Veteranos de guerra aparte, los jugadores de fútbol, los hinchas y, en general, los que festejaron el despliegue de la sábana con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, ¿de verdad se sienten tan atravesados por la causa al punto de refregárselas en la cara a los jugadores ingleses? Ya en Qatar los argentinos (jugadores, incluidos) entreveraron el fútbol con Malvinas con la famosa marchita “Muchachos”; cuya primera estrofa dice: “Tierra de Diego y de Lionel / De los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”. Reivindicar que las islas son argentinas y no olvidar a los que combatieron, es un deber moral.
Ahora, aprovechar la victoria contra Inglaterra, es otra cosa. En primer lugar, llamar “pibes”, y no soldados, a los que combatieron es menoscabarlos.
Al respecto, la película argentina Los chicos de la guerra se les había adelantado. Los motes “chicos” y “pibes” tienen la bastarda intención de separar a los que combatieron en soldados rasos (colimbas) por un lado y oficiales y suboficiales, por el otro. Los primeros son los buenos y las víctimas, y los segundos, los malos y los victimarios. Pero, no fue eso lo que pasó.
La causa de Malvinas es inescindible del conjunto combatiente. La insistencia en la partición tiene su origen en el hecho de que meter al personal de cuadros con los colimbas en la misma bolsa significaría reivindicar, también, a los “genocidas” que pelearon la guerra contra la subversión marxista. Empezando, por ejemplo, con Galtieri; que fue el que tomó la decisión (equivocada o no) de recuperar suelo patrio. También el capitán Astiz y todos los oficiales y suboficiales que, en tierra, mar y aire, pelearon con valor y patriotismo. Discriminarlos es infame.
BALADRONADA
Por otro lado, enrostrarle, cartel mediante, a los jugadores de la selección inglesa que las Malvinas son argentinas representa una falta de cortesía con el adversario. Una baladronada que no debieran permitirse aquellos que nos representan como país. Además, dicho gesto que podría acarrear consecuencias no deseadas.
¿Qué tal si en el próximo encuentro de rugby entre los Pumas y el seleccionado inglés (XV de la Rosa) los reciben con una sábana escrita con “Las Falkland son nuestras”? Y, sin la menor intención de dar ideas en este tren de malvinizar todo, bien podría pasar que de locales, a cualquier equipo inglés los recibamos tapizando las tribunas con pancartas en donde destaquemos su “condición” de piratas, ladrones, mas una especial que diga: “Thatcher genocida”.
PASTO A LAS FIERAS
Ese no era el lugar ni el momento para que los jugadores expresen su sentimiento malvinense. Sin proponérselo, dieron pasto a las fieras que se visten con gorras y buzos con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, al mismo tiempo que persiguen judicialmente y no bajan de genocidas a los oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas de la Nación.
No es casualidad que festejen el hecho los que odian a Israel y a Occidente como si se hubiera dado un golpe geopolítico a Inglaterra; a saber: la ultraizquierda, los publicistas pagos de Vladimir Putin y los adoradores del chavismo.
Hay lugares y momentos más indicados para reivindicar Malvinas. Por ejemplo, en los juicios farsa donde se condena a soldados de las Fuerzas Armadas por haber ganado la guerra a los terroristas comandados desde Cuba. Allí tienen una buena oportunidad para defender la patria. Allí hay que poner el cuerpo. Allí, hay que presentarse frente a esos señores, que se hacen llamar “jueces”. Señores que condenan a héroes de guerra de Malvinas como el Cnel. Horacio Losito.
Por cierto, no se conoce a diputado o senador alguno que se haya solidarizado con con Losito. Sí, en cambio, se sabe de un oficial del ejército inglés que participó del conflicto (arduo, para un veterano de guerra argentino, debe ser discernir entre amigos y enemigos…).
