“El Gobierno arranca el año con una luna de miel, pero podría terminarse en abril”
El renovado poder político es un punto fuerte en la gestión Milei. El flanco débil es la política cambiaria y la falta de un programa financiero, asegura el economista Fabio Rodríguez. Se ralentizará el proceso de desinflación. En 2026 el desafío es la creación de empleo.
El 2026 apenas ha dado sus primeros pasos pero ya promete ser un año arduo en materia de debate político y económico. Viento a favor tras el contundente triunfo electoral, el Gobierno pisará el acelerador a fondo para concretar las reformas laboral e impositiva, tanto tiempo soñadas por el espectro liberal.
Hay un puñado de variables clave como el proceso de desinflación y el superávit fiscal que continuarán siendo el principal estandarte del equipo económico. Como es natural, sin embargo, el plan económico presenta sus flancos débiles por el lado de la acumulación de reservas y, atado a esto, la falta de un programa financiero que funcione como hoja de ruta ante los vencimientos de deuda. El futuro es difícil de desentrañar.
“El Gobierno arranca el 2026 con una especie de segunda luna de miel. Tuvo su primera en el triunfo del 2023, y ahora terminó el 2025 con mucho envión -destaca Fabio Rodríguez, socio director de M&R Asociados-. Tuvo una consolidación política, dos leyes con una mayoría aplastante, algo que no estaba en los cálculos de nadie, y terminó con una suerte de apoyo externo que se materializó previo a las elecciones y que está como el respaldo de Estados Unidos.
-Es una especie de garantía.
-Es como una garantía de los Estados Unidos. Si uno junta todo eso: consolidación política, alivio financiero dado el apoyo externo, después veremos cómo se va materializando; en fin, arranca bien el 2026. Y tiene la expectativa porque sigue con ese ímpetu reformista que mostró después de ganar las elecciones legislativas y ahora pone sobre la mesa el proyecto de reforma laboral. En febrero se debatirá el proyecto de ley de modernización laboral. Eso tiene atenuantes.
-¿Cuáles serían?
-Al primero yo lo llamaría el riesgo de la tentación. Una especie de ir por todo producto de saberse el Gobierno muy fuerte, sin la necesidad de negociar y tratando de imponer. Si va buscando ese costado me parece que va a enfrentar serios riesgos. Vamos a ver, parecería que no. El hecho de postergar el debate laboral da indicios de que puede haber un cambio. Sin embargo, hay señales de que puede haber amenazas de que el propio ímpetu de creerse que está en el centro del ring y solo lo lleve a cometer errores.
-Igualmente el Gobierno, contra lo que se creía cuando ganó las elecciones presidenciales, ha demostrado tener muñeca política. En sus inicios logró pasar leyes aún con una minoría en el Congreso.
-Totalmente. Y la muestra de las leyes de Presupuesto e Inocencia fiscal es un ejemplo. Básicamente formó una coalición intermitente, veremos cómo sigue, y logró sacar leyes casi al borde de los dos tercios de aprobación, al menos en el caso del Senado. Lo cual es contundente. Al tema de la segunda luna de miel le agrego el factor político. Arranca con el sindicalismo en una larga siesta y la oposición desorientada, sin propuestas. Con lo cual uno diría: bueno, tiene un terreno en 2026 para justificar esto que llamo una mini segunda luna de miel. Dicho eso, siempre hay matices y temas para ir viendo en el corto plazo.
EL DOLAR
-¿Cómo será el panorama en torno al tipo de cambio?
-Más allá de lo que serán las alternativas y discusión por el proyecto de ley laboral, que es muy ambicioso, tenemos el tema cambiario, los vencimientos de deuda en dólares y la acumulación de reservas. Con lo cual me parece que es un año donde también el Gobierno tiene que poner en juego lograr de una vez por toda la solidez y credibilidad en el sistema cambiario. Cosa que no ha obtenido. Y eso por más que gane elecciones y esté bien políticamente todavía no lo ha conseguido. Diría que el anuncio del esquema de bandas despertó suficiente credibilidad para decir ahora sí encontraron un mecanismo para acumular reservas, el mercado confía y el riesgo país baja. Eso tuvo un veranito muy efímero, el riesgo país bajó 50 o 60 puntos y nos quedamos ahí. Me parece que tiene ese desafío: cómo ir hacia un sistema cambiario que, insisto, genere credibilidad. Y que pueda acumular reservas, cosa que prometió pero que todavía no empezó a cumplir.
-El objetivo final podría ser dejar que el dólar flote. ¿Sería saludable a partir de las características que tiene la Argentina?
-No sé si en este momento, pero sí dar señales de que hay que ir a un sistema cada vez más flexible y sin restricciones. En eso el mercado, los inversores, perciben que es el flanco de la macro más demorado, con menos credibilidad. Recordemos que todavía hay cepo para empresas y restricciones para el movimiento de capitales. Por supuesto que no hablamos de una flotación libre. De alguna manera la señal que dio el Gobierno es la de ir flexibilizando un poco más con la modificación de las bandas. Pero todo esto implica desafíos. Por eso decimos que entra al 2026 con esta mini luna de miel en cuanto a lo político, en cuanto a los factores de poder y en su ímpetu reformista. Después viene la realidad, el día a día y cómo sigue la marcha de la economía. Ahí tiene que demostrar. Con este cambio obviamente hay un poquito menos de ancla cambiaria en post de ver si se pueden comprar reservas, cosa que todavía no sabemos, pero habrá un poco más de demora en la desinflación. Diría que nos tenemos que olvidar de la frase del presidente que prometió que en junio del ’26 la inflación no existe más. De ninguna manera será ese el escenario. En todo caso estaremos debatiendo si el índice empieza con 2 o con 1. De ninguna manera yendo a cero. Otro punto fundamental es que no tiene cerrado un programa financiero. No lo tiene ni en dólares, que es lo más importante, ni en pesos.

El romance de una franja de la sociedad con el Gobierno podría durar un trimestre más. “Necesitan mover la industria, la construcción, el comercio y los servicios a la par de los otros sectores. Sino me parece que tendrá latente la presión de los ingresos, el empleo, el mercado laboral y lo social”, recalca Fabio Rodríguez.
-Los vencimientos de deuda que se vienen…
-Hace falta un programa financiero que organice cómo se van a refinanciar y afrontar los vencimientos que hay en el año en dólares, que son del orden de los u$s 20.000 millones si se incluyen organismos y Fondo Monetario Internacional, y los del sector privado son u$s 11.000 millones. Eso no está resuelto y es un foco de incertidumbre que también pega en lo cambiario y en el riesgo país. Estamos a nada de tener que pagar u$s 2.400 millones que faltan para el pago total de u$s 4.400 millones y no sabemos todavía cómo se pagará. Obviamente el Gobierno los va a pagar.
-¿Ahí juega la tranquilidad del respaldo que ofrece el Tesoro de los Estados Unidos?
-Exacto. Por eso todo el mercado está tranquilo. Dicen: si nos salvaron antes de las elecciones, se activó el swap… Está esa idea de que el puente va a aparecer. Pero en definitiva seguimos viendo un Caputo que va buscando puentes. Fue el blanqueo del 2024, el Fondo en marzo del 2025, el swap con Estados Unidos. Cada semestre arma un puente. Ahora es algo parecido. ¿Dónde tengo otro puente para saltar los vencimientos que tengo de corto plazo? Nunca hay un programa financiero que despeje el año o el bienio, el mandato de Milei completo. Ahí atrás hay algo de falta de confianza y credibilidad que, insisto, en el plano macro tiene que ver con el frente externo y lo cambiario, con la escasez de dólares. Ahí metería también el tema de la inocencia fiscal, que para mí no deja de ser la búsqueda de ese otro puente. Hay una especie de manotazo para ver si aparecen otros u$s 20.000 millones y se siguen manejando con los dólares internos, de alguna manera.
-Empezar a usar lo que está afuera del sistema.
-Sí, pero eso veremos cómo funciona. Es otro tema con el que se abre el año: qué grado de impacto, adhesión y credibilidad va a tener esta ley. Ya es ley, falta la reglamentación. Insisto que tiene sus aristas polémicas pero más allá de eso, y yendo a lo práctico, para mí hay desde el punto de vista del ministro la idea de seguir buscando estos puentes transitorios para ver si de una vez por todas se abre el mercado internacional, que es lo que Argentina necesita. Los volúmenes que tenemos por delante de vencimientos no son para el mercado doméstico, no son para los bonos 2029 como colocó hace semanas el Gobierno. Esos montos son absolutamente testimoniales. Ahí hay algo pendiente que será materia de análisis.
-Si la Argentina llegase a ingresar al mercado de crédito internacional con tasas razonables, ¿podría relajarse esta disciplina fiscal que el Gobierno presenta como un estandarte?
-No lo creo. Esa vía maestra la va a seguir manteniendo y lo ratificó en el presupuesto. Al contrario, diría que es la carta credencial con la que se presenta ante los mercados. Lo que pasa es que no alcanza. Si hubiera sido así ya se hubiera abierto el mercado y el riesgo país estaría por debajo de los 400 puntos. Creo que también el Gobierno se convenció de que con eso no alcanza. Necesita la pata de una política monetaria y cambiaria acorde que también despierte la misma credibilidad que ya despierta en todos la conducta y la rigidez fiscal. Eso no está del lado de lo monetario y cambiario. Ha habido muchos cambios: al comienzo el crawl al 2%, luego el crawl al 1%, la presión en los mercados, la banda al 1%, luego la banda a la inflación. El título es que todavía no ha encontrado credibilidad y solidez en un esquema cambiario y eso es algo que lo necesita.
MODELOS
-¿En términos de modelo económico la línea seguirá siendo la misma? ¿Continuará en baja el sector manufacturero?
-Yo no creo en conformarse y congelar esa foto, esa película. Ahí también hay un desafío: salimos de un 2025 con la economía muy quieta, casi parada. Este año entre puntas no habrá crecimiento. Tiene el desafío de mover los sectores que son más intensivos en empleo. Más allá de que no sea la apuesta del modelo y que la apuesta sean las exportaciones, los recursos naturales y las grandes inversiones en el marco del RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones) en minería y energía. Argentina, por la gravitación que tiene, necesita mover la industria, la construcción, el comercio y los servicios a la par de los otros sectores. Sino me parece que tendrá latente la presión de los ingresos, el empleo, el mercado laboral y lo social. Algo tiene que mover. Podrá tener un trimestre más pero algo se tiene que ver sobre marzo o abril de una mejor respuesta o de un repunte más homogéneo entre los sectores intensivos en empleo y los que no generan tanto, que son los que están andando a mucha velocidad.
-Aún contra su manera de pensar la economía argentina, por razones pragmáticas.
-Exacto. Lo digo en ese sentido, que no se vayan desequilibrando cosas que están relativamente tranquilas. Va a ser un año en el cual se hablará mucho de empleo e ingresos. Si se prolonga esta película donde los sectores más intensivos siguen mal, es como que cada vez van a retumbar más las frases en torno al empleo de calidad, los ingresos no alcanzan, las regiones urbanas son las que peor están; y con el segmento de la Patagonia, la cordillera y el núcleo de la Pampa Húmeda no va a alcanzar.
-Volvamos al tema de la reforma laboral. ¿Es necesario cambiar algo para generar empleo genuino o con el crecimiento de la economía alcanza?
-Lo que siempre digo es que no hay que generar muchas expectativas con respecto a que la reforma laboral es la solución a los problemas de empleo. Eso sería poner el carro por delante de los caballos. Siempre el crecimiento tiene que anteceder a las reformas. Lo cual no quiere decir que las dos no impulsen más productividad e inversión. Sin crecimiento podrán hacer las reformas laborales que quieran que el mercado laboral igual va a estar mal. Tiene un aspecto favorable en lo atinente a mejorar la barrera de entrada. Concretamente digo flexibilizar la barrera de entrada para que pueda haber trabajo formal pero especialmente en el segmento de pequeñas y medianas empresas. Obviamente el proyecto no tomó ese camino, es un proyecto transversal para toda la economía. Es una ley que toca absolutamente todo y que tiene una mini reforma impositiva adentro porque toca Ganancias, aportes y demás. Está pensado claramente como un tema que pueda ayudar a la formalización y la entrada al mercado laboral con categorías de empleo que no son las que crecen ahora. Ahora crecen sólo las de peor calidad.
-En la agenda del Gobierno hay otra promesa de campaña: la reforma impositiva. ¿Se dará este año?
-Desde el punto de vista de la economía real y lo productivo, si le consultamos a 100 empresarios pyme qué les importa más, si lo impositivo o lo laboral, 90 van a responder que la prioridad es lo impositivo. Ahí el Gobierno tiene un tema de restricción. Tampoco podemos pedirle que haga una reforma impositiva que baje la presión tributaria y luego no haya cómo compensarlo. No vamos a pretender que siga bajando el gasto más de lo que lo bajó. Ahí me parece que enfrenta restricciones más objetivas. Concretamente necesita que la economía crezca más y, en todo caso, encarar ese capítulo con una economía que ya esté lanzada a la inversión. Las reformas impositivas sino son muy difíciles en contextos como el actual, donde la recaudación sufrió. Son las consecuencias de un año volátil, recesivo. Es difícil hacer espacio para una reforma tributaria que puede significar perder 3 puntos del PIB cuando hay una meta de superávit ambiciosa.
-¿Por qué una franja importante de la población avaló este camino en las últimas elecciones? Se proyectaba convulsión social para las fiestas y no ocurre nada.
-Me meto en un terreno que no es mi especialidad pero lo que uno observa es un fenómeno en el cual hay mucha tolerancia pese a una situación en la cual los propios ciudadanos dicen que no están teniendo un presente bueno desde el punto de vista de los ingresos. Está esa doble circunstancia. Hay tolerancia y apoyo pero consultados sobre cómo están en el presente, no están bien. El Gobierno tiene que tomar eso como algo perentorio, no tiene que dormirse en los laureles. No debe creer que eso es eterno. Yendo a las razones, me parece que tiene mucho que ver con la acumulación de experiencias pasadas que todas eran inflacionarias, destructoras de empleo y actividad, de crisis. Se vivía en una situación de inestabilidad. Se asoció mucho al gobierno con el orden, con el equilibrio y la baja de la inflación. Con un ambiente donde la gente algo mínimamente puede proyectar, aunque no esté bien, porque las cosas ya no suben tanto, hay un poco de crédito, pueden endeudarse para adquirir un bien, un coche, una moto o un departamento. Esa situación es la que le da esta especie de margen al Gobierno para seguir con su modelo.
