Siete días de política

El doble impacto local de la política expansionista de Trump

No tuvo costo político para Milei su apoyo al golpe comando de Trump en el Caribe, pero la vuelta del petróleo venezolano a los mercados podría afectar el pilar energético del plan económico.

A una semana del apresamiento de Nicolás Maduro se consolidó la falta de reacción de la izquierda y el populismo ante una aventura expansionista de Washington que, en otras épocas, los hubiera puesto en pie de guerra. Las violentas reacciones callejeras, la quema de banderas estadounidenses, los ataques a embajadas y los choques con la policía faltaron a la cita. Los reemplazó una indiferencia generalizada, tanto internacional como local.

Nadie se movilizó en defensa de la soberanía territorial violada, ni por la grosera intromisión militar, ni por la amenaza implícita de que un episodio similar se produzca en caso de que otro país de la región desafíe a Trump. Salvando las correspondientes distancias, algo parecido a lo que ocurrió con la extinta actividad de los piqueteros. Durante años habían sido dueños de la calle y de la noche a la mañana fueron suprimidos sin que nadie derramara una lágrima por ellos.

La pálida reacción de la oposición local limitada al parloteo en los medios y las redes tuvo más de una causa. Las primeras encuestas expusieron la vasta impopularidad de Maduro. Una de ellas, de la consultora Casa Tres, reveló que menos del 10% lo apoyaba. Cerca de un 30% consideró que Javier Milei debía acompañar la decisión de Trump y un 20% se solidarizó con la oposición venezolana desde una posición de neutralidad. El grupo mayoritario, alrededor del 40%, consideró que la Argentina debía mantenerse al margen de la cuestión.

Esto complicó la reacción del peronismo, única oposición frontal al Gobierno, que optó por la ambigüedad. El kirchnerismo rechazó la aventura de Trump, pero sin defender a Maduro. La expresidenta repudió la ilegalidad del secuestro y lo mismo hizo su rival en la interna, Axel Kicillof. En este caso no hubo interna. El enfrentamiento entre ambos es por liderazgo, no por ideas.

En rigor, la crisis peronista se manifestó en la toma de posición de otros dirigentes. Sergio Massa condenó también los actuado por Washington, pero a través de uno de sus voceros, Guillermo Michel, admitió las tropelías de Maduro que su sector se había negado a denunciar oportunamente. Otros dirigentes, como el gobernador Osvaldo Jaldo, resaltaron su oposición frontal al kirchnerismo avalando directamente a Trump: “Estados Unidos sacó a un dictador de Venezuela”. Ni ambigüedades, ni mensajes indirectos.

La UCR directamente se lavó las manos y la facción que confraterniza con el peronismo optó por el silencio. Cuando se reanude la actividad parlamentaria y los bloques del PJ fuercen el debate correspondiente habrá que ver de qué lado de la grieta caen.

Al margen de la opinión del peronismo o de los medios opositores, la extirpación de Maduro puso en evidencia la ficción del llamado “orden internacional basado en reglas”, que supuestamente funciona desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que ocurrió en aquel momento fue, en los hechos, el otorgamiento de la mitad de Europa a la entonces poderosa Unión Soviética. Más de cien millones de personas entregadas a un régimen totalitario y policial sin derecho a “autodeterminación” ninguna, ni a vivir bajo un sistema democrático. Quién tomó esa decisión y con qué “reglas internacionales” es la pregunta que deberían contestar los que se indignan frente a la violación de la entelequia llamada derecho internacional.

Con la oposición política en dificultades, la única derivación negativa que el intervencionismo de Trump podría generarle a Milei es la de una crisis del mercado energético mundial por la vuelta de la producción venezolana. Con el petróleo a sesenta dólares el barril, otra baja de los precios por exceso de oferta podría afectar el balance energético positivo del país que en 2025 rondó los 7 mil millones de dólares, apalancado en las exportaciones de Vaca Muerta. Es decir, habría menos dólares.

¿Habrá un cisne negro para la economía? Expertos en el sector energético como Ali Moshiri, exdirectivo de Chevron, lo descartaron en el corto plazo. La reconstrucción del complejo petrolero venezolano dependerá de grandes inversiones para reactivar una infraestructura abandonada. También, de que los planes políticos de Trump para la transición democrática no naufraguen. Los eventuales tropiezos para Caputo deberían provenir de otro sector.

En ese plano, el Gobierno anunció la devolución de los dólares prestados por el Tesoro norteamericano durante la campaña electoral y el pago de vencimientos de la deuda por 4.300 millones (ver “Señales positivas con matices”). Esto último, con un préstamo a corto plazo que el ministro piensa pagar cuanto disponga de dólares liquidados por el campo. Es decir, entró en su tercer año de gestión tapando agujeros causados, como suele ocurrirles a los gobiernos de todo signo político, por la falta de billetes norteamericanos.