El factor tiempo
Hay preguntas en la Argentina, muchas preguntas. ¿El modelo económico que genera dólares, tracciona votos? ¿Cuánta gente vota en la provincia de Neuquén, donde se desarrolla el fenómeno Vaca Muerta? ¿A cuánto asciende la población rural, aupada en la cosecha récord? ¿Cuántos sufragan en las faldas de la cordillera, donde la minería ha salido ya del estado embrionario?
En las entrañas del Gobierno, poco a poco, han comenzado a tejerse estos interrogantes. El programa libertario, de claro sesgo exportador, genera buena parte de los dólares que necesita la economía argentina pero desdeña la industria local y el consumo interno.
El dato no es menor. Esta cualidad afecta sobremanera a los grandes centros urbanos, donde miles de personas ven deteriorada su calidad de vida a partir de la pérdida del empleo formal. Son recibidos, en el mejor de los casos, en el reino de las aplicaciones de reparto o transporte.
De allí que en las últimas encuestas, más allá de la imagen debilitada del presidente de la Nación, el ranking de preocupaciones de la población ya no tiene a la inflación en punta. Ahora lo que genera temor es la pérdida del puesto de trabajo, escoltado por el desplome de los ingresos.
Es habitual que las espadas económicas de La Libertad Avanza sostengan que el nuevo esquema madurará con el tiempo. Y que buena parte de la economía se engarzará en modo servicios en la larga cadena de valor del sector energético, rural y minero. El problema es el mientras tanto.
En las últimas elecciones presidenciales estaban habilitados para votar 553.748 personas en la provincia de Neuquén; y 1.253.159 ciudadanos fueron habilitados en la sumatoria de las provincias de San Juan, La Rioja y Catamarca, lo que representó aproximadamente el 3,54% del total del padrón nacional.
Los estudios poblacionales destacan también que la cantidad de personas que vota en las zonas rurales asciende a 1,3 millones. En el ajedrez electoral son piezas sin peso.
En la vereda de enfrente, perjudicados por el modelo económico libertario, el Conurbano bonaerense -cuna de la pequeña industria- alberga a casi 11 millones de personas, lo que equivale al 24% de la población argentina. Alrededor de 9,3 millones estaban habilitados para sufragar. ¿Qué ocurrirá si trasladan su malhumor a las urnas?
Quizás tengan razón y en el largo plazo todas las divisas que ingresan por las exportaciones crecientes generen aquello que tanto se ha buscado en la economía nacional: estabilidad cambiaria, inflación en baja, superávit fiscal. Y que todo eso derrame naturalmente en forma de beneficios para una sociedad que debería adaptarse a la nueva época.
Pero, una vez más, el tiempo surge como una carta decisiva en esta partida. Aún si estuviéramos transitando por la buena senda y allá, en el fondo del camino, nos estuviera esperando el paraíso, ¿cuántos estarían dispuestos a esperar en medio de la miseria?
HUMOR SOCIAL
El presidente de la Nación pide paciencia. En esto de la batalla cultural sabe que sus decisiones de política económica no madurarán a tiempo para las próximas elecciones. Al menos no para todos.
El Indice de Confianza en el Gobierno, que elabora la Universidad Di Tella, fue de 1,94 puntos, nivel que representa una disminución de 5,9% respecto del mes anterior. De todos modos, en el mes 33 de la presidencia de Javier Milei es 10,7% mayor que el de la presidencia de Mauricio Macri, y 57,4% mayor que el de la de Alberto Fernández, en el mismo mes de gestión.
Algo cruje en ese entramado social que, harto de tanto kirchnerismo, decidió respaldar la aventura de un supuesto candidato outsider, un disruptivo que venía a poner el país patas para arriba. Algunos ya parecen haberse arrepentido.
Corren las semanas y las encuestas se apilan sobre el escritorio. El año próximo la vorágine de las mediciones será total. La última edición del Monitor Socio-Político de septiembre elaborado por OPSA (Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA) a nivel nacional muestra una escena preocupante: el 53% de los consultados califica como mala o muy mala la situación económica, frente a un 28% que tiene una valoración positiva y un 19% que la considera regular. A su vez, el 56% sostiene que la economía empeoró respecto de hace un año y apenas el 36% observa una mejora.
Se achican los márgenes de la esperanza. Ante la pregunta de cómo será el futuro, el 50% considera que la economía nacional empeorará durante los próximos 12 meses, mientras que el 39% espera una recuperación y el 11% cree que permanecerá sin cambios. Dentro del segmento más pesimista, un 35% anticipa que “empeorará mucho”.
La respuesta a esta desazón podría estar, por ejemplo, en el efecto tenaza que representa el constante aumento de las tarifas de los servicios, fundamentalmente el transporte, y al magro incremento de los salarios (17% en el primer semestre).
De hecho, este mes el boleto de subte aumentó un 3,7% y pasó a costar $1.817 por viaje con la tarjeta SUBE registrada. Las líneas bajo jurisdicción de la CABA sufrió un ajuste general del 3,7%. El boleto mínimo (de 0 a 3 km) quedó en $920,48.
Además, el servicio de Agua y Cloacas registrará un incremento en sus facturas del 2,2% a 2,7%; Luz y Gas tendrán subas de 1,6% y 2,4% en promedio para usuarios residenciales. En tanto, la medicina prepaga ejecutará ajustes de entre el 1,9% y el 4,9%, según el tipo de plan.
En medio del descontento creciente, el Gobierno anuncia obras de infraestructura que, aunque siempre bienvenidas, les queda muy lejos al ciudadano de a pie. Por ejemplo, la extensión del contrato de concesión con Aeropuertos Argentina (la empresa que administra 35 terminales en el país) a cambio de un compromiso de inversión directa de u$s 600 millones.
Mientras tanto, en el flanco externo las condiciones financieras cambiaron y la suba de la tasa por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos no hizo más que ponerle un nuevo piso al riesgo país argentino, que cruzó en alza la línea de los 600 puntos básicos.
No todos, sin embargo, adjudican el incremento sólo a la política monetaria estadounidense. En la semana el economista Juan Pablo Nicolini, investigador senior de la Reserva Federal de Minneapolis y exrector de la Universidad Torcuato Di Tella, fue al hueso: "La Fed puede subir la tasa 25 puntos básicos, pero es ruido frente a nuestras fluctuaciones".
También dijo que “si no se trabaja para minimizar los costos de la transición, se puede generar un mal humor social con efectos políticos que haga fracasar la reforma. Dependemos de nosotros. No miremos afuera".
Por último, alertó que el efecto benéfico de la baja de la inflación sobre la pobreza es ahora mínimo. “Hoy la pobreza depende básicamente de cómo se muevan el empleo y los salarios cerca del umbral que define qué es ser pobre”, resaltó.
FIERROS OXIDADOS
“Los indicadores están arrojando cualquier cosa”. La frase pronunciada por Milei no deja de ser curiosa. Sobre todo porque el presidente es un economista que tiene como eje al evangelio económico. Todo lo explica, todo lo justifica a partir de las variables de la economía. Pero cuando los números vienen torcidos, desconfía.
En la semana la Unión Industrial Argentina presentó su informe de coyuntura, donde se destaca que en agosto la actividad se mantuvo estable con respecto a julio (-0,3% sin estacionalidad). En términos interanuales, representa una una caída de 5,7%.
Con estos datos, en lo que va del año la industria acumula una baja de 3% respecto al mismo período de 2025, y de 11% por debajo de los niveles de 2022 y 2023. Los fierros suman óxido frente a una política económica que prioriza la exportación de recursos naturales. El documento señala:
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En términos sectoriales, 12 de los 16 sectores que componen el índice cayeron respecto de julio de 2025.
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La actividad vinculada a la construcción cayó: 5% los despachos de cemento y -3% el Índice Construya (venta de insumos para la construcción).
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El sector de metales básicos presentó un comportamiento dispar, con caída en la producción de acero (-7%), mientras que aluminio primario se mantuvo estable (0,4%).
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Los segmentos vinculados a alimentos y bebidas presentaron caídas mensuales: bebidas (-8,5%), faena vacuna (-1,9%), porcina (-0,4%) y producción láctea (-0,2%), con excepción de molienda de oleaginosas que continúa con un buen desempeño productivo (+9%).
¿El programa económico tendrá en 2027 una fase 2 destinada a mejorar la producción y el consumo interno? ¿Bajará Milei algún estandarte en su afán por captar los votos de aquellos perjudicados por el modelo? ¿O acentuará su sesgo exportador, caiga quien caiga? Ya lo veremos.
