El PBI cayó 0,6% en el segundo trimestre
La tasa de desempleo en junio subió al 7,9% en junio, según los datos del Indec.
Los datos difundidos por el Indec sobre el nivel de actividad económica del segundo trimestre de 2026 confirman que la economía argentina crece con poca fuerza.
El Producto Interno Bruto (PIB) mostró una suba interanual del 2%, un número que a simple vista podría parecer alentador, pero que esconde una realidad más compleja cuando se lo mira en la comparación trimestral: contra el primer trimestre del año, la actividad se contrajo 0,6%, en la serie con ajuste estacional.
No se trata de una simple corrección estadística, sino de la constatación de que el repunte que había mostrado la economía a comienzos de año perdió tracción. El economista Gabriel Caamaño lo resumió con precisión en redes sociales: “Las cuentas nacionales, como viene siendo habitual, corrigieron al alza los datos del primer semestre respecto de lo que anticipaba el EMAE (de 1,9% a 2,2% interanual), pero aun con esa revisión favorable, el resultado sigue estando bastante por debajo de lo que el mercado esperaba”.
El detalle por componentes de la demanda es elocuente. Mientras las exportaciones lograron sostener el trimestre con un incremento del 2,5% y acumulan una suba interanual del 13,7% -el rubro más dinámico de toda la medición-, el resto de los motores de la demanda interna directamente retrocedieron.
El consumo privado cayó 2,4% respecto del trimestre anterior, y según remarcó Caamaño, ya lleva tres trimestres consecutivos de caída, un dato que pone en cuestión cualquier lectura optimista sobre la recuperación del poder de compra de los hogares.
El consumo público bajó 2,3% y la inversión, aunque continuó en terreno negativo (-0,8%), al menos moderó su ritmo de contracción respecto de trimestres anteriores.
POR SECTORES
En el plano sectorial, el panorama es igual de heterogéneo. La pesca fue el sector más pujante, con un salto del 44,7% interanual, seguida por la explotación de minas y canteras (16,4%) y por agricultura, ganadería, caza y silvicultura (6,9%).
Son sectores fuertemente atados al ciclo exportador y a condiciones específicas -cosechas, precios internacionales, producción minera-, lo que ayuda a entender por qué el crecimiento agregado no se traduce en una sensación generalizada de mejora: son ramas que generan divisas, pero no necesariamente el empleo o el consumo masivo que impactan en el día a día de la mayoría de los hogares.
MAS DESEMPLEO
Esa desconexión entre el crecimiento macroeconómico y el bienestar cotidiano se refleja también en el mercado laboral.
La tasa de desempleo subió al 7,9% en el segundo trimestre, un incremento de 0,3 puntos porcentuales frente a igual período de 2025 y de 0,1 punto respecto del primer trimestre de este año.
El dato debe leerse junto con otro que el propio Indec destaca: a suba se da en un contexto de aumento significativo de la tasa de actividad, que llegó al 48,9% (0,8 punto porcentual más que un año atrás).
Es decir, más personas salieron a buscar trabajo, lo cual en sí mismo puede ser una señal de mayor confianza o de necesidad económica de sumar ingresos al hogar, pero no todas consiguieron insertarse en el mercado laboral, lo que empujó el desempleo hacia arriba.
La tasa de empleo, por su parte, se ubicó en 45,0% y no mostró variaciones significativas respecto del año anterior, lo que refuerza la idea de un mercado laboral estancado más que en franco deterioro.
El dato que sí encendió una alerta adicional es el de la informalidad laboral, que aumentó 1,0 punto porcentual interanual, y en particular el crecimiento del cuentapropismo dentro del universo informal, que pasó de 34,3% a 37,3%
. Ese salto de tres puntos sugiere que buena parte de las personas que se están incorporando al mercado de trabajo lo hacen por cuenta propia y sin la cobertura de un empleo formal, un patrón que suele profundizarse en contextos de bajo dinamismo del empleo asalariado privado.
El interior del país tampoco escapa a estas tensiones: tanto la desocupación como la subocupación demandante crecieron de forma estadísticamente significativa en los aglomerados del interior, alcanzando el 7,6% y el 9,1% respectivamente, con subas de 1,3 y 0,9 puntos porcentuales.
El cuadro que se arma, en definitiva, es el de una economía que crece en el margen -traccionada por sectores exportadores y por una revisión estadística favorable- pero que no logra todavía traducir ese crecimiento en más consumo, más inversión ni mejores condiciones de empleo.
La pregunta que dejan estos datos, y que probablemente domine el debate electoral en los próximos meses, es si esta pérdida de impulso es un bache transitorio dentro de una tendencia de recuperación más amplia, o el anticipo de una desaceleración más profunda.
