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El mundo “fisura”: Vértigo y fiestas
“Hay un lazo estrecho entre la aceleración y una humanidad cada vez más pobre interiormente” (Gabriel Marcel. Filósofo francés)
Un paciente me decía: “Ustedes no entienden lo que es el mundo ´fisura´, es el nuevo mundo en donde el ´fogonazo´ del crac, la subida del fernet con coca, el alivio de un ´porro´ y la fuerza que nos da un ´saque´ de coca levanta nuestra fuerza y en donde nos perdemos y ya no somos”. Ahí -me va relatando- se meten en un grupo que es un “clan” y van para adelante no midiendo riesgos. Huir, huir parece ser la clave. Mentando al tango “el después…que importa el después”. Ahí debemos trabajar nosotros los terapeutas con los daños del “después” que siempre deja consecuencias. Hace unos años Jorge me cuenta que sale de un “boliche” en moto acompañado por un familiar cercano en una noche de vértigo donde la cocaína era la “estrella” buscada permanentemente. Choca, varios días en coma, daños cerebrales, estética facial. Llegó al límite mismo del cementerio ya que hay fiestas que llevan paradójicamente a la cercana muerte. Luchó en la comunidad terapéutica y se está rehabilitando desde hace varios años. ¡Me escribe hoy que logró superar la abstinencia con hábitos saludables en donde abandonó viejos contactos, se amigó con su cuerpo y en lugar del “polvo blanco” el oxígeno alimenta su cerebro y las sanas compañías reemplazan a la “banda” de consumo logrando generar un proyecto de vida!.
Mientras tanto las guardias se llenan de “fisurados” concretamente en distintos órganos vitales por el sobre esfuerzo exigido ante tanta barbarie toxica y de horas sin dormir en plena excitación. Es el mundo posible en donde la huida es la única salida (drogas, alcohol, excesos, ataques en manadas, desbordes impulsivos, etc.).
El resto, de no existir esto, se asemeja a un desierto sin sentido ni dirección. Ahí no hay brújulas ni certezas y no se puede vivir sin una brújula que marque un norte existencial y nos dé el destino de lo posible. Esto se nota mucho en la Fiesta que no es aquello que al decir de Goethe era “la hora elegida por los Dioses”. En la fiesta una comunidad debe celebrar la vida y encuentra un sentido de pertenencia, aunque sin embargo un núcleo duro y cada vez más inmenso vive esta experiencia de ser “fisuras” desafiando leyes de la naturaleza aun muriendo en el intento como se observa habitualmente, aunque ya dejo de ser noticia de primera plana. Hasta eso se banalizó. Son emergentes de una sociedad en donde los vectores básicos de socialización y humanización están rotos o sea “fisurados”: familia y escuela. Las instituciones barriales y religiosas, así como los merenderos se ven invadidas y no pueden sostener aquellos nutrientes básicos que han fallado desde el inicio. Hijos de padres desconocidos, con la calle y la plaza como hogares alternativos y marginales. Identidades marginales que se consolidan día a día.
BARBARIE Y HUMANIDAD
La historia del hombre es una lucha entre la barbarie y la humanidad. La humanidad es un emergente, es frágil. Los momentos de humanidad en ciertas etapas son frágiles; parecería que todo es pura barbarie. Lo humano es algo muy débil. En cada uno de nosotros late lo que vive la sociedad: el “homo demens” (bárbaro) y el “homo sapiens” (el emergente humano y altruista).
Cuando, por momentos solo reina la barbarie surge la fatiga ontológica o sea el nihilismo, se fatiga el sentido de las cosas, el “para qué” hacemos lo que hacemos. Surge la melancolía y nos solazamos en la autodestrucción y el masoquismo. La ley como unión de una comunidad y de sus propósitos es un referente simbólico y cultural que está más allá de cada uno de nosotros y nos protege de la barbarie. La transgresión de la ley o la veda de la ley son la vuelta de la barbarie. Heidegger dirá es “cuando los mundos se evaporan” o el filósofo Hobbes cuando “el hombre es el lobo para el hombre”.
La veda de la ley nos muestra el derrumbe del mundo y la emergencia de lo inmundo. Los ritmos vertiginosos en la calle, en los consultorios y en las clínicas de rehabilitación amparan mis reflexiones. Es, quizás una forma de salir del vértigo que como toda conducta masiva parece arrastrarnos, lo que motiva este artículo. El mismo Marcel llega a decir que es, un llamado por él pensamiento segundo, lo que nos va a rescatar de lo impulsivo e inmediato. O sea, pensar y meditar lo vivido. Contemplar para salir del vértigo.
Las consultas aumentan y las peleas también. No nos escuchamos dentro y fuera de los consultorios. En el medio o en el centro de todo esto están las drogas que parecen ser el “combustible” necesario para sostener estas “locuras” en donde el otro y el Otro (el Dios del lenguaje como decían los griegos) está ausente.
“COCAINIZADOS” AUN SIN COCAINA
Muchos son “cocainizados” sin cocaína. La adrenalina buscada y sostenida fervientemente es lo necesario para no escuchar. A veces me pregunto cómo llegan a conciliar el sueño estas personas. El vino y los sedantes conseguidos, sin ningún problema, hacen ahí su juego. La vida parece ser una eterna lucha sostenida por la “Voluntad de Poder” para destrozar al otro.
Precisamente el gran filósofo alemán Karl Jaspers nos enseñó que había dos utopías imposibles; una era la vida sin luchas y la otra la guerra perpetua centrada en la voluntad de dominio. El adicto vive entre estos límites; la vida sin lucha culmina en la búsqueda de un narcótico que lo sumerja en un planeta de placer puro y alejado de todo conflicto (opiáceos) y, por otra parte, la guerra perpetua la asegura la cocaína y sus sucedáneos.
La aceleración parece ser la nota clave en nuestras interacciones sociales. Parejas que se rompen. Golpes en los espacios públicos. Aumenta el consumo de alcohol y de drogas. ¿Hay una decadencia del lenguaje en nuestra sociedad?. Si esto fuera así no nos podernos escuchar y por ende tratarnos y no destratarnos o maltratarnos como habitualmente se ve. La aceleración la interpretamos como un signo de la huida. Huir es fundamental en el que vive en vértigo. Además, no tiene atención porque en este estado no se puede “prestar atención” con todo lo que esto significa antropológicamente. La atención no es solo una demanda hacia el objeto, sino que es también una forma en que el otro y lo otro se conecte con nuestra subjetividad y por ende con nuestra historia, como maravillosamente lo enseñó Paul Ricoeur.
BRÚJULAS Y TESTIGOS
En la vida podemos perder la brújula. El frenesí y el vértigo suplantan a la reflexión y así vamos perdiendo noción de realidad. Ahí el “mundo fisura” reina y con el vértigo como prisma nos vamos quedando sin testigos y “sin testigos nos evaporamos” (J.P. Sartre).
El testigo es reemplazado por la inflación de nuestro Ego que es solo una alabanza seductora de lo peor de nosotros, pero convertido en lo mejor mediante el truco de nuestra ignorancia. Existe una brújula en nuestro interior que nos permite tener criterio de realidad. Entonces cuando esta brújula interior falta el fanatismo suplanta a la realidad y en el fanatismo no hay otro. Los consultorios están llenos de personas que han perdido la brújula y defienden fanáticamente una idea, una droga, el alcohol, etc. La brújula como dimensión de apreciación de la realidad es una consulta permanente con nuestro interior y con otros sobre nuestro lugar en el mundo.
El fanatismo en nuestro yo y la no consulta de lo que nos pasa con nuestros testigos en el paso por la vida es un elemento fundamental en la perdida de la brújula. No crecemos sin testigos que al convivir en ese drama continuo de la convivencia se convierten en asesores y orientadores de nuestro caminar la realidad. Solo necesitamos escuchar; algo muy difícil para muchos de nosotros. Sobre esto José Ortega y Gasset en sus “Meditaciones del Quijote” nos hace reflexionar con la siguiente parábola: “cuenta Parry que en su viaje polar avanzó un día entero en dirección norte, haciendo galopar valientemente los perros de su trineo. A la noche verifico las observaciones para determinar la altura a que se hallaba y con gran sorpresa, notó que se encontraba mucho más al Sur que de mañana. Durante todo el día se había afanado hacia el norte corriendo sobre un inmenso témpano al que una corriente oceánica arrastraba hacia el sur”. A veces en el vivir perdemos el norte, nuestro norte. Creemos ir hacia un lado y no leemos la realidad y vamos hacia la dirección contraria.
EL “CONSUMISMO” DEL GOCE SIN LÍMITES
La cocaína y sus sucedáneos forman parte de la industria de la huida. Congrega desde abandonados por sus padres y “desclasados” de afecto, los aventureros de la noche que desafían incluso los limites corporales, los desesperados en la incertidumbre que a todos nos limita y que caminan sin fe ni esperanza; y también por los esclavos o sea los que ya perdiendo el dominio de sí no pueden hacer otra cosa. Lo hacen por obligación y se odian a sí mismo todos los días mientras consumen.
Este contexto social y espiritual rodea al consumo masivo de estimulantes en nuestra sociedad. Aceleración, vacío, aburrimiento, huida. Todo industrializado en un ritmo de explotación y con miles de explotados. Caída del lenguaje. Ausencia del otro. Soledad con desesperación que se narcotiza. Fiesta permanente en un entorno en donde todos nos vamos liquidando. Todo esto sostiene –pareciera- al “capitalismo” del goce sin límites; verdadero cementerio de los inocentes.
