El rincón del historiador

El general Nicolás Levalle

Por Julio C. Borda *
"Soldados de la Patria: no tenemos ropa, ni víveres, ni yerba, ni tabaco, ni esperanza de recibirlos…. Estamos en la miseria….¡pero tenemos deberes que cumplir!". Esta frase que conmueve hasta lo más hondo del corazón, fue pronunciada por el General Nicolás Levalle en la zona de Carhué, en plena campaña del Desierto iniciada por el General Julio A Roca, bajo la pesidencia de don Nicolás Avellaneda cuando la batalla contra el indio era cosa de todos los días, y donde el destino de la Nación estaba en juego.
Levalle sacó fuerzas de flaqueza para animar a esos soldados hambrientos y sedientos, a continuar con la empresa que el Gobierno Nacional se había propuesto: integrar a la Nación esas tierras del sur que estaban bajo el dominio de indomables indígenas, de los cuales muchos de ellos eran aliados de Chile. Abandonados e ignorados, a esos soldados les bastaba la palabra de aliento de su general para seguir adelante con la difícil misión.

CORAJE Y OBSESIONES
Levalle había nacido en Italia en diciembre de 1840; en 1842 sus padres se trasladaron a Buenos Aires, donde se instalaron en forma definitiva. Su nombre original era Nicola Levaggi.
El general Levalle se caracterizó por ser un hombre de un coraje excepcional, y sus subordinados le guardaban un gran cariño y respeto pues tenía un gran predicamento sobre las tropas que comandaba; a la hora del combate era el primero en el campo de batalla, donde fue herido varias veces. Fue Ministro de Guerra de Juárez Celman y participó en la revolución de 90 defendiendo al gobierno.
Tenía dos obsesiones: una, su manía por la elegancia en el vestir y la otra, la manera de cómo uno se debía comportar en sociedad.
Ignacio Fotheringham, testigo que fue invitado a cenar a su casa, señala: "Levalle tenía una conversación amena y agradable. Daba gusto estar en la mesa y notar las maneras tan finas del cumplido dueño de casa; una mano de dama, que le gustaba lucirla. En su toilette pasaba horas, jamás conocí hombre alguno que tuviera tantos pares de botas, botines, pinzas, tijeritas, cepillos, perfumes, extractos. La barba le ocupaba tres cuartas partes del tiempo que dedicaba al tocador".
Sin embargo, continúa el testigo: "Nació para mandar soldados y conducirlos al triunfo. Batallones que antes habían sufrido en su fama y buen nombre, a las órdenes de Levalle, se convertían en cuerpos de elite. !A la bayoneta! Y eso sin averiguar ni mucho ni poco si la oportunidad era propicia, si era el enemigo muy superior en número o estaba atrincherado y con cañones”.
En fin, no hay duda entonces que el coraje no es incompatible con la elegancia.
* Historiador.