El color de la sangre: la historia de Charles Drew

En Buenos Aires, mientras Europa se desangraba en una nueva contienda, el Dr. Luis Agote conseguía transfundir sangre con un método que impedía que esta se coagulara en el recipiente que la contenía, usando un derivado del ácido cítrico para mantenerla líquida.
Hasta entonces, los intentos por transfundir sangre se habían hecho entre individuos vivos. Tratar de hacerlo mediante sangre conservada en cualquier recipiente había terminado en fracaso.
Casi al mismo tiempo, en Bélgica, el Dr. Albert Hustin usaba el mismo compuesto, pero en distintas concentraciones, para anticoagular la sangre. Poco después, a principios de 1915, el doctor Richard Lewisohn publicaba en Nueva York una transfusión exitosa.
Lewisohn citaba a Hustin en su trabajo; ninguno de ellos sabía del éxito del Dr. Agote. Por tal razón, el fenomenal descubrimiento del argentino pasó desapercibido por esta coincidencia de resultados.
El doctor Agote, además de inquietudes científicas, tenía inclinaciones literarias e históricas y, además de escribir un libro sobre Augusto y Cleopatra, hizo un tratado sobre la psicopatología de los emperadores romanos. También llegó a ser diputado de la Nación.
Los nuevos métodos para mantener la sangre anticoagulada, más la tipificación de Karl Landsteiner (1868-1943) en los grupos A, B y C —que más tarde sería el 0—, permitieron salvar muchísimas vidas durante la contienda.
En 1915, el Dr. Georges Debaisieux (1882-1956) y Carl Janssen usaron sangre citratada para transfundir a soldados severamente heridos, pero recién fue usada en forma generalizada en 1917, durante la batalla de Cambrai.
Mientras esto acontecía en Europa, un joven afroamericano llamado Charles Drew crecía en los suburbios de Washington. Gracias a su habilidad en los deportes, le fue posible acceder a una buena formación en el secundario.
Cuando su hermana murió de tuberculosis y el mismo Charles pasó un tiempo hospitalizado por una herida en un partido de fútbol americano, decidió estudiar Medicina.
Para una persona de color, en la década del 20, en EE. UU., acceder a la facultad de Medicina no era fácil. Por tal razón, Drew cursó la carrera en la Universidad de McGill, en Montreal, Canadá. Gracias a sus buenas calificaciones, pudo hacer la residencia en la Howard College of Medicine. Fue el primer afroamericano en doctorarse en Medicina en la Facultad de Columbia.
Su tesis versó sobre los bancos de sangre.
En 1939, una nueva guerra se cernía sobre Europa y los conocimientos de Drew sobre cómo mantener la sangre lista para transfusiones interesaron al gobierno de Gran Bretaña.
En 1941, la Cruz Roja de EE. UU. lo nombró director de los bancos de sangre para el Ejército y la Marina. Drew se encargó de generar los protocolos necesarios para garantizar la provisión de sangre en forma adecuada. También organizó unidades móviles para las transfusiones de urgencia en el frente de batalla.
Fue en esta época en la que Drew descubrió que el plasma, sin los glóbulos rojos, podía conservarse por varias semanas a bajas temperaturas, permitiendo un mejor acceso al plasma para transfusiones en pacientes en estado de shock.
Sin embargo, y a pesar de la necesidad de sangre durante la guerra, el gobierno americano prohibió usar sangre de gente de color en blancos.
Esta decisión, que carecía de toda base científica, se debió al profundo racismo que existía en la sociedad americana. Un padre llegó a declarar formalmente que, si su hijo era herido en acción, prohibía que recibiese sangre de una persona de color. Prefería que muriese...
Por esta decisión arbitraria, Drew protestó enérgicamente, pero los prejuicios predominaron y Drew renunció a su puesto en la Cruz Roja.
Los siguientes años se desempeñó como jefe de cirugía de la Howard University y en el Freedmen's Hospital, lugares donde asistió a formar una generación de cirujanos de color.
Su labor como docente fue reconocida en 1944 con la Spingarn Medal.
Sin embargo, su vida llegó a un precoz y trágico final en 1950, cuando su vehículo se estrelló camino a un congreso médico en el sur de los EE. UU.
La noche anterior había estado operando hasta tarde y, como viajaba por un estado donde aún se aplicaban las leyes popularmente llamadas de Jim Crow —una disposición de segregación racial basada en el principio «iguales, pero separados»—, no pudo encontrar un hotel donde descansar porque no había lugar donde hospedar negros en esa parte del país.
Charles R. Drew murió desangrado. En algún momento se rumoreó que se le había negado atención médica por ser una persona de color, pero eso es inexacto.
Murió víctima de la segregación sin ser personalmente discriminado. Fue víctima de un sistema criminal donde las costumbres acallan las conciencias...
Drew fue un ejemplo inspirador para las generaciones que lo siguieron y hoy, en EE. UU., existen decenas de centros de atención médica que llevan su nombre.