Julieta Otero agota funciones con ‘No me acuerdo las cosas’ en el teatro Picadero
El arte de reírse del paso del tiempo
Tras hablar sobre el ‘lado b’ de la maternidad en ‘Según Roxi’, la actriz y dramaturga ahora transforma la ‘mala fama’ de la menopausia en un encuentro catártico.
Faltan alrededor de dos horas para que empiece ‘No me acuerdo las cosas’ en el teatro Picadero y Julieta Otero está sentada frente al espejo de su camarín descalza y con una taza de té. En esa suerte de ritual previo a transformarse para salir a escena, habla con el equipo y marca el ritmo de la función que vendrá. Tras las breves directivas, sus asistentes se repliegan en la sala contigua y ella enseguida muestra su sorpresa por lo que está sucediendo con la obra: “No puedo creer que estamos llenando todas las funciones. Es un teatro muy grande, me daba un poco de miedo y acá estamos”, dice.
La actriz y dramaturga, que desde su personaje en ‘Según Roxi’ logró capturar el sentimiento de las mujeres de entre 30 y 40 años que intentaban equilibrar el trabajo con la crianza y supo mostrar el ‘lado b’ de la maternidad, avanza un capítulo más y habla sobre la menopausia y los efectos secundarios del paso del tiempo, pero esta vez abraza las bondades de esta etapa femenina y da un mensaje positivo de algo que siempre tuvo mala fama.
ABRAZAR LA MADUREZ
Esas mujeres que se identificaron con usted en sus primeros años como madre ahora lo hacen durante la menopausia, ¿cómo vive esa relación de acompañamiento?
-Y para mí es muy catártico. “Mal de muchos, consuelo de mamis”, supongo. Nos consolamos sabiendo que a las demás también les pasa. Realmente creo que uno de los grandes temas de mi vida ha sido la carga mental y ponerlo sobre el escenario un poco me liberó a mí. Es como una ceremonia de liberar eso, ¿no? Donde tanto el público como yo estamos en lo mismo, participamos de ese ritual, de decir “vamos a reírnos de esta carga para que pese menos”. La risa te genera distancia y permite soltar.
-La menopausia tuvo siempre muy mala fama, pero usted en la obra le encuentra el lado positivo a esta etapa.
-Sí, tiene muy mala prensa. La maternidad tenía muy buena fama y la menopausia al revés. Yo creo que la mirada que nos conviene a las mujeres es la contraria (risas). Hablemos un poco mal de la maternidad, que realmente si nos callamos eso es más difícil de soportar por lo que implica soportar la carga mental, no los hijos que son lo más grande que hay en la vida. Pero cuando sos madre te das cuenta de que necesitás tres vidas para criar hijos, laburar y seguir siendo una. Y, ahora entrando a la menopausia, todo parece terrible y la muerte de todo, y en realidad yo estoy bien, más colgada, pero esto de la niebla mental tiene su lado interesante.
-¿Qué le dicen las mujeres que vienen a verla?
-Hay mucha identificación y mucho agradecimiento de poder ver las cosas desde otro lugar porque, así como cuando hace 15 años empezamos con Azul (Lombardía) a escribir ‘Según Roxi’ que era muy contracultural hablar sobre determinadas cosas que todavía no se habían dicho, en este momento hablar de la menopausia y de la pérdida de estrógenos como una celebración y libertad, tampoco es algo que se esté diciendo mucho. Y no digo que todo lo otro no sea cierto, es difícil, pero es ofrecer otro punto de vista para ampliar ese diálogo sobre lo que vivimos. Entonces eso me lo agradecen mucho.
-Dalia Gutmann es la directora de la obra, ¿cómo fue la unión con ella?
-Venimos de dos mundos completamente distintos, ella viene del stand up que yo no hice nunca y es como otro lenguaje, otra manera de estar en escena. A mí me divierte mucho Dalia y ella se divertía con ‘Según Roxi’. Entonces nos empezamos a cruzar en la vida hace bastante tiempo. Cuando en 2024 me llamaron para hacer algo en el Picadero, le dije: “Che, tengo una fecha para febrero del 2025 y siento que no tengo que estar más haciendo chistes de mami de nenes chiquitos, voy a escribir algo nuevo”. Y, ahí, salió la idea de que ella me dirija y después empezó a producir el espectáculo, porque ella es la directora, pero también es la productora. Así que estamos re felices las dos.

‘No me acuerdo las cosas’ sube a escena los viernes en el Picadero.
AUTOGESTION Y CULTURA
-¿Este año volvió como guionista a ‘Otro día perdido’?
-Sí, ya hace unas semanas que estamos escribiendo todos los días. Es muy divertido, es un grupo re lindo y tienen una manera de trabajar muy específica y organizada.
-También sigue dirigiendo ‘La teoría del desencanto’ en el Método Kairós...
-Sí, es una obra maravillosa que me dio mucha felicidad. Habla sobre una cena en 1986 en el contexto del debate de la ley de divorcio y hay un triángulo amoroso de escritores y una vecina. Es medio de suspenso, se pone densa la cena, tiene muchísimo humor, pero también bastante tensión. Está armada en forma medio inmersiva porque es a tres frentes y la cena sucede en el medio, la gente se divierte mucho teniendo a los actores tan cerca y siendo una situación tan desbordada. Están todos los sábados llenos y, habiendo empezado la tercera temporada y por la situación que está viviendo, decidimos hacerla a la gorra.
-¿Y se puede sostener así?
-Sí, re. Porque está siempre llena y hay gente que quizás no puede poner nada o pone poco y hay gente que pone más y se compensa de alguna manera. Obviamente la idea no es precarizar el trabajo de los actores, pero los teatreros somos de buscarle la vuelta siempre. Estaría bueno que no tengamos que hacerlo, pero lo hacemos.
-¿Su trabajo siempre fue bastante autgestivo?
-Sí, siempre. Por eso cuando me llaman para trabajar en algo, como en este caso en el programa de Mario Pergolini me gusta también descansar un poco en no ser la que lo tiene que llevar todo.
-¿Cómo vive el momento particular que atraviesa la cultura?
-Es muy difícil para toda la comunidad artística. Estamos todos haciendo teatro porque hay muy poco laburo audiovisual, los teatros independientes están pasando momentos durísimos, muchos cierran. Hay que entender que la cultura no es un negocio donde vendés y vendés. Es un hecho que tiene que ver con la identidad de un país y si el Estado no lo apoya no puede existir. Es un momento muy duro y de mucha tristeza, pero no creo que sea de desesperanza porque los teatreros somos de la acción.
