos”.
Mejor encaminadas están las críticas de Bullrich que no cuestiona la economía, sino apunta al desmanejo político del entorno presidencial patente en la protección de Manuel Adorni, un activo tóxico del que el Presidente debería deshacerse. Las explicaciones que dio sobre su crecimiento patrimonial no sólo fueron lamentables, sino también irritantes. Si no lo echa por propia decisión, Milei verá cómo se lo echa el Congreso donde ya están muy cerca de los votos necesarios para aprobar su destitución.
