Por Julio C. Borda *
Don Santiago de Liniers fue sin duda alguna, el gran héroe de la Reconquista; ese hecho histórico que marca una época de gloria y esplendor, se produjo el 12 de agosto de 1806 cuando el General Beresford, jefe de las tropas inglesas, se rinde ante el comandante francés.
Estos antecedentes no le sirvieron de nada para salvarse del crimen que la Junta de Mayo estaba pronta a cometer, debido a que Liniers era un férreo opositor al nuevo régimen nacido el 25 de mayo de 1810.
Su posición era inequívoca: su lealtad a España y al Rey. Es que Liniers se debe a España, y por España dará la vida. Por lo tanto no se quedará de brazos cruzados, y desde Córdoba, junto con el Gobernador Gutiérrez de la Concha intentará resistir la llegada del nuevo orden impuesto desde Buenos Aires. Es así que en una reunión organizada por aquellos que se oponían a la Junta de Mayo, Liniers expresa sin tapujos: todo aquel que adhiriese al partido de la Junta de Buenos Aires y aprobase la deposición del virrey, debe ser tenido por un traidor a los intereses de la Nación.
Pero todo será en vano, pues el Secretario de la Junta Mariano Moreno
al enterarse de los hechos de Córdoba, envía inmediatamente tropas a la ciudad mediterránea con el fin de apresar a los cabecillas de la rebelión y fusilarlos en el lugar en que se encuentren.
Es que para las autoridades de Buenos Aires era prioritario el fusilamiento del francés, pues ante el prestigio bien ganado en las jornadas de 1806 y 1807, aquéllas tenían un justificado temor de que la ciudadanía se volcara a las calles reclamando la libertad del ex virrey.
A mediados de julio de 1810 las tropas al mando de don Francisco Ortiz de Ocampo
entran a Córdoba para dar caza a los insurrectos, los que fueron apresados y llevados ante el comandante. Pero Ortiz de Ocampo se negó en forma terminante cumplir con la orden de fusilamiento impuesta por la Junta.
Moreno estaba obsesionado… Liniers debía ser pasado por las armas en forma inmediata. Para ello decide enviar a Juan José Castelli, a quien le expresa vaya usted y espero que no incurrirá en la misma debilidad que nuestro general; si todavía no cumpliese la determinación tomada, irá el vocal Larrea a quien pienso no le faltará resolución; y por último iré yo mismo si fuese necesario.
La hora fatal se acercaba; Liniers, junto con los otros prisioneros que habían sido partícipes de la conspiración fueron puestos en fila para ser ejecutados. Momentos antes el héroe de la Reconquista se dirige al obispo Orellana -que se salvó del paredón por su condición de religioso- y con una gallardía poco común le expresa: todo es en vano, estamos en manos de la fuerza; conformidad; muchos más merecen nuestras culpas; más glorioso nos es morir que suscribir a las miras de la Junta. Morimos por defender los derechos de nuestro rey y de nuestra patria, y nuestro honor va ileso al sepulcro.
El 26 de agosto de 1810 en la región cordobesa de Cabeza de Tigre, una descarga de fusil pone fin a la gloriosa vida de don Santiago Liniers. Se dice que el pelotón de fusilamiento estuvo integrado por irlandeses que desertaron cuando ocurrieron las invasiones… es que ningún criollo quiso ser protagonista de ese acto tan vil. Domingo French
tuvo el triste privilegio de pegarle el tiro de gracia.
De esa forma pagó el Gobierno los grandes servicios que había prestado a la Patria, uno de los más admirables próceres de nuestra historia.
* Historiador. Autor de “Aguas del olvido” (Sobre las Invasiones inglesas).
