El humor como una forma de catarsis

Sebastián Presta estrenó la segunda temporada de ‘Mi amiga y yo’ en el teatro Astros. El actor volvió a la Avenida Corrientes con una historia de amor no correspondido, ternura y vínculos contemporáneos, ahora acompañado por Florencia Torrente.

Mientras el común de la gente busca mostrarse exitosa, Sebastián Presta se abraza al fracaso para hacer humor. Y, desde ahí, cuenta historias fácilmente reconocibles en las que la honestidad brutal termina despertando la carcajada. Como sucede en ‘Mi amiga y yo’, en la que su mirada actual sobre los vínculos contemporáneos resulta cercana.
Después del éxito de 'Entre ella y yo' y 'Mi madre, mi novia y yo', acaba de estrenar en el Astros la segunda temporada de 'Mi amiga y yo' ahora acompañado sobre el escenario por Florencia Torrente.
“Me puse muy contento cuando me enteré que se sumaba Flor. Yo la había visto actuar, la conocía muy poco, pero me parecía muy copada y lo confirmé ensayando en noviembre y diciembre. Además, es muy profesional y daba justo para este personaje”, dice Presta sobre la actriz que llegó para ocupar el lugar que dejó vacante Josefina Scaglione. Sí reconoce que al principio debió preguntar si Flor no era muy joven. “Me quedé en esa hija chica de veintipico, y no, Flor ya es una mujer de 37 años y el personaje ronda esa edad, así que daba perfecto”.

UN AMOR TARDIO
-¿Cómo lo define a Santiago, su personaje?

-Santiago es un muchacho de 50 años que estuvo toda la vida enamorado de su mejor amiga, Valeria. No tiene chance, ella es preciosa por dentro y por fuera, inteligente, talentosa, y él no es inteligente, no tiene una belleza hegemónica, no tiene chance y la juega de callado. Ella siempre enamorada de un novio tóxico, en algún momento se da cuenta de que muchas veces es mejor estar con el gordo bueno. Tiene esta cosa de ‘Bella y bestia’ inesperado que decís: “es imposible que se dé” y a Santiago se le da con el amor de su vida después de tanto tiempo. Es un tipo bueno.
-¿Sebastián tiene cosas de Santiago?
-Sí, por supuesto. Yo me he enamorado varias veces de amigas y no he sido correspondido.
-¿Se los ha confesado?
-Creo que sí, lo he dicho, no siempre, pero no he sido correspondido. Creo que de alguna manera con el teatro hago catarsis. Una sola vez enamorado de una amiga se dio algo en mi juventud, pero por lo general como he dicho en muchas oportunidades llevo el sufrimiento en la sangre y quizás inconscientemente me gusta sufrir, ser rechazado, entonces pongo música romántica, me sirvo un whisky y sufro un poco.
-A lo largo de las funciones se le acercó mucha gente para contarle que habían atravesado situaciones parecidas?
-Sí, se sienten muy identificados. Me ha pasado más con hombres, pero también se me acercó gente que me dice “yo era amigo de ella al principio” y hoy están en pareja. Y, también, me pasa de hombres que vienen y dicen: “voy a traer a mi amiga a ver esta obra”. No sé qué habrá pasado después, pero vienen con su amiga enamorada, las invitan al teatro y yo creo que después de ver esto tienen muchas chances de que ellos también tengan un final feliz.
-Con la incorporación de Florencia, ¿le encontró nuevos matices a Santiago?
-Ya el año pasado fue creciendo un montón, la habíamos dejado a punto caramelo y con Flor estamos yendo para ese proceso, estrenamos bastante bien, mucho mejor que el estreno del año pasado porque después de todo un año haciéndola me di cuenta de qué sirve, qué no, pero estamos en ese proceso. Por supuesto que al ser otra actriz hay otros matices, claro que sí, pero bueno cada uno tiene lo suyo y, lo que está haciendo Flor ahora a mí me encanta y sigue creciendo.

DESPERTAR LA RISA
-¿Siente que a veces se subestima un poco a la comedia o al comediante?

-Quizás más que a la comedia es al comediante. A veces se toma más enserio al actor dramático, tipo un Alfredo Alcón o un Julio Chávez y está muy bien.
-Pero, ¿no debe ser fácil hacer reír a la gente todas las noches?
-No, no es tan fácil hacer reír, incluso hasta actores muy dramáticos dicen que es más difícil hacer comedia que hacer drama, pero yo no tengo problema con eso. Sí me gustaría poder interpretar algo dramático, me pasa mucho que lo poco que me convocan es para hacer comedia y por ejemplo, lo tenés a Guillermo Francella que hizo un montón de comedia y de repente se mandó a hacer cosas serias y las hizo muy bien. Tengo ganas de que me convoquen para hacer un drama o para hacer de malo, ya el bobo bueno me cansó un poquito.
-En este tiempo que lleva la obra me imagino que fue viendo qué cosas funcionaban, por momentos la gente se debe reír y esas risas deben ser distintas o mismo pueden aparecer algunos suspiros, ¿cuál es el sonido que a usted más le gusta escuchar desde el escenario?
-La risa me mata, la risa con atragantada me vuelve loco, la risa con atragantada y aplauso ya es un montón y cuando empiezan a pegarle al piso con el pie ya está, me recibo de comediante. Es genial eso, para un comediante es fantástico. En esta obra también hay silencios que dicen mucho, están re atentos y pasa mucho eso. Fue todo un desafío hacer ‘Mi amiga y yo’, venía de hacer ‘Entre ella y yo’, que estuvo tres años en cartel, después vino ‘Mi madre, mi novia y yo’ que también fue un éxito que estuvo otros tres años, no sabía qué iba a pasar con esta obra y logramos junto con Diego Reinhold y con Claudia Morales que entretenga y que sea muy graciosa.
-La obra tiene también muchos momentos de ternura, ¿se siente cómodo explorando ese lado más vulnerable?
-Sí, me encanta. Yo esta obra la elegí, la empezó Claudia Morales y era la historia de dos amigos que no estaban enamorados, eso después lo cambié yo. Ella quedaba embarazada de un padre ausente y él se hace cargo de esa criatura, eso me parece totalmente conmovedor. En la obra, mi personaje en un momento le dice a Valeria: “Me quiero hacer cargo de tu hija” porque es tanto el amor que le tiene a ella que se traslada a su beba y es un momento totalmente tierno. De la mitad de la obra para el final, ella está embarazada y él la acompaña, tiene muchos momentos tiernos y me encantan esas partes a mí.