El caso Adorni y la iniciativa Bullrich

El gobierno no ha conseguido clausurar el tema en el que se desangra desde hace dos meses: las sospechas sobre inconductas de su jefe de gabinete. El culebrón, abierto a raíz de la decisión del funcionario de sumar a su esposa al vuelo oficial que llevó al presidente Milei a Nueva York a mediados de marzo, se extendió en sucesivos capítulos más o menos escandalosos y hoy da trabajo a la Justicia, que investiga la situación patrimonial de Adorni a partir de su encumbramiento político, a la luz de gastos que superarían los 800.000 dólares. Si la situación ha alcanzado una temperatura política especialmente elevada se debe a que el propio Presidente ha encabezado una defensa acérrima de su jefe de ministros y ha condicionado a todo su gabinete a acompañarlo en esa misión, desafiando la amplia y creciente opinión pública negativa sobre el episodio y su protagonista.

El respaldo a muerte

Milei no tuvo mayores reparos en apartar a sus dos primeros jefes de gabinete (Nicolás Posse y Guillermo Francos), sobre quienes no pesaban reparos públicos por eventuales irregularidades; en cambio, demoró el trámite de desplazamiento de José Luis Espert como primer candidato libertario bonaerense en las legislativas y ahora se resiste a abandonar a Adorni, dos movimientos que sin duda provocan daños notorios al oficialismo.        

 La sugerencia que formuló el miércoles último Patricia Bullrich en el sentido de que Adorni adelante su declaración jurada fue interpretada por algunos analistas como una manifestación de hastío ante la reticencia del jefe de ministros a adoptar algún gesto que aliviane la carga que sobrellevan tanto el Presidente como su partido. En rigor, se trata de una propuesta sutil de la senadora, que ofreció una vía de acción diferente del pedido de renuncia que muchos reclaman o aún  de la más neutral solicitud de una licencia. "Yo creo que lo mejor que puede hacer Manuel es adelantar su declaración jurada – aconsejó Bullrich-. En nuestro espacio la transparencia no es negociable. Desde mi punto de vista, la presentación tiene que ser de inmediato. Ya está abierta la posibilidad de presentarla. ¿Para qué vas a esperar si la podés presentar ahora? Es bastante fácil hacerla si tenés la del año anterior".

El tono afable y colaborativo de la senadora no alcanzaba a disimular su desafiante autonomía: estaba interviniendo públicamente en un tema sobre el que ya se había pronunciado el Presidente y que él parecía querer manejar directamente (junto con su hermana Karina, secretaria general y valedora directa de Adorni).  Desde Nueva York, donde viajó a conferenciar y mantener reuniones con empresarios, Milei insistió en que no se desprenderá de ninguna manera de su jefe de gabinete.  Tuvo que asimilar la iniciativa de Bullrich. “Patricia spoileó a Manuel –se quejó-; adelantó lo que efectivamente va a suceder, que Manuel tiene ya los números”.  No dijo nada sobre la propuesta de presentarlos “de inmediato”. De hecho, ayer por la tarde la oficina de Adorni habría puntualizado –según el diario La Nación- que la declaración se conocerá “lo antes que se pueda, alrededor del 31 de mayo”.  Al parecer los números no están listos. Y el culebrón seguirá produciendo consecuencias.

Mileísmo sin Milei

La astuta puntada que ejecutó Bullrich tiende a expresar al conjunto de la base política del oficialismo, tanto al sector libertario como al electorado que optó por Milei en segunda instancia, empujado por pulsiones antikirchneristas o antiperonistas: al tiempo que ofrece una solución no agresiva al episodio Adorni exhibe iniciativa y se empieza a probar como liderazgo opcional en caso de necesidad.

En una nota anterior señalábamos que actualmente los riesgos de Milei son una consecuencia de su éxito. Cancelado el kirchnerismo como opción de gobierno (con su jefa política detenida e inhabilitada y sus sistemas de influencia anémicos) Milei ya no cuenta con el atractivo de aparecer como única alternativa al desorden o al “retorno al psado”; ahora el conjunto del sistema política, con todos sus partidos y partículas (exceptuando el trotskismo, electoralmente poco significativo) se ha desplazado hacia el centro y la derecha, con lo que los libertarios pierden lo que parecía un monopolio y tienen que lidiar con una competencia incómoda. Particularmente incómoda cuando se afrontan tiempos económicamente problemáticos, cuando las propias filas lucen desordenadas y tensadas por enfrentamientos intestinos y cuando el estilo de conducción presidencial se desgasta en intemperancias y agresividad.  Por esa razón, como apuntábamos en nota anterior, “el mileísmo sospecha que ese amuchamiento sobre el centroderecha del espectro representa una amenaza para la hegemonía partidaria que persigue”. Y aparece la fantasía de que se busca un “mileísmo sin Milei”, es decir, la consolidación de las políticas virtuosas que el libertario puso en marcha pero ampliada en su base de sustentación, dispuesta a ciertas flexibilidades que miren más allá de los movimientos financieros y con mayor predisposición al diálogo que los que exhibe el gobierno libertario en su última mitad.

La elección de 2027 ya forma parte de todos los cálculos y probablemente el episodio Adorni, más allá de su escala patética en relación con asuntos de mayor calado que afectan a la sociedad, termine siendo un punto de inflexión en los reagrupamientos que conducen a esos comicios.