El bar adonde van los cronopios

‘Café Cortázar’ no solo homenajea al gran escritor sino que también se propone como un lugar de encuentro sin jerarquías y bien barrial. Sus ricas picadas y tortillas acompañan a cualquier hora del día.

En una antigua casona de principios del siglo XX, en un Palermo más bohemio que trendy, funciona desde diciembre de 2015 un espacio muy particular: ‘Café Cortázar’, un bar literario que no busca homenajear a Julio Cortázar como una figura de museo, sino imaginarlo vivo, sentado en una mesa, escribiendo, charlando, tomando café.

“Nos dimos cuenta de que no había ningún lugar que reuniera las condiciones para pensar a Cortázar de esa manera —cuenta Martín Paesch, gerente del bar en charla con La Prensa—. No queríamos hacer un tributo solemne, sino imaginar el bar donde él iría. El lugar donde se sentaría a escribir, a observar, a estar. Donde nos hiciera sentir, a todos, un poco cronopios”.

La idea original fue justamente crear lo que Paesch define como “el bar de los cronopios”. Y ese espíritu atraviesa todo el espacio. En las paredes conviven un mural del artista Ricardo Villar ‘Crespi’ —amigo de la casa—, los bocetos de su proceso creativo y una serie de cuadros que recorren distintas etapas de la vida del escritor, tanto en Buenos Aires como en París.

“Hicimos un trabajo de historia —explica—. Sabíamos muy bien que Julio, en su época en Buenos Aires, era muy citadino y disfrutaba los bares y cafés. Eso está muy presente en su obra y en su vida”.

BIEN DE BARRIO

Pero ‘Café Cortázar’ no es solo un espacio de culto literario sino, sobre todo, un bar de barrio. Esa fue una de las premisas desde el comienzo.

“La idea siempre fue darle una impronta barrial —dice Paesch—, que lo elijan artistas, escritores, actores, dramaturgos. Que sea un epicentro del barrio. Que la vida sociocultural pase por acá. Esa cosa tan porteña de apropiarnos de ciertos lugares y hacerlos nuestros”. El proyecto logró, según su gerente, un delicado equilibrio entre rendirle tributo a uno de los grandes escritores argentinos y, al mismo tiempo, crear un espacio vivo, habitado por vecinos, creadores y habitués.

QUE COMER

A eso se suma una propuesta gastronómica amplia, pensada para acompañar todos los momentos del día: café de especialidad, sandwichería, tortas, postres, minutas, picadas. “Es una cocina non stop —resume Paesch—. Está abierto todo el día. Pedís lo que querés a cualquier hora”.

Pero hay algo más que define al lugar, algo menos visible y más esencial: una cierta suspensión de los rótulos sociales.

“Vos podés estar tomando un café, leyendo un libro, charlando con tu pareja, y al lado tenés a alguien completamente distinto —dice—. Y está bueno eso: acá no sos abogado, no sos artista, no sos nada de lo que sos afuera. Adentro del bar sos el bar”.

En ese gesto —el de borrar las etiquetas y permitir que todos compartan el mismo espacio, al mismo nivel— ‘Café Cortázar’ termina de completar su idea fundacional de no ser un templo para Cortázar, sino un lugar cortazariano. Un sitio donde la literatura, la vida cotidiana y el café se mezclan sin jerarquías, como en un cuento que todavía se está escribiendo.

 

‘Café Cortázar’

Lunes a lunes de 8 a 2 am sin reserva

Pedidos al 1123394901‬

Cabrera 3797

@cafecortazar