CON "LOS CAÑONES DEL ATARDECER" RICK ATKINSON CONCLUYE SU OBRA SOBRE LA II GUERRA

El final de una épica trilogía

Del desembarco en Normandía a la caída de Berlín, el monumental relato reconstruye el avance de los soldados aliados de forma vibrante y con extremo detalle. El autor quiso contar el conflicto como nadie lo había contado antes.

La reconquista aliada del territorio europeo ocupado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, un conflicto de cuyo final se cumplen 70 años, es contada de forma vibrante y con riqueza de detalles por el escritor estadounidense Rick Atkinson en Los cañones del atardecer, un relato que completa su elogiada y monumental Trilogía de la Liberación.

Atkinson (Munich, 1952) reconstruye en este tercer volumen, que acaba de ser editado en la Argentina, el avance de los soldados aliados. Y lo hace alternando el amplio enfoque de la estrategia militar y de las decisiones tácticas, ayudado por gran número de mapas, con la experiencia vivida por los soldados, una combinación de heroísmo y sufrimiento.

La historia es conocida, y empieza en el complejo y sangriento desembarco en Normandía el 6 de junio de 1944, una operación militar cuyo éxito, en palabras del autor, se debió a la "sorpresa, a un poderío abrumador y también a la incompetencia alemana".

A partir de allí, la narración continúa con la dificultad para combatir a través de los cercos vivos, y con la Operación Dragón, que permitió el desembarco entre Tolón y Cannes para aliviar la presión en Normandía, para luego adentrarse en el progreso de las tropas por Francia.

El relato recorre el desastroso esfuerzo por capturar un puente sobre el Rin en Arnherm, Holanda, el mayor fracaso militar de los aliados; la brutal y sangrienta batalla del bosque de Hürten, y la encarnizada Batalla de las Ardenas, que actúa como un punto de inflexión en el libro antes de narrar el asalto final a Alemania.

El escritor estadounidense ve en ese contraataque sorpresa de los alemanes en las empinadas y nevadas montañas boscosas de Bélgica, que involucró a 200.000 hombres, la última carta importante que jugó Hitler.

El desarrollo cautiva al lector porque es presentado como un drama propio de una novela y por la gran variedad de personajes retratados. El autor supo encontrar nuevos puntos de vista y la crítica no ha dejado de señalar que el libro es una prueba de que no todo estaba dicho sobre un tema tantas veces transitado.

Atkinson adjudica esto a los buenos dividendos que paga el haber pasado años en distintos archivos, como reconoció el año pasado en un diálogo con La Prensa.

El autor ofrece un relato marcado por un detallismo obsesivo que se prolonga a lo largo de las mil páginas de la obra. Un rasgo que define su estilo, identificado con la llamada "historia narrativa", en la que el drama y los personajes son clave.

Se ha dicho también que el talento de Atkinson como historiador militar brilla más en medio de los combates, donde logra capturar la vista, el sonido y hasta el olor del campo de batalla.

Su prosa incluye pasajes donde resuenan a la vez las ametralladoras y la literatura, señaló con elocuencia el diario español El País.

Un brillo literario que no elude el costado más horroroso de la guerra, como el sargento con el pecho abierto por un proyectil antitanque, mostrando el corazón aún palpitante. Del mismo modo que la grandeza con que describe algunos protagonistas no le impide retratar la miseria de otros.

Pero el libro no sólo se ocupa de las batallas. Como señala el Christian Science Monitor, en su obra, el autor enfatiza la importancia de la logística y el abastecimiento, así como el rol del poderío aéreo.

UNO DE LOS MEJORES

Atkinson es considerado uno de los mejores de su especialidad, dice El País, que agrega que se trata de un escritor de temas militares alabado tanto por Antony Beevor, como por Max Hastings o James Salter.
Su trilogía le ha llevado 15 años de un arduo trabajo de archivo e investigación. El primer volumen, publicado en 2002, se tituló Un ejército al amanecer: la guerra en el norte de Africa (1942-1943), galardonado con el premio Pulitzer, y el siguiente fue El día de la batalla: la guerra en Sicilia e Italia (1943-1944).

El énfasis que pone en documentos contemporáneos tales como diarios personales, cartas y manuscritos inéditos, y la luz que ellos arrojan sobre los pensamientos y experiencias de aquellos que vivieron, combatieron, y a menudo murieron en estas batallas hacen que el libro, según el Monitor, resulte fascinante.

Hay, de acuerdo con ese periódico, emocionantes historias y anécdotas de soldados de ambos bandos, desde el miedo omnipresente al placer ocasional e incluso el aburrimiento.

La violencia y la muerte estaban siempre presentes y los soldados se acostumbraron, dice el Monitor. Como prueba, el diario menciona la carta incluida en el libro de un soldado británico que escribe a su familia: "La cuestión de matar no representa más un problema moral, ni siquiera un problema en absoluto".

La idea de Atkinson antes de empezar esta trilogía fue, según él mismo describió a la revista española El Cultural, la posibilidad de "ofrecer de forma exhaustiva una narración completa, sin costuras, y de una forma que nadie había contado antes, siguiendo las lindes naturales de la liberación, con un principio, un desarrollo y un final, tocando las campañas del norte de Africa, Italia y Europa Occidental".

Atkinson fue periodista de The Washington Post por 25 años y corresponsal durante la Guerra del Golfo y los conflictos en Somalia y los Balcanes, tras lo cual se dedicó a escribir obras de historia militar.

Nacido en el seno de una familia de militares, fue distinguido en 2010 con el premio Pritzker, el más prestigioso de los que se conceden a la literatura sobre temas militares.

FASCINACION

Su último libro demuestra que la Segunda Guerra Mundial no deja de deslumbrar. En su entrevista con La Prensa, el año pasado, Atkinson justificó la inagotable fascinación que despierta este conflicto en el hecho de que se trata de la mayor catástrofe en la historia humana, con 60 millones de muertos. "Quién puede desviar la mirada ante eso", se preguntó.