El análisis del día

El Gobierno destaca las buenas noticias

El Presidente celebró esta semana un dato relacionado con la inflación: el índice de precios mayoristas subió en febrero un 1 por ciento, mientras el mes anterior había sido de 1,7 por ciento. Milei celebró el punto y lo consideró una evidencia de que su pronóstico sobre una inflación general que iniciada en cero se empezará a verificar a partir del mes de agosto. Milei argumentó que la tendencia de los precios mayoristas anticipa lo que podría ocurrir en los precios al consumidor.

 

¿CERO EN AGOSTO?

El índice, sin embargo, sólo toma en cuenta precios de productos de consumo sobre los que incide marcadamente el bajo costo de los importados (que golpean sobre otros flancos: la producción nacional y el empleo) pero no reflejan los ajustes de tarifas y combustibles que tienen un peso creciente en el bolsillo de la gente.

Es comprensible que el Gobierno subraye los datos que mejor visten su narrativa habitualmente autocelebratoria, ya que hay otras informaciones que pesan sobre el platillo opuesto de la balanza. El dato de inflación de febrero difundido hace unos días por el Indec había dejado un sabor amargo en la Casa Rosada y en el Palacio de Hacienda. El 2,9 por ciento no solo quedó por encima de las expectativas oficiales, sino que además consolidó una tendencia que ya se extiende por diez meses: los precios han dejado de mostrar un sendero descendente y, en el mejor de los casos, se estabilizan en niveles elevados. Febrero replicó el registro de enero, sin mejoras visibles. “Al menos no empezó con 3”, ironizó un analista al que el Presidente ha descalificado en otras ocasiones.

Sin embargo, la advertencia no carece de fundamento: marzo podría inaugurar nuevamente ese umbral, impulsado por factores externos como la crisis energética derivada de la guerra contra Irán (donde los cálculos de Donald Reagan parecen fallar), vuelve inevitable su impacto sobre los precios internos. Milei cree otear un porvenir más agradable a partir de los precios mayoristas.

El Gobierno conserva todavía argumentos para reivindicar su estrategia antiinflacionaria. La inflación interanual a febrero de 2026 se ubicó en 32,7%, menos de la mitad del 66,9% registrado en igual mes del año anterior. La desaceleración es evidente en la comparación anual, aunque el comportamiento reciente introduce dudas sobre la consistencia del proceso.

 

UN VIRAJE HACIA EL DISGUSTO

Desde mayo del año pasado, el ritmo de aumento de precios dejó de caer. Este estancamiento se produce en un contexto en el que crecen las tensiones en el frente productivo y laboral. Sectores industriales advierten sobre cierres de empresas, caída de la actividad y deterioro del empleo registrado, configurando un cuadro que empieza a erosionar el respaldo económico del programa oficial. En la calle se empieza a observar un viraje hacia el disgusto.

Los datos del mercado de trabajo refuerzan ese diagnóstico. El desempleo cerró el cuarto trimestre de 2025 en 7,5%, el nivel más alto desde la pandemia, alcanzando a cerca de 1,7 millones de personas. La cifra implica un aumento de 156.000 desocupados respecto del trimestre anterior, cuando la tasa era de 6,6%.

El impacto no es homogéneo. En términos etarios, los jóvenes aparecen como el grupo más afectado: entre las mujeres de 14 a 29 años, la desocupación trepó al 16,8%, mientras que en los varones de la misma franja alcanzó el 16,2%. En términos geográficos, el conurbano bonaerense es el que  concentra una porción significativa de este deterioro.

El cuadro laboral se completa con señales de creciente precarización. Se reduce el empleo asalariado formal y aumenta la proporción de trabajadores en condiciones inestables. A esto se suma un dato preocupante: casi un tercio de los desocupados (30,9%) lleva más de un año en la búsqueda de empleo. lo que revela dificultades estructurales para la reinserción.

 

RIGIDEZ, GRADUALISMO, MORAL

En este contexto, el Gobierno enfrenta un delicado equilibrio. Por un lado, busca sostener los logros en materia de desinflación; por otro, debe atender las crecientes demandas de un entramado productivo y social que empieza a mostrar signos de fatiga. La evolución de los precios en los próximos meses -y su impacto sobre la actividad y el empleo- permitirán observar si se consolida la rígida fórmula del modelo de Milei o si se vuelve necesaria alguna adecuación más gradualista.

En el sentido de  una eventual flexibilización empujará, entre otros factores, la necesidad de mantener abierta la negociación con los aliados que le permiten al gobierno una cierta comodidad parlamentaria que su propia fuerza no está en condiciones de garantizar sin esa ayuda.

En rigor, la fuerza propia de Milei -los equipos de gobierno y el La Libertad Avanza- aunque le permitió sumar número legislativo, le provoca permanentes reveses autoinfligidos.

El caso del jefe de gabinete, Manuel Adorni, es un ejemplo de esto último: el vértice libertario realizó un sostenido esfuerzo para impulsarlo a la notoriedad pública y pulirlo para lanzarlo el año próximo a la candidatura de jefe de gobierno porteño y librar, con él a la cabeza, la batalla de la Capital contra el macrismo.

Ahora, en el curso de una semana esa construcción se ve fuertemente malograda por repetidos tropiezos propios. Primero fue el viaje de garrón de su mujer a Nueva York, en el avión y la comitiva oficial. De inmediato, la revelación de un viaje previo de toda la familia en jet privado hacia y desde Punta del Este y esta semana la noticia -expuesta en denuncia ante la Justicia por la diputada Marcela Pagano, electa en listas de La libertad Avanza- sobre una propiedad en un  country con golf y equitación de Exaltación de la Cruz, que Adorni no habría enunciado en su declaración jurada como funcionario y que, a ojo de buen cubero, difícilmente podría sostener con sus ingresos registrados.

Semejante dosis de información negativa acumulada en tan poco tiempo daña muy especialmente a alguien que, como vocero presidencial, se ocupó de denunciar hechos de ese carácter atribuidos a políticos de otras líneas y también a una fuerza que se presenta  enarbolando la bandera de la moral.

Justamente sobre ese flanco están impactando las noticias sobre Adorni así como las que se relacionan con la investigación judicial sobre el caso $Libra y los datos que surgen del teléfono  celular de un asiduo visitante de la Casa Rosada y de Olivos conectado al vidrioso lanzamiento de esa criptomoneda.

Los analistas de redes sociales registran un enorme intercambio sobre estos temas en el que no prevalece, precisamente, la buena onda con esos comportamientos. Es un lastre para un gobierno que está trabajando con la mirada puesta en la elección de 2027 y la expectativa de una reelección.

 

EL PELIGRO AMARILLO

La reaparición pública de Mauricio Macri al frente del PRO señaló otro punto de riesgo para las esperanza libertarias en relación con 2027. El congreso militante que encabezó Macri el jueves se deslizó  en puntillas por una fina línea de apoyo crítico, destinada a no ensanchar precipitadamente las divergencias con el gobierno pero a refirmar la voluntad de presentarse autónomamente en 2027, una amenaza de división para el "partido del ballotage" que impulsó a Milei a la Casa Rosada.

“Estamos preparados para acompañar, pero también para reemplazar y ser los próximos”, resumió la intendenta amarilla de Vicente López, Soledad Martínez. “Acá nos estamos preparando para competir en todo el país en 2027”, disparó María Eugenia Vidal. “Lealtad es apoyar lo que está bien y señalar lo que está mal”, centreó Macri, que se declaró orgulloso de que seis ministros del actual gobierno tengan origen en el PRO.

La fuerza amarilla se propone como “continuadora” de Milei, capaz de ofrecer sustentabilidad y personal capacitado a su programa (aunque también insinúa la necesidad de flexibilizarlo para disminuir el sufrimiento social) quiere galopar a su costado, tratando sobre todo de que la Casa Rosada no desafíe una continuidad del macrismo en la ciudad de Buenos Aires, la base del poder del PRO.

El súbito debilitamiento del principal candidato libertario porteño (Adorni) quizás abre un corredor para que la trabajosa ilusión de una alianza amarillo-violeta con eje en la Capital se prolongue unos meses, pero difícilmente llegue viva a la hora de las urnas.