“El fracaso está en no hacer nada”

La gran Elena Roger estrenó ‘Invasiones I, no bombardeen Buenos Aires’ en el Teatro San Martín.

Hay algo en Elena Roger que resulta tan magnético como su voz: su sencillez. Mientras muchos ven en ella a una artista extraordinaria, que supo conquistar los escenarios de Londres y Nueva York, Elena se empeña en desmitificar ese brillo y se muestra como una persona que carga con la responsabilidad de darlo todo porque sabe que el público espera de ella nada menos que excelencia. Se muestra vulnerable y real, pero no lo hace desde una pose, sino que nace como un deseo genuino de que los demás entiendan que pueden hacer lo mismo que ella.

Hoy, esa mujer que mantiene los pies sobre la tierra sube a escena con 'Invasiones I, no bombardeen Buenos Aires' en la sala Martín Coronado del teatro San Martín. Sentada en una pequeña sala del cuarto piso del Complejo Teatral, con una foto de Alfredo Alcón de fondo, dice que la respuesta del público en las primeras funciones “fue increíble. Terminó la obra y estaban todos de pie, la gente quedó encantada”.

Narrado a través de canciones de Charly García, con idea, libro y dirección de Ricardo Hornos, este musical propone una mirada contemporánea sobre las invasiones inglesas de 1806.

HEROINA INVISIBLE

-¿Era consciente de que había tanta expectativa respecto al estreno de Invasiones?

-No (risas). Yo tenía expectativas, sabía que había un montón de gente que ya había comprado las entradas. Eso me llenaba de nervios, porque una siempre quiere que los espectáculos sean lo mejor, y la verdad es que en una obra como esta, siendo armada desde cero, siempre existe esa duda de cómo será, cómo lo armaremos y cómo se terminará relatando la historia. Es difícil hacer un espectáculo épico en un escenario. Y creo que yo hasta el primer día que nos pusimos a ensayar no había tomado real dimensión de adónde me había metido.

-¿Qué nos puede contar sobre esta mujer?

-Lo que primero me atrapó es que Ricardo me dijo era un farolero. El empezó con esa idea y después, cuando lo fue desarrollando, terminó siendo una niña aristócrata que es echada de su familia por haber sido seducida por un caballero. Ella termina en la calle y es rescatada por un grupo de faroleros, sobre todo por el maestro farolero, que es el rol que encarna Federico Couts, que la lleva a tener ese oficio y que no esté en la calle. Luego vuelve a su rol de mujer para hacer un acto de heroísmo y poder ayudar a liberarse de los ingleses. Tiene eso de importante, esta cosa dual de lo masculino y lo femenino, y de lo invisible de la sociedad, esa cosa de que no existe pero existe. Ricardo relata que los faroleros eran importantes porque eran los que iluminaban la ciudad cuando estaba todo apagado, y cuidaban los faroles, pero además eran serenos y vigilaban que nada sucediera. Si veían algo, tenían un silbato que lo hacían sonar para que todos prestaran atención.

-¿Qué es lo que más la atrapó de la psicología de su personaje?

-Yo quería que mi personaje fuera heroico y que fuera de armas tomar. Me costó un montón lograr ese viaje en la puesta, porque en el relato estaba, pero para que se entendiera tuvimos que ponernos de acuerdo con Ricardo para lograr que esta mujer tuviera el heroísmo que yo quería tener y que me parecía que reivindicaba a las mujeres y a los sin nombre que han hecho este país, poniendo en riesgo su vida, muriendo y haciendo cosas que no han trascendido y no están en los manuales.

-¿En algún momento de todo el proceso pensó: “Por qué me metí en esto”?

-Hubo momentos de muchísimo estrés, pero estoy feliz de haberlos trascendido, de haber logrado el equilibrio y de poder hacerlo. Fue un gran desafío para mí, más que en lo actoral, en llevar a cabo este proyecto.

LA MUSICA DE CHARLY

-¿Cómo es su vínculo con la música de Charly García?

-Siempre escuché a Charly. Mis hermanos son un poco más grandes que yo y me introdujeron a esa música desde chica. Para mí es un gran artista y, siéndolo yo también, puedo ver lo difícil que es ser reconocido y mantener un lugar, qué decisiones tomar, qué pasos dar y para qué los das, qué es lo que querés decir. El tiene también esa magia de ser un canal de una música increíble, con unas letras que lo dicen todo.

-¿Qué descubrió de Charly al ponerle el cuerpo y la voz a sus canciones dentro de una estructura narrativa?

-Me doy cuenta de que, cuando estoy cantando, estoy todo el tiempo diciendo “¡guau! Esta letra ahora quiere decir esto en mi personaje”. Cuando yo cantaba esa canción, quizás no tenía ese significado o tal vez no le ponía ninguno. Ahora tienen la cara en esta obra.

-¿Qué le pasa a Elena, en la intimidad, cuando termina una función y ve la platea entera aplaudiendo de pie?

-Siento agradecimiento por haber logrado que le suceda algo al público. Es como la meta cumplida.

-Cuando hace un repaso de su carrera y ve la admiración que genera en el público, ¿qué siente?

-Es una gran responsabilidad. Uno tiene momentos de mucha energía, luminosidad y creatividad a pleno, pero hay momentos que no son así. El artista es un ser humano también y tiene sus momentos y sus propuestas, que a veces pueden interesar o no, pero ese también es el aprendizaje para mí de decir “bueno, hay momentos donde uno se tiene que lanzar al vacío, ver qué pasa y aprender también de eso”. El fracaso está en no hacer nada, hay que hacer. Yo agradezco infinitamente al público argentino que me viene a ver y me valora; por eso también siento esa responsabilidad, porque la gente espera algo de mí, un buen espectáculo, excelencia arriba del escenario, y a veces es difícil lograrlo. No es que porque hice ‘Evita’ ahora todo me sale genial y tengo las mejores ideas del universo, o traigo las mejores propuestas. Yo agradezco esa confianza.

-¿Cómo hace para mantener los pies sobre la tierra?

-No sé por qué no los tendría que mantener sobre la tierra. En realidad, siento que soy tan exigente conmigo y siento tanta responsabilidad siempre, que no es que yo digo: “ah, esto es fácil” y me quede durmiendo en los laureles. Siento que a veces a los artistas los ponemos en un lugar de endiosamiento y es un montón. Está buenísimo ver gente que te da ejemplos de algo y que te inspira, pero son seres humanos. Cuando salgo de hacer funciones siempre me ocupo mucho de que vean que soy un ser humano para que se den cuenta de que pueden hacer lo mismo que yo arriba del escenario o en lo que les guste hacer, porque el arte está en todos lados. Todos somos artistas de nuestro trabajo, todo el tiempo estamos creando.

-¿Con qué mensaje te gustaría que se fuera la gente después de ver ‘Invasiones’?

-Quisiera lograr que salgan valorando el espacio público, la historia argentina y lo que podemos hacer, que se enorgullezcan de ser de este país pero, sobre todo, que valoren la cultura argentina.